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29 agosto 2010

Creo 2.0

Porque uno nunca deja de creer:


Creo que dentro del ruido de la ciudad hay una orquesta escondida. Creo que gracias a Dios soy agnóstico, creo en el Corto Maltés y su capacidad para hacerme soñar como niño, creo que vi en un invierno a un hombre con chalas, creo o lo imaginé. Creo en las bandas sonoras de la vida, creo en las revoluciones internas. Creo en la pereza como motor de grandes ideas. Creo en las canciones de Bob Dylan y los clichés de los Beatles. Creo en la voz que me sopla al oido, que otros le dicen inspiración, pero que a mi me sopla qué escribir.

27 agosto 2010

Creo

Creo que dentro del ruido de la ciudad hay una orquesta escondida que gruñe, bosteza, grita metalicas notas musicales y silva suaves melodías. Sólo falta un compositor para que la organice, como un carnicero que quite la grasa al filete.

Hay que bucear, con esnorquel y todo, para no ahogarse en la bulla. La música está ahí, escondida, lista para transformarse en una obra maestra. Bendito sea quien logre descifrar la ciudad y hacerse amigo de ella, de domarla, de amanzarla porque creo que seré el primero en escuchar la obra del Loco Santiago.


26 agosto 2010

Un día cualquiera

Se siente como el Schumager de la pista, esquivando autos, pasando de un carro a otro con la velocidad de la luz. En realidad siente como se sentiría el copiloto de Shumager en una calle, porque de manejar entiende lo que sabe de física nuclear. Nada.
Mientras vas en el taxi escribiendo, te sientes un poco tirano, ves como el resto muerto de frío camina por las calles escondiendo el rostro del viento matutino.
Y tú, sentado escribiendo apurado, estas en desventaja de todas formas, el taxi no llegará lejos, por lo menos hasta donde te alcance la plata.
Estas en desventaja porque no sabes manejar y para una mujer ese hecho te transforma en un completo inútil. El 80% de las mujeres que conoces creen que no eres buen partido porque la condición de conductor viene como un chip integrado en el hombre del siglo XXI. El 20% restante son las mujeres de tu familia, no cuenta.
El taxista le pregunta hasta donde va, a estas alturas y con el taco de la mañana te diste cuenta que no habías avanzado nada, a lo más doce cuadras y el tarifario ya dice que  se pasó de tu presupuesto estimado. Pagas. Te bajas.
Audífonos al oído, prendes la música. I'm only sleeping de los Beatles. Genial, solo de guitarra de George Harrison tocado al revés, con el sonido en reverso, monstruo. Ahora caminas por la calle con banda sonora de fondo. El frío no importa, el sentirte inútil por no manejar tampoco, te quedan pocas monedas en el bolsillo, pero vas con parte del soundtrack de tu vida. Mejor caminar, total, George Harrison todo lo puede.

19 agosto 2010

Kevin el travieso

Una salpicada de cerveza habría sido el causante que dos menores protagonizaran una riña en la comuna de Lo Prado. Una fiesta para juntar fondos para la Gala de fin de año del cuarto medio E  del Insuco II y que terminó con Eric Salazar internado grave en el Hospital San Juan de Dios.

Por Sebastián Fuentes
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Kevin está sentado con las manos esposadas. Mira el suelo y no dice nada. La abogada que lo defiende, Carla Barrientos, le comenta al oído que fue casualidad, que no tuvo intensiones de disparar. El menor de 16 años asiente con la cabeza y sigue mirando el suelo, quitándole la mirada al juez en el centro de justicia de Santiago. A su espalda, sentada casi al final de la sala, está su mamá. Está nerviosa y mueve los dedos como si tuviera un rosario imaginario entre sus manos. 


 -¿Usted ya está cumpliendo una reclusión nocturna por un delito anterior, verdad?- pregunta el juez.


Kevin asiente con la cabeza, sigue sin mirar a nadie. Su respuesta está en el silencio.

