03 octubre 2010
Desde el mirador
30 agosto 2010
Bang! Bang!
07 junio 2010
08 julio 2009
Hoy me pregunté qué será de Arturo Frei Bolivar, primo del candidato presidencial. ¿Recuerdan el Jingle de su funesta campaña para llegar a la Moneda? "Arturo Frei, Bolivar, uno como usted".

El tema es que pensé en un blog, cómo sería si se candidateara de nuevo, cómo sería su blog. Producto de esto salieron estos post, es algo así como un Twitter.
- Todos en su campaña tienen un Jingle, yo necesito uno.
- Hablé con Álvaro Enríquez, el de los Tres, pero no me pesca.
- Hablé con los Kudai, pero no saben que hay elecciones en Chile.
- Me llamó Felo y me dijo que me hacía el Jingle encantado, le dije que si era como su canción de la alegría mejor que no.
- Felo me llamó de nuevo y me dijo Chúpalo.
- Quiero que mi Jingle suene como un tema de La Ley, pero con la voz de Sandro.
Hablé con él Sandro chileno, pero no canta. - No tengo Jingle todavía.
- Soy Arturo Frei y está decidido, no necesito Jingle para ser candidato. Vota por R2D2.
- Mi primo Lalo tiene un joven de jefe de campaña, el otro de Piñera también. Marco ya es joven así que no necesita. Yo encontré uno que también es joven y está con el pueblo. Jajajaja, ellos no saben que mi jefe de campaña me sale más barato que tomar la Micro y no cobra sueldo.
- Mi jefe de campaña se llama Byron Contreras. Y está para contestar sus dudas.
- El Byron me pidió plata para unos afiches y neoprén para pegarlos, no sé por qué pero llegó con los puros afiches.
- Invité a Byron a comer a la casa, estaba Rosita, mi mujer, mis hijos, la nana y yo. Byron quería completos así que le dimos en el gusto.
- Definitivo, el Byron no sabe comer como la gente.
- El Byron se fue hace un rato de la casa. Lo pasamos súper y no les envidio nada a los otros candidatos. Glorita, mi nana de toda la vida apenas recoge la comida de la mesa, está tan viejita.
- Rosa, mi señora, no encuentra sus collares y sus anillos.
- A mis hijos les falta el Nintendo Wii y un tarro de Neoprén que les regalé para un trabajo manual del colegio.
- Tengo mis sospechas sobre quién pudo haber robado estas cosas.
- Eché a mi nana por ladrona.
- La muy maricona se quiso excusar con el Byron, lo llamé pero no me contesta.
- El Byron vino a la casa a pedirles un juego de Nintendo Wii a mis hijos. Como a ellos se lo robaron, le regalé los controles y unos juegos que tenía.
- Mi jefe de campaña sabe conocer a la juventud. Vota por R2D2 .
- El Byron me aseguró que se va a conseguir una cámara con unos amigos para grabar el nuevo jingle. Dijo que con un reggeton la hacemos toda.
- Byron salió en Policias en Acción. Estoy orgulloso de él. Me hace campaña en todos lados.
- Tuve que sacar a mi jefe de campaña de la cana. Dijo que la cámara se la robaron y todo fue un mal entendido. Me pidio más plata para Neoprén, para pegar más afiches.
- Aviso de utilidad Pública. Si ves a mi jefe de campaña llámame.
- Me llamó mi primo y me dijo que dejara de hacer el rídiculo. Que lo estaba perjudicando, le dije que se fuera a la cresta, que MEO lo tenía hasta el cuello. MEO a Frei, MEO a la Moneda, MEO a todo el mundo. Tengo que hacerle un complot.
- Rosita me dijo que terminara este escandalo y que me dedicara a lo que hacía antes.
- ¿Qué wea hacía antes?
27 abril 2009
-Eres medio flojo por lo que sé – Dijo Claudia.
- No, flojo no, a ratos estoy cansado para una cosa o para otra, pero de flojo nada – Conteste, prendiendo un cigarro medio arrugado que tenía en el bolsillo de la camisa a cuadrillé.
- Y cómo es eso de que cuando vivías en México dormías quince horas – me respondió tratando de ponerme a prueba.
-Bueno, es que…
-Ves que eres flojo, no fuiste capaz de responder al tiro.
La verdad es que me tenía más nervioso ella que la conversación. Claudia era bastante linda y me dan los cinco minutos donde me trabo al hablar y para responder salgo con cualquier otro comentario para desviar la conversación.
-No era flojo, es que el ruido de la ciudad me tenía medio aburrido y, para no escucharlo, dormía - le respondí con un dejo de seriedad.
-Eres muy serio, teni cara de pocos amigos la verdad. Cachai que yo tenía un pololo que era así de serio y no lo pasaba ninguno de mis amigos. Era de los que hablan poco, miraba más que hablaba. Después, cuando terminé con él, tuvo que ir a un psicólogo porque sufría principio de autismo. Nunca supe bien que fue de él, pero…
-Oye, ¿y tú tienes pololo?- le pregunté tratando de desviar la conversación. Me aburro fácil cuando me hablan de cosas que no me interesan. Ya descubrí la técnica, se la copié a las mujeres, lo único que tengo que hacer es mirarla a la cara, decir a ratos: mmmm, ah sí, oh que terrible, bueno, entiendo. Estas cinco palabras me han salvado del calvario de lo que es escuchar. Así puedo pensar en cosas más importantes, como en lo que voy a hacer en la noche o en alguna idea que me quedó dando vueltas durante el día.
- Sí, tengo pololo…
- Obvio ustedes nacen con pololos…
- …y se llama Federico, le digo Fede y es súper…¿Qué fue lo que dijiste?
- Nada, que…que bueno que tengas pololo-dije.
- Y le digo Fede po, es súper lindo y es seleccionado de rugby en la universidad, participa en la pastoral…
- Ah, sí.
- Es músico además, tiene una banda con sus compañeros de universidad, es súper loco el grupo, tocan música Dub, con Jazz .
- Mmm, que bueno, entiendo – conteste.
Prefería estar en mi casa, acostado en la cama pensando en qué hacer, mirando la tele, viendo en el computador algo que me interesara, un perro quizás. Yo creo que me falta un perro para poder entretenerme un rato. Total, no hablan y siempre andan contigo.
- ¿Y te gustan los perros? – le pregunté.
- Son lindos, muy lindos, cuando son cachorros y saltan por todos lados...-
- O sea te gustan.
- No, me dan alergia- respondió seria.
- Bueno y qué cresta te gusta – murmuré.
- ¡¿Qué dijiste?!
- Nada - ahora tiene oído biónico – volví a murmurar.
-¿me estay molestando?
Se me acabaron los cinco minutos, ahora si que prefiero estar en mi casa, tocando guitarra. Toco varios instrumentos, pero ninguno a la perfección, un poco de aquí otro poco de allá, no es que me guste dejar las cosas a medias, pero en esto sí, así puedo tocar en alguna reunión familiar, como tengo cara de serio, tengo que caer bien de algún otro modo. Sí, no tengo cara de chiste y soy malo para los chistes, nadie se ríe mucho conmigo.
Es terrible cuando uno va a un asado y no falta el tipo que está metido en la parrilla molestando a todo el mundo, el de la talla. Típico que como me ven cara de serio me agarran para el hueveo a mí y es difícil porque cuando le respondo, el silencio es fatal. Se ríen de lo fome que soy.
- Oye Sebastián, ya me aburrí. Porqué no me invitas un helado
- Y no quieres mejor…- Que terrible, ahora más encima tengo que gastar plata en ella.- pensé.
- Muchas gracias por acompañarme mientras llega Fede, es que no me gusta esperar sola. ¿Te cuento una infidencia?
-¿Qué? – respondí.
- Alguna vez me gustaste, pero no sé que hubo que nunca pude acercarme a ti. Como que te veía más como un amigo. Eso, como mi mejor amigo.
Lo que faltaba, desde cuando eso se avisa, que hice mal. Traté de no hablarle mucho, de mirarla poco, de no hacer mucho para que le gustara mucho. Pero no, me tenía que tocar justo a mí y para peor siempre llego tarde.
- Si me lo hubieses dicho antes Claudia.
- Ah que eres tontito, mira ahí viene Fede. Cuídame las bolsas y espera el helado porfa. Es que no quiero que te vea conmigo- me dijo- es medio celosillo – agregó murmurando.
-bueno, no me queda otra- respondí.
Y ahí me quedé sentado en medio del Bravíssimo, esperando que se encontrara con el mastodonte de rugby, sintiéndome observado por todas las caras de los enamorados, por qué es regla de las parejas comer helado e ir al cine, como si fuera la ley universal del amor. Odio a las parejas ahora, quiero un perro, quiero tocar guitarra, me quiero ir para mi casa.