-¿A usted le comieron la lengua los ratones? Responda por favor.

-Sí, fue con mis hermanos más grandes, pero eso fue el año pasado –Se escucha por primera vez la voz de Kevin.

-Bueno, considerando las agravantes que tiene este delito, más la condición en la que se encuentra no me queda más remedio que dejarlo bajo internación provisoria por 45 días en el Sename y su delito es por homicidio frustrado. Si el menor que está hospitalizado fallece será usted formalizado por homicidio. ¿Entiende de lo que hablo y por qué se le acusa?

Kevin vuelve a asentir con la cabeza, espera unos segundos como si tratara de procesar todo lo que le han dicho, como si estuviera recordando la noche anterior cuando disparó la escopeta hechiza contra Eric Salazar en Lo Prado, contra un compañero de un curso más arriba, del Instituto Superior Comercial, más conocido como Insuco II.

–Sí, comprendo- responde.

Los alumnos del cuarto medio E organizaban una fiesta para recaudar fondos para su gala de fin de año. Como era habitual, decidían entre los recreos y en las clases en que el profesor faltaba a quien le correspondería pasar la casa para la fiesta. Además cobrarían una entrada y el trago adentro tendría un precio. El rumor de la fiesta pasó de boca en boca, hasta que llegó al tercero medio C, donde varios compañeros mantenían una rivalidad cerrada con ese curso.

A las cuatro de la tarde del miércoles 12 de mayo ya tenían todo listo, la casa era de una compañera en la calle Chiclayo 331, en Lo Prado. Una casa no muy grande pero que si se administraba bien, podría albergar a 60 jóvenes, entre ellos a Kevin y a Eric Salazar.  La tarde ya era distinta para los vecinos del lugar, muchos autos con el reggaetón a todo volumen, jóvenes caminando de esquina a esquina, gritando y tomando en el estrecho pasaje de piedras y tierra. “Es re poco habitual estas cosas acá, mi vecina, o sea la hija de ella no había hecho nada así antes. O sea, fiestas chicas, pero nunca así”, comenta una vecina. 

La música comenzó a sonar en la casa y fue la orden para que el escándalo en la calle terminara. El alcohol apareció entre los asistentes, de mano en mano los vasos y las botellas de cerveza calentaban el ambiente en el lugar. Eric tomó un vaso con cerveza y lo agitó hacia el público. La mayoría se lo tomó como una humorada, como un juego de borrachos. Todos menos Kevin.

-¿Qué te pasa conchetumare`? – le dijo Kevin empujando a Salazar

-Tranquilo no pasa nada – respondió nervioso, tratando de calmar un poco la situación.

- Me manchaste ahuenoao.

En el círculo que se formó ante la eventual pelea apareció una mano que le facilitó una escopeta hechiza a Kevin, dos fierros largos unidos por una soldadura artesanal. Tomó el arma, lo apuntó y en fracción de segundos Salazar estaba tirado en el suelo sangrando. Luego que el disparo cortara la música y dejara un leve olor a pólvora que dejó a todos por segundos estupefactos, vino el grito colectivo de los asistentes. Entre el movimiento de jóvenes que salían de la casa y otros que entraban buscando ayuda, Kevin junto con el menor que facilitó la escopeta, salieron caminando del lugar. 

A Tres cuadras de la calle Chiclayo lanzaron el pedazo de fierro aún caliente a un peladero. Siguieron caminando hasta las cercanías del metro Neptuno y tomaron un microbús del Transantiago con rumbo a Cerro Navia, a la casa de Kevin.

Salazar sangraba y desde su pecho le lograba ver como corría un hilo rojo entre sus ropas, su respiración estaba entrecortada. Carabineros llegó al lugar, tomaron al menor y se lo llevaron de urgencia al Hospital San Juan de Dios donde ingresó grave, con una herida de bala que le comprometía el pulmón izquierdo. La herida era tratable, pero en el viaje había perdido mucha sangre lo que complicaba la situación para los doctores.

Kevin seguía vagando con su amigo por las plazas de Cerro Navia, buscando donde esconderse o pasar la noche sin ser encontrados. Carabineros gracias a las declaraciones de los amigos y asistentes de la fiesta lograron contactar a la madre del menor. Ella sorprendida por lo que había pasado, aceptó colaborar con la búsqueda, aceptó entregar a su hijo.

La mujer lo contactó, le dijo que tenían que encontrarse en una plaza cerca de su casa para ir a comprar mercadería. El joven aceptó y quedaron de esperarse. La mamá apareció por una esquina y Carabineros por la otra, Kevin acorralado no opuso resistencia. Ya estaba entregado a la justicia.


En el hospital, Salazar daba una lucha para continuar con vida. La familia llegó a urgencias esperando ver al menor, pero la cirugía era lo primero, los doctores debían sacarle la bala y parar la hemorragia.

En la casa de la fiesta de un segundo a otro se transformó en un lugar de anécdota para los jóvenes. Carabineros, tomó a todos los menores detenidos y los llevó a prestar declaraciones a la Comisaría.


-Peleamos por puras hueás en verdad, porque no nos pasaron la cancha, porque nos pegaron una patada en algún partido o por las minas. Siempre hay un motivo para que estos cabros chicos nos anden buscando mocha. Aquí las cosas se arreglan afuera del liceo y nunca pasan a mayores. Lástima que terminó con mi amigo baleado y todo por una cerveza- comenta Felipe, esperando prestar declaraciones en la 44 Comisaría de Carabineros de Lo Prado.


Otro joven se acerca a Felipe, le dice que no hable mucho, que no le conviene. “Mejor no sigo hablando, acá si cachan que ando sapeando, después se las van a cargar conmigo.  La cosa no es tan papa, además al colegio van armados a veces. Bueno quién no anda así hoy en día si es terrible normal que en los colegios pase eso” agrega el menor.

El otro joven que anda con Felipe no quiere dar su nombre, tampoco deja que lo miren mucho rato. Se tapa la cara y grita “Santa Marta, somos de la Santa Marta, terrible chorizo”, lleva un gorro con visera que dice NY Yankees. Se viste como rapero, al igual como lo haría un norteamericano en el Bronxs de Nueva York, pero él a diferencia de su símil extranjero, tiene a un compañero de curso hospitalizado.”Yo estaba dentro de la fiesta y caché todo, si partió cuando el Eric andaba tirando copete, el otro se enojó y le disparó, así no más, sin tanta pelea previa. Ojalá se recupere, pero estos cabros del tercero siempre han tenido atados con nosotros, no es primera vez que hay peleas”, comenta entre risas, como si lo que contara fuera un juego de gánsters.

Salazar se encuentra estable, dentro de la gravedad los doctores lograron dejarlo sin riesgo vital, pero con un pulmón comprometido. Al día siguiente le mandaría un mensaje de texto al celular de su primo diciendo que está bien, que sigue luchando por recuperarse para lograr su sueño, estudiar Contabilidad como lo había mencionado tantas veces en el Cuarto E del Liceo Insuco II.


A la Comisaría de Lo Prado llegaron los dos menores, Kevin y el facilitador del arma. Se bajaron esposados, mirando a las cámaras de televisión, riéndose algo nerviosos. Sin decir nada, sólo con la sonrisa tiritona.

En el centro de justicia hay movimiento, el amigo que le pasó el arma al menor quedó en libertad, la situación no dejó conforme a Carla Barrientos abogada de Kevin, menos aún cuando su defendido tendrá que pasar 45 días en el Sename, bajo el cargo de Homicidio Frustrado, “lo que señalan los testigos es falso, este incidente fue accidental”, comenta.