Al lado mío hay una señora con un Yorshire, es de esos perritos que se llevan en las carteras, son bonitos, buena onda.
-Que lindo el perro señora.
-Ni se te ocurra tocarlo, que Skippy es de pocos amigos, se enoja y muerde.
Esto es lo último, encontré un perro con mi personalidad y peor aún, este no es de los perros fieles.
- Perdón señora…
- Señorita para usted joven.
- Está bien, señorita, me puede cuidar las bolsas un segundo.
- Sí, como no.
Me paro, miro la calle, el camino para mi casa. Miro a Claudia y me voy. Se va, pensara la señora, se fue, pensara Claudia y yo me voy medio contento y medio derrotado. Me voy, ya me fui.
08 diciembre 2008

Traicioname
EXT. PANORÁMICA DE LA VILLA MERCED. CÁMARA AÉREA. DÍA.
La cámara aérea va recorriendo el cielo por la villa hasta
que entra por las calles y las callejones y se mete por un
pasaje, entra por una casa hasta un patio techado, que da
oscuridad al lugar. Suena Vicente Fernandéz, la canción
Celos.
INT. CASA ABANDONADA. FEDERICO, OMAR Y ROBERTO. DÍA.
Federico está amarrado a una silla, viste un terno negro que
está todo ensuciado, como si lo hubiesen arrastrado. La cara
la tiene golpeada. Omar tiene una pistola en su mano y
Roberto, el hermano lo mira asustado, arrepentido de lo que
están haciendo. Sigue sonando Vicente Fernandéz, la canción
celos.
OMAR:
(enojado)
Por qué cabrón, por qué lo hiciste
FEDERICO:
(atontado)
Hacer qué, no he hecho nada. Lo de
Julia yo nunca estuve con ella.
Pregúntale a tu hermano, a Roberto.
OMAR:
¿Es verdad lo que dice este
argentino, Roberto?
ROBERTO:
E...ss...sss.teee q...qqq..ueee...
Te pue..pue..puedo de..de..cir yo.
OMAR:
Viste Federico, ahora este cabrón
se puso nervioso por tu culpa.
Omar toma la pistola y le avienta un golpe con la culata de
ésta en la sien de Federico. El golpe es tan fuerte que cae
con la silla y todo al suelo. Todo se va a negro.
(CONTINUA)
EXT. CASA DE INFANCIA DE FEDERICO. VILLA MERCED. FEDERICO,
ROBERTO, OMAR. DÍA.FLASHBACK
Roberto y Omar están afuera de la casa de Federico, tienen 17
años aproximadamente. Se conocen de algún tiempo.
OMAR:
Federico sal, para que juguemos a
la pelota.
FEDERICO:
Me da lata, además quiero salir con
una chica.
OMAR:
Anda, no seas mamón y te doy el
teléfono de Julia. Esa que quiere
ser miss universo, la que vende
dulces en la Condesa.
FEDERICO:
Andale. Pero juego de delantero.
INT. CASA ABANDONADA. FEDERICO, OMAR, ROBERTO. DÍA.
Omar con Roberto tratan de levantar la silla donde está
aturdido Federico.
OMAR:
(con voz de esfuerzo)
Aaah, que pesa este cabrón. Maldito
el día en que le presenté a Julia.
Este lo único que quería era
agarrarse a todas las viejas del
barrio.
ROBERTO:
Pe..pe.pero Fed...fe..derico no
ti..ti..ene..la..
OMAR:
Callate, estás todo nervioso. Pesar
que lo hice parte de la familia.
Recuerdas como ibamos por las
calles, todos nos respetaban.
(CONTINUA)
EXT. CALLE PRINCIPAL. FEDERICO, OMAR, ROBERTO, CINCO EXTRAS.
DÍA.FLASHBACK
Caminan por la calle, vestidos con trajes negros y lentes
oscuros al estilo Perros de la Calle, de Tarantino. Entran a
un bar.
INT. BAR. FEDERICO, OMAR, ROBERTO, CINCO EXTRAS.DÍA.
FLASHBACK.
Entran y todo el mundo se levanta, quedan los clientes
pasmados. El grupo saca pistolas y se dirigen a la barra, en
dirección al dueño del local.
OMAR:
(nervioso y brusco)
Ya cabrón entregame lo que
acordamos.
DUEÑO DEL LOCAL:
(asustado)
Ahí está todo señor, pero porfavor
no me haga nada.
FEDERICO:
(un tipo se le queda mirando)
Y tu cabrón que me vez.
(Lo apunta con la pistola y le dispara).
¡Para que aprendan quien manda
aquí!
INT.CASA ABANDONADA. FEDERICO, OMAR Y ROBERTO. DÍA.
OMAR:
Que buenos tiempos aquellos.
ROBERTO:
Mi..mi..mira...ahí vu..vu..vuelve
en si.
Federico aturdido señala con la mano amarrada a Roberto, para
que hable. Se ríe.
(CONTINUA)
OMAR:
Y este qué me está tratando de
decir.
ROBERTO:
(tiembla entero)
Es...tee es..es...que y..y..yo
OMAR:
Yo qué, callate mejor y que
confiese de una buena vez si el
bebé que espera Julia es de él o
mío. Pinche cabrón.
Siempre andaba metiendose con todas
la viejas del barrio. Cuando dejó
de juntarse con nosotros. Me
pareció extraño. Fue ahí cuando me
dijo Julia que esperaba un hijo
pero que no sabía si era mío.
(se desespera)
Y tu Roberto, Federico era como tu
hermano y no sabías. Pendejo.
ROBERTO:
O..o...mar es..es...ese hi..hijo.
OMAR:
Sí, este hijo de puta lo voy a
matar ahora mismo.
Federico se trata de mover y apunta nuevamente a Roberto.
Está nervioso.
Omar lo golpea de nuevo. Esta vez es tan fuerte que escupe
unos dientes.
FEDERICO:
(balbucea por la sangre,
lo que dice no se
entiende)
¡Tu hermano cabrón!
OMAR:
¡Cállate de una buena vez!
Omar lo apunta, corre la cara y mira a su hermano que está
detrás de él. Cierra los ojos con señal de asco y percute la
bala. El disparo corta la música de fondo.
(CONTINÚA)
OMAR:
(agitado)
Ya, lo maté. Pendejo. Eso le pasa
por meterse conmigo. La mamá nos lo
dijo Roberto, que este argentino no
le gustaba como amigo nuestro.
Roberto se pone a llorar y tiembla entero.
OMAR:
¿Por qué lloras hermano?
ROBERTO:
(llorando y trata de
hablar bien)
Es que e..es..e hi..hi..jo.
OMAR:
Ese hijo de puta ya lo maté
hermano, sé que lo querías mucho.
Pero ya, se chingó.
Roberto se enoja, se pone colorado y aguanta la respiración
para poder hablar bien.
ROBERTO:
(hablando bien)
¡Es que ese hijo es míoooooo!
Roberto queda con la boca abierta. Los ojos le lloran.
OMAR:
(asustado, con rabia)
Y p..por qué no me lo dijiste antes. Ya maté a este cabrón
¡Te Voy a matar Roberto, me traicionaste!
Omar se le tira encima con la pistola en mano, forcejean. La
cámara se va hacía el cuerpo de Federico. Se queda ahí por
unos segundos, mientras se escuchan los golpes y los gemidos
de dolor de ambos.
La camara sigue con Federico. Suena un disparo.
Fade out. Parte la música de Vicente Fernandéz. Celos.
(FIN)
15 noviembre 2008
Al día siguiente, la prensa le echaba la culpa a los narcos, quienes iban dentro del avión era gente importante, el secretario de gobierno, el delegado de la ciudad, personas que le hacen la guerra a las drogas. Pero como es común, nadie explica nada, no dicen quien fue.
Sólo escuche el rugir de los motores, a la muerte dando vueltas, vi la fragilidad. Podría haber caído aquí, pude haber muerto. La vida se pudo haber desintegrado en segundos. Un accidente, otros dicen atentado. Per o la verdad es que jamás sabremos qué fue lo que pasó. Yo sólo me quedo con el ruido y los gritos de los pasajeros.
14 octubre 2008
-¿Qué pasa?- pregunté
-Lo de siempre wey, balazos entre qué se yo y la policía, ya sabes – respondió mi amigo.
- ¿Pero esto es un barrio peligroso?
- Naah, depende como lo mires, hay de todos acá, depende de la hora, del día, de la suerte. Supongo que entiendes eso wey, el destino.
- Algo, pero qué. ¿Tú vives del destino?
- Así vivimos todos- me dijo mientras miraba el atardecer por la ventana, la misma donde yo había visto correr a la gente con metralletas.