El control de detención termina, Kevin se para del asiento de los imputados, mira a su espalda buscando a su mamá. Allí está sentada, llorando con algo de culpa, sus otros dos hijos están presos por robo, delito en el que estuvo involucrado el menor y por el que cumplía condena  con reclusión nocturna. El joven levanta los hombros como pidiendo perdón, cuando dos gendarmes lo toman de ambos brazos y se lo llevan a cumplir condena mientras se investiga el caso. Los flashazos de las cámaras fotográficas y los sollozos de la mamá son los únicos sonidos que invaden el lugar.

19 julio 2010

El Lustrero de la Selección

Santiago está paralizado y Guillermo Gutiérrez, lustrabotas de la Plaza de Armas también. En su vida había visto un televisor tan grande plegado frente a sus ojos, 24 metros cuadrados de pura pantalla no dejaron indiferente a nadie, todos los transeúntes que pasaban cerca se quedaban mirando la gran estructura televisiva. Para Gutiérrez la historia se escribía distinta, allí sentado en el mismo asiento donde atiende a sus clientes podría ver por segunda vez a la roja, “su roja” como le dice él. La primera vez fue frente a España en la clasificación a 8vos de final y donde Chile perdió por 2 goles a 1 contra el cuadro europeo.

Un trago amargo con gusto a victoria, porque gracias al empate que logró la selección de Honduras contra Suiza, los resultados fueron favorables para pasar a la siguiente fase como los segundos favoritos del grupo H. Una vez más, al igual que en el mundial de Francia 98, la historia se repetía, las matemáticas favorecían a la selección chilena, pero esta vez con un equipo distinto, “más encarador, sin miedo y con huevos” comenta Gutiérrez.

Los minutos pasaban y su clientela era escaza, “el último que se vino a lustrar los zapatos vino ayer, hoy he estado todo el día acá esperando que caiga algo, pero con esto del mundial me tiene re mal, si antes poca gente viene a sacarle brillo a los zapatos, ahora menos. Imagínate que ahora es pura zapatilla y no duran na` esas cuestiones, se te ponen los pies hediondos, mal. No como antes, con tus buenos zapatitos y ojo que cuando se le hacían hoyos, se arreglaban, no como ahora que votan todo al primer desperfecto”, confiesa señalando sus propios zapatos negros, que bien en el fondo son unas zapatillas Puma, teñidas a negro con betún de zapatos.

-Óigame Don Guillermo, pero usted está usando zapatillas

-Claro que uso zapatillas, si los zapatos se pusieron re caros, no le alcanza a uno para nada y menos ahora que empezó el mundial, no pasa nada de nada acá, aparte de la pantalla que está re buena, porque aquí sentadito puedo ver a “la roja”.

Son las dos de la tarde y Guillermo Gutiérrez se da cuenta que no puede estar ni siquiera sentado, es tanta la gente que llega a este centro neurálgico que le es imposible mantener una posición fija. Quince minutos después se lleva su mano negra por la tinta de los zapatos al pecho y entona el himno nacional.
Comienza el partido.

En la Plaza de Armas, la tensión se puede cortar con navaja, los primeros 20 minutos de partido la selección chilena mantuvo su posición defensiva y atacó constantemente, pero cada contra era un pequeño infarto para el lustrabotas, “péguele, pero péguele pues hombre, aah qué huevón más comío por la cresta...Chiquillo estos brasileños están de miedo”.

Minuto 35 “jugada peligrosa para la roja de Bielsa, un centro donde podría, esperemos que no, estar la posibilidad de gol -suena el pito de saque, la pelota vuela hacia el área chica. Plaza de Armas en silencio, Gutiérrez se lleva las manos a la cabeza – Gol, goooool de Juan, Brasil 1, Chile 0” comentaba Pedro Carcuro a través de la televisión.

Gutiérrez no lo podía creer, él había visto pasar tantas selecciones, Brasil 50`, Chile 62`, Inglaterra 66`, Alemania 74’, España 82` y Francia 98`, “pero ninguna ha sido tan buena como esta”, asegura. En su vida ha trabajado siempre como lustrabotas, alguna vez lo hizo en Valparaíso, a mediados de los años 60, pero el clima marítimo lo mantuvo siempre con resfríos por lo que decidió volver a la capital y quedarse fijo en la Plaza de Armas, o a veces cerca de la Pérgola en el límite de Independencia con Santiago.