No quería volver a la casa, dónde me había metido me pregunté, la verdad es que tenía que volver pero de la forma más segura, no de noche. No así, no siendo extranjero, quizás acompañado, quizás con él que me dejara en algún taxi seguro.
- ¿Me puedo quedar a dormir? – pregunté con toda la energía que tenía, seguro que la respuesta era un sí.
- No mames wey, más rato viene mi vieja, llama un taxi y te vas.
- ¿Y lo tiroteos?
- No pasa nada, la vida es una caja de pandora, si la abres se te va a la verga, mientras no pase nada, no hay problemas. Aquí es tranquilo.
- ¿Y los tiroteos?
- No te preocupes, ya no suenan, ya no hay nada. Seguro ya recogieron los muertos, ahora hay tranquilidad. Acaso no entiendes, después de la tormenta… Eres pendejo chileno o te haces.
- No, me hago. ¿Y el taxi?
- Pos orale llámalo o quieres que te vaya a dejar.
- No, no te preocupes, me voy tranquilo.
El taxi llegó, era de esos seguros, donde no tienes miedo a que te secuestren, pero igual no estás tranquilo porque te llevan por lados que no conoces, como saben que eres extranjero y tratan de dar más vueltas que lo normal para sacarte dinero.
Mientras íbamos en esas vueltas sin sentido para llegar a mi casa, le pregunté al chofer si creía en el destino, me dijo que sí.
- Acá hay que creer, en Dios, en la virgencita de Guadalupe. Hay que creer, porque nunca se sabe que va a pasar mañana. Esta ciudad es muy loca, ¿sabe?
- Sí, algo he visto.
- ¿De dónde es usted?
- Chileno- respondí.
- No manches, me caen bien los chilenos, no son como los argentinos.
- No, pero acá todos me confunden.
- Bueno usted sabe, que es difícil a veces diferenciar. Orale, pero para dónde va.
- Por Eje tres, ya le dije.
- Ay wey, ya me pasé, pero me doy la vuelta.
- Está bien. Pero no se demore.
Nos dimos unas vueltas estúpidas, casi en círculo. No sabía dónde estaba, nada más me quedaba confiar en el taxista a las once de la noche.
- Son doscientos pesos mi amigo
- No wei, acá siempre me cobran ciento cuarenta.
- Es que eso marca el taxímetro.
- Me da lo mismo, tú te equivosaste no yo.
- Pero señor, y qué le dijo a mi jefe.
- Dile que el destino es una tontera. Dile que te lo dijo un chileno medio perdido en una de las ciudades más locas del mundo
13 mayo 2008
Por Sebastián Fuentes.
José Martínez se sienta todos los días a tirarle migas a las palomas en la plaza de armas, lo hace casi por costumbre, como si su sueldo de jubilación estuviera en las sobras del pan. Se sienta, saca una bolsa de plástico no muy grande y se deja claudicar con sus pensamientos. Mira las palomas, las analiza un poco, espera que los ratones con alas se pongan de acuerdo en quien atacará primero. No resulta. En cuanto saca la bolsita todas se aglutinan para obtener algo.
Martínez le tira las ideas a las palomas, no conversa con nadie y mira el horizonte; la catedral, los pintores bohemios, la galería comercial que alguna vez – en los tiempos de la colonia – fue el mercado central, los peruanos tratando de encontrar patria entre caras de deprecio, la cúpula donde está el ajedrez y sus anacrónicos jugadores. Tiene la mirada perdida, pero en el fondo siempre está buscando algo, a los amigos de antaño, aquellos con los que solía recorrer la calles del centro buscando donde tomarse una cañita. Pero por más que busca no los encuentra, a esas alturas Martínez debe pensar que están todos muertos, que pasaron a mejor vida. Vive con el recuerdo y las palomas no juzgan apariencias, menos la de él, con su terno negro a rayas que con el tiempo le fue quedando grande y su sombrero que esconde su avanzada calvicie. Martínez es una foto póstuma de Carlos Gardel cincuenta años después de su muerte.
Con su atuendo fácilmente cantaría un tango, como lo hacían algunos de sus amigos en la misma plaza, como habría conquistado a su mujer décadas atrás, en el mismo lugar, regalándole sagradamente las flores que alguna vez vendió una señora en la esquina de Catedral, donde la plaza era un lugar más habitable, más pintoresco.
Miró nuevamente a su alrededor, al centro de Santiago y vio cuánto había cambiado con el tiempo; de ser un lugar lleno de pasto, con piletas, arboles que crecían casi de manera natural, de paseos idílicos, a transformarse en una manzana llena de cemento, con carabineros por todos lados, haciendo vista gorda a vagos y asaltantes que aprovechan la sombra de los mal cuidados arboles y las largas bancas para acostarse.
La modernidad.
Pero Martínez no era nadie ante aquel monstruo del tiempo y miraba el lugar como lo único propio que le iba quedando: la plaza y sus fieles palomas. Sus paseos de niño, con su padre mirándolo correr por las angostas callecitas que hacían del centro cívico digno de ser comparado con cualquier parque francés.
De eso ya no queda nada, solo las viejas estructuras de gobierno que entrada la tarde dan una sombra melancólica, donde los actores empiezan a cambiar.
La nueva Lima en la calle Catedral hace su entrada triunfal con platos típicos peruanos, hechos por los mismos inmigrantes y las doncellas de la noche comienzan a aparecer entre las sombras, con trajes hediondos a naftalina, un poco sucios y demasiados apretados, dejando ver esos rollos de más producto de múltiples embarazos no deseados, de amantes anónimos. Sus rostros están golpeados, heridas por el uso, pero siempre firmes en el lugar, como esculturas de viejos héroes nacionales, todos mal cuidados y cagados por las mismas palomas que el viejo Martínez suele alimentar todas las tardes en la plaza de armas.
01 abril 2008

Cuándo entró carabineros y los familiares, el olor era imposible. La cocina hecha mierda, la leche putrefacta, comenzaban a salir los primeros gusanos de la descomposición de los alimentos. Las cortinas cerradas hacían el escenario escabroso, con todos los hedores acumulados y un calor y un claustrofóbico departamento dejaba mucho que desear del dueño.
Mientras recorría el living de Gajardo y pasaba por la colección de vinilos, al teniente se le venía a la mente aquellas tardes que pasaba sentado junto con su mamá escuchando a Camilo Sesto en el toca disco, como repetía los movimientos, el timbre de voz, todo. Pero su padre lo encontraba de maricones el andar imitando tonteras. José no decidió entrar a carabineros, su padre decidió por él.
-Mi teniente, creo que encontramos algo – gritó desde el baño uno de los cabos.
Martínez ya sabía lo que se encontraría cuando cruzara el umbral del baño. La escena la tenía repetida en su mente.
-¿Qué hacemos con el cuerpo mi teniente?- preguntó el cabo con asco y con un rostro que pedía a gritos que por favor no le hicieran mover el cuerpo.
-qué cree usted, tarado, llame al servicio médico legal – respondió – que triste como este cabro desaprovechó su oportunidad. Pendejo hueón – agregó molesto por la escena. Gajardo estaba colgado con los cables de la luz del techo, había hecho un hoyo para poder tener cable suficiente para ahorcarse, “eso le debería haber tomado un buen tiempo. Este cabro estaba decidido, no me cabe la menor duda” pensó Martínez.
Bajo el cuerpo, el excremento y los intestinos colgaban como una piñata. El oficial se sentó en la tapa del wáter y lo observó, miró el rostro de espanto, el rostro hinchado y los ojos inyectados en sangre. La imagen se le repetía una y otra vez, se acordó de su padre, el hombre que lo obligó a ser carabinero, que lo crucificó para toda la vida, que lo obligó a ser adulto.
Martínez tomó un par de fotos para los peritajes posteriores, fue al living y le pidió a la familia que se retirara, que el servicio médico legal llegaría en cualquier momento y que en un par de días el cuerpo les sería entregado para que le dieran sepultura. Cuando quedó sólo con un par de cabos, volvió al baño, movió el cuerpo y revisó los bolsillos de Gajardo, había cien mil pesos.
-esto es por el mal rato cabrito- le dijo al muerto en voz alta, mientras se guardaba el fajo de billetes en el bolsillo.
Se miró al espejo y se aprovechó de peinar, estaba molesto. Sentía rabia por el rockero, por cómo había desperdiciado la oportunidad de seguir triunfando, de haberse quedado ahí, a medias. Volvió a acordarse de Roberto Martínez, su padre, de cuando llegaba a la casa por las tardes, hediondo a trago, cuando alegaba porque la comida no le gustaba. Cuando le tomó los vinilos de Camilo Sesto y la colección de Sandro y los vendió como basura en el persa. La plata que ganó se la tomó y le regaló a José unos zapatos de futbol.