En toda su vida lustrando botas, asegura que ha tenido sus momentos buenos, sobre todo cuando llega alguien conocido a lustrarse los zapatos “mira, una vez le lustré a Caszely los zapatos. Era buen cabro, fue antes de la Libertadores por el Colo Colo, ese hombre tenía cuerpo para encarar a los jugadores, no como estos peleles de ahora, si míralos, son puro hueso” comenta señalando a la pantalla a Alexis Sánchez.

Para Gutiérrez no fue el único futbolista, el arquero de Brasil 50, Sergio “Sapito” Livingstone, también tuvo el privilegio de sentarse en el sillón de lustrabotas “lo recuerdo bien, era alto y yo que soy bajito sentí que por lo menos medía dos metros. Se sentó aquí en mi silloncito y se puso a conversar conmigo”, comenta.

-¿De qué hablaron?

-De futbol, por ese entonces había otra selección, más prometedora que la de él, la del mundial del 62` esa sí que llegó lejos y más encima de local, cómo la ves, pero los yugoslavos nos cagaron.

- Sabe harto de fútbol, ¿será que es jugador de otra selección usted?

-Jugué un tiempo, pero mis hijos me hicieron dejarlo, había que estar en esto todo el tiempo para llevar el pan para la casa. Si la cosa no es fácil, pero estoy orgulloso de haberle lustrado los zapatos a dos grandes. Han venido más, pero de los que me acuerdo son esos dos.

-¿Será porque salen en la tele?

-No mijo, porque cuando jugaban tenían cojones, eso se nota en la cancha y yo te digo que aquí se necesitan puro cojones, como en el fútbol y en la vida. Esto está lleno de gente que te quiere robar, la Plaza de Armas es peligrosa y ponerse a trabajar acá es un desafío de todos los días, nunca sabes qué te va a tocar, una protesta, un lanza que le roba una señora al lado tuyo o cuando te vas para la casa que te asalten con lo que juntaste en el día, aquí no se sabe nada de nada. La ley de la calle. 

En la pantalla gigante corría el reloj y la selección no lograba superar en ataques al “Scratch”, el 2-0 llegó inminente pase de Kaká, Luis Fabiano reventó el balón en las redes de la portería de Bravo. El sentimiento de derrota y frustración se lograba sentir por el silencio de los espectadores que rodeaban los 24 metros cuadrados de pantalla.

Gutiérrez de lentes, con una eterna cotona azul, casi calvo  y con sus manos manchadas de betún, mueve su local hacia Agustinas, el partido no lo va a ver más tiene claro que la derrota se viene y otro mundial va a pasar por sus ojos. “Sabe mijito, creo que esta ha sido una buena selección, le pusieron garra al cuento y eso les faltaba”.

-¿Caszely cómo es él?

-Buen cabro, generoso, recuerdo que me dejó buena propina, pero sabe, los futbolistas son re peladores, me contaba que en la cancha se cuentan de todo con el otro equipo, como que en el fondo son todos amigos y se cuentan con qué pololas andan y todo. Caszely es re tranquilo por lo que vi, pero medio pelador, no habló mal de nadie eso sí.

-¿Del penal España 82` no le preguntó?

- hay que ser bien huevón pa` preguntar eso cuando le estás lustrando los zapatos al mismo que se lo perdió, de un punta pie me dejaba en el suelo y me quedaba sin ni un cobre. No le pregunté, pero le di consejo para jugar. Que fuera más encarador y pusiera más cuerpo que no se quedara esperando la pelota arriba.

Ya nadie hablaba en la plaza de armas, un derechazo de Santos en el segundo tiempo marcaba el aplastante 3 a 0 en la selección.