-Pa’ que te vayai’ haciendo hombre hueoncito – le dijo Roberto.
- Roberto no tienes porque ser así con el niño, si es su música. Déjalo ser – salía a la defensa su mamá.
-Cállate hueona, anda hacerme la comía mejor, en vez de andar defendiéndole la música de maricuecas a este cabro – respondió Roberto, - cuando seai’ grande, paco te voy a hacer, pa’ que aprendai’ a hacerte hombre – agregó mirando a un José delgado y con los ojos perdidos en los zapatos recién regalados.
El teniente bajó las escaleras y se preparó para recibir a la prensa.
-No hay declaraciones –dijo, parando en seco toda la masa de preguntas que se le venían encima.
Subió a la patrulla de copiloto y miró al oficial recién egresado de la escuela de carabineros.
-¿Para dónde vamos mi teniente?- Preguntó el joven algo nervioso.
-Acelera no más - respondió.
Pasado un rato llegaron a las afueras de Santiago, cerca de Buin, a una casa que apenas se afirmaba, con la pintura de la fachada descascarada. La casa de los padres de Martínez. El teniente subió el volumen a la música del radio patrulla y le dijo a su chofer que no se bajara del auto.
-Para dónde va mi teniente- preguntó el joven oficial.
- A esa casa, llama a la central y reporta un homicidio – respondió.
-Pero…-
-Nada de peros, haz lo que te digo-
Martínez se bajó del auto, revisó las balas de su revólver de servicio marca FAMAE y le quitó 5 balas, dejó sólo una echada a la suerte.
Tocó la puerta.
-¡Roberto! - gritó - ¡Llegó tu cantante favorito!- agregó.
La puerta se abrió y se cerró de un solo golpe, pero más fuerte fue el sonido que quebró con la tranquilidad de la población y que hizo apagar a Sandro de la radio patrulla.
30 enero 2008
31 diciembre 2007

Una vida desechable a punto de expirar.
Un respiro alienado al mundo
Esta canción que nunca termina, no termina.
El verso por un beso, ficticio.
Como las películas de la matinée.
Los ismos al borde del colapso
Las guerras atómicas por agua,
Ya no quedan estrellas de rock, tan fugaces y distantes.
Están todas vendidas, adictos al crack.
Los héroes mueren de locos, de sobredosis, no encerrados en una oficina llena de burocracia.
¿Y dónde están los jóvenes que querían cambiar el mundo?
¿O será que el mundo les puso terno y corbata?
Ahora tan solos, ellos asisten a las fiestas de “Gran Moda”
Tus sueños fueron vendidos, tan baratos que ni lo creo.
Malgastas tu tiempo en el teatro de boga,
Estás embobado con el sin sentido del tiempo que aún no para.
Pero que se puede cortar con un gillette.
El aire espeso, la noche oscura y fiel, son testigos del final de remate
Hoy tu salto a la fama terminó
09 noviembre 2007
01 noviembre 2007
Hay una panne en el motor
Y un olor primaveral
Deja en el aire al pasar
En algún sitio
Una canción
EN DÓNDE ESTÁS
Una tarde como ésta
Te busqué en vano
Sobre la niebla de todos los caminos
Me encontraba a mí mismo
Y en el humo de mi cigarro
Había un pájaro perdido
Nadie respondía
Los últimos pastores se ahogaron
Y los corderos equivocados
Comían flores y no daban miel
Y el viento que pasaba
Amontona sus lanas
Entre las nubes
Mojadas de mis lágrimas
A qué otra vez llorar
lo ya llorado
Y pues que las ovejas comen flores
Señal que ya has pasado
12 octubre 2007
Por Sebastián Fuentes.
No acostumbro a ir a funerales, menos cuando son tan fulminantes como este. Nadie se los esperó, supongo que ni Jorge Trejos, el difunto, esperaba morir de esa forma tan macabra y sin previo aviso. Sin duda hay algo que no cuadra en esta historia, son los tiempos, y la inusual forma de como manejaron la situación. Murió ayer a las dos de la tarde y lo están enterrando hoy a las tres, trece horas después. Raro.
Inés Carrasco, mujer de Jorge, venía llegando de sacar unos bonos para los chequeos anuales de su marido de 54 años. Eran una pareja callada, nadie los conocía muy a fondo, a excepción de los nuevos vecinos del pasaje que residen en la casa continua a la del matrimonio con los cuales habían entablado una amistad formal.