Según el lustrabotas, esta puede ser su último mundial, a sus 80 años el cuerpo no le da para seguir trabajando dice que va a jubilar pronto para poder pasar más tiempo con su señora. Está triste Gutiérrez, se le nota en la mirada esquiva, le da tristeza que haya perdido la selección, siente que podría haber dado más.

 De pronto empieza a guardar todo en una cajita grande, los betunes, paños y cepillos, se para se despide de sus vecinos lustrabotas, hace un gesto como diciendo hasta luego y se va a su casa. No tiene nada más que hacer allí dice, que ya le fue mal hoy y que mañana será otro día, que se devuelve antes que quede la escoba y en su casa en San Bernardo lo espera su mujer, que un día perdido se recupera con tres de trabajo.

 Toma sus cosas, prende su radio a pilas para escuchar lo último que queda de partido y se va caminando a la Alameda, donde se vería por última vez, cuando la selección llegó a La Moneda, los vecinos lustrabotas, no lo veían hacía un par de días, decían que estaba enfermo, otros que el mundial lo dejó triste, lo cierto es que para Gutiérrez todos usan zapatillas y los lustrabotas cada vez están teniendo menos trabajo y jubilando más rápido.

11 marzo 2006

Este es mi primera cronica para la universidad espero que me vaya bien y me saque una buena nota,saludos a todos los que me leen.

Subway

Pareciera ser que cuando toda la gente corre no sé da cuenta de las cosas que uno tiene al lado, no contempla el mundo subterráneo. Sí así es, porque aunque no lo parezca el metro de nuestra ciudad tiene Arte, un arte que no conoce la luz del día y espera ansioso por ser descubierto. Por Sebastián Fuentes.

Próxima bajada, estación de metro los Héroes.

Llevaba un buen rato viajando por el metro, con el cansancio insertado en mi cuerpo como si fuera un chip (ese que llevamos todos los chilenos por defecto), y en especial cuando es día Lunes y todos van a sus trabajos con la cabeza pensando en las vacaciones, en las sandias que se comían bajo los árboles, en la hora de la siesta o los choclos con mantequilla a la hora de almuerzo.

Ahí estaba yo, en ese grupo que corre por las escaleras todas las mañanas como por inercia, con la almohada pegada en la cabeza, siempre mirando al frente como caballo de carrera.

-Estación de metro Los Héroes lugar de combinación con línea 2. Decía una voz por los parlantes que jamás he sabido donde se encuentran.

-Aquí es donde me bajo. Pensé

Me empujan por la espalda y por todos lados, nadie quiere quedarse afuera o dentro del metro, según sea la situación, nadie quiere esperar.

Constelación II.

Una vez y al fin abajo, me encuentro frente a frente con un ventanal gigante, mi reflejo me dice que tengo todo el pelo desordenado y comienzo a peinarme precariamente con las manos. De reojo veo al metro comenzar a avanzar a sus próximos destinos para llevar a todas estas hormiguitas por este inmenso hormiguero de concreto a sus lugares de trabajo.

En cuanto el metro se fue, vi algo insólito. Había una enorme mancha reflejada en el espejo. Traté de darle una explicación, de darle forma a esa figura. Giré en 180 grados y ahí estaba, al otro lado de la línea del tren, grande he impotente, de colores grisáceos y salmones. Nada era muy claro en mi mente en ese momento, esa figura ahí en la pared y el espejo gigante a mis espaldas, tenían que significar algo.

Me di vuelta y en el espejo había una inscripción que en un principio no me había percatado. Constelación II, decía. Ahora todo empezaba a tomar sentido, era extraño pero no le encontraba más función al espejo que reflejar esa bella figura del otro lado del metro. De un momento a otro comencé a ver imágenes más concretas, un caballo y dos colibríes era lo que podía ver en el mural y su nombre, Constelación II, explicaba un poco el principio de las cosas. Como cuando comienza la especie a aparecer, los primeros indicios de vida. Pero la imagen aún no era tan clara, por eso era una constelación, porque éstas en la vida real están dispersas en el espacio y son como unas masas de estrellas y vaya saber uno que otra cosa más tienen adentro.

Estaba fascinado y algo me impulsaba a ver más cosas, no me podía quedar con esa imagen solamente. Tenía que ver más. El metro llega y mi propio sentimiento de curiosidad me guiaba hacia la próxima estación. El viaje estaba recién empezando.

No tenía voz.

Llegué a la Estación Moneda, inmerso en ese sueño de ver las cosas de otra manera. La gente me miraba y yo me sentía con poder, con ese poder de ver otros ángulos de la vida cotidiana, era más entretenido y había de esta manera un montón de aristas por conocer.

Una vez abajo me topé cara a cara con un cuadro que mostraba las araucarias de Nahuelbuta. Estas, me producían paz y una calma gigante. Eran millones de árboles y el paisaje parecía disolverse lentamente con colores más tenues.

Más allá había otros cuadros, me interesé rápidamente y fui a verlos.

En uno de ellos estaba el Océano Pacifico, que golpeaba con furia unas rocas a la orilla del mar y frente a ese estaba la Cordillera de Los Andes, inmensa y majestuosa como suelen ser todas las cordilleras que vemos en la televisión o cuando salgo al patio de mí casa a darle comida al perro. Y ahí esta sin moverse esperando que algo pase, que alguien la mire o se aventure a recorrerla.

La gracia de estos cuadros era que no había gente, era paisajismo puro. Mostraban las cosas más lindas de nuestro país: el mar, su naturaleza y la cordillera.

Comprendí que sí seguía la secuencia de la estación anterior, aquí en Moneda nos mostraba un Chile donde aún no habitaba nadie, un territorio donde había tranquilidad y todo funcionaba y se auto-mantenía a la perfección. Era un lugar donde aún los sonidos de los árboles al mecerse con el viento o el mar golpeando las rocas podían escucharse. Un lugar donde no existía el progreso ni la voz del ser humano. Un Chile que no hablaba español.

Réquiem.


Estaba pero más que desesperado por llegar a la otra estación y ver que era lo que me esperaba, subí rápido al metro y en fracción de segundos ya estaba en la estación Universidad de Chile. La gente aquí va igual de apurada que en todos lados así que no era de extrañar que me empujaran nuevamente y me arrastraran hacía la salida. Me fui en contra de la corriente y avancé lo que más pude.
Cuando la gente empezó a escasear y el paso fue más tranquilo, miré al cielo y me encontré con un mural que recorría el metro de un costado al otro. Frente a donde estaba yo había unas pequeñas letras que decían lo siguiente:

“Las piedras y el piñón,
Las estrellas y el viento
Son gente de antes.
Ahora di con firmeza;
Yo el hombre aún permanezco.
Es la guerra;
Es un arco iris negro,
Que avanza…”

Seguí mirando el mural y las palabras empezaron a validarse por si solas, las imágenes de opresión, muerte y destrucción estaban por todos lados. Había fuego, calaveras, gente muerta, animales muertos. La guerra de Arauco resumía todo el concepto de odio entre dos razas, en esta estación a Chile lo obligaron a hablar español, le enseñaron que la libertad se había acabado y que ya no se podía correr por los interminables bosques de araucarias.
La historia avanzaba y era inevitable que se saltaran esa importante parte de nuestro país. Cada estación me mostró una faceta del Chile que alguna vez fue, esta última no era la más agradable pero era importante que estuviera ahí.

Comprendí que el metro tiene su historia, una que no conoce la luz del sol pero igual trata en lo posible de que la observen. Quiere enseñarnos cosas que probablemente jamás contemplemos en el mundo exterior.
El arte está en la calle y en todas partes, nos trata de comunicar algo, por eso aprovechemos este museo subterráneo, que trata de sensibilizar a las millones de hormigas que pasan día a día por ahí.