Tanto Inés como Jorge se conocieron tarde, cuando Inés ya no podría entregarle ningún hijo por su edad. No decidieron intentar ningún método, los dos solteros y sin hijos previos decidieron probar suerte con la vida matrimonial y ellos como única compañía, en una casa que a ratos se les hacía demasiado grande para los dos. Demasiado silenciosa.
El grito fatal quebró la acostumbrada tranquilidad de los días de semana en el pasaje Dover de la comuna de la Florida. Inés, aún con los papeles de la Isapre en la mano, quedó pasmada frente a la imagen de su marido en silencio. Primero lo llamó por su nombre, después con los nombres que le decía por cariño. No había respuesta. Inés recorrió toda la casa y nada. Decidió pasar por las piezas que no se habrían nunca, las de visitas, y ahí estaba, morado, con cara de pánico, la boca abierta y mirando al vacío. El grito se pudo escuchar de toda la cuadra. Afuera la gente se daba cuenta que algo se descuadraba en la monotonía.
Inés entró en shock. Perdió el control por un momento, cuando levantó el teléfono y se percató que no tenía tono. Había olvidado pagarlo la semana pasada. Se acordó de los vecinos y corrió a la casa del lado.
A la hora después una ambulancia del Samu se llevaba el cuerpo sin vida de Jorge, cubierto con un plástico negro, se dirigía a la Funeraria para que lo metieran luego al féretro. Cuando ella llegó donde los vecinos, lo primero que hizo fue llamar a su hermano doctor, para que lo viera. En diez minutos estaba en el lugar, entró solo, luego ella y de apoco le contaba a su vecina que su marido ya no estaba morado, sino verde. Su hermano dijo que ya no había caso, que él se encargaría de todos los trámites.
A las 7 de la tarde, cinco horas después de su muerte, ya lo estaban velando. En la parroquia no habían familiares de Jorge, según Inés, no tenía, era solo. Los únicos llantos, que sólo se escucharon en un principio, fueron de su mujer, el resto se dedicaba a acompañar.
Al día siguiente estaba obligado a acompañar a mis vecinos al funeral, a mi novia en realidad, que fue quien le prestó el teléfono a Inés. Sentía cierta responsabilidad con estar ahí. En el momento del accidente, jamás llegó carabineros y tampoco fue a parar al servicio medico legal. Jorge, sin parientes, murió de una extraña manera; ataque a la vesícula determinó el doctor hermano de Inés. Nunca había visto un muerto en mi vida, hasta ese momento, pero más que un ataque a la vesícula parecía haberse ahogado. El servicio medico legal nunca supo de esta muerte. Al menos eso sé.
25 julio 2007
Todas las noches esperábamos, tranquilos y en silencio, el paso de la diligencia. Los González por un lado y nosotros los Carreño por el otro. Con lo rifles, pesados por el metal y su madera, apuntando, apuntando el vacío de la noche. Silencio. Los árboles se quebraban con la fuerza del viento. Los caballos entrenados para soportar el tedioso momento, esperaban tranquilos.
- Fiuh, qué pa` allá abajo gancho- gritó uno de los González.
-Shht. No sea estupido, no ve que cuarquier momento llega la dirigencia- contestó uno de los míos.
El silencio era siempre el compañero de las noches. Los botines siempre se repartían en partes iguales, tanto para nosotros como para los González, y un tercio de eso iba para la causa independentista. Más que mal le robábamos a los Realistas.
-¡Ahí vienen primo!
-¡Apunta en silencio, mierda!- respondí.
El carruaje venía vacío. Lo hicimos parar, los caballos estaban vueltos locos, relinchaban nerviosos, pareciera que algo les había pasado antes del cruce.
-Que pasa ñore`- me preguntaron.
- No sé Luchín, pero me huele a que algo anda mal acá- contesté.
- Que uno de los González abra la carreta pueh`, no son tan choritos – habló uno de mis cuatreros.
- Táte callao Juancho no ví` que esto se teje mal, pa` mí que jue la muerte - contestó Ramón González, el líder de la familia – mira como están los caballos, endemoniaos-, agregó.
Uno de los míos abrió la puerta y sólo encontraron cajas vacías, la carne de los soldados estaba pegada a la pared. La sangre escurría espesa y las entrañas adornaban el carruaje al interior. Uno de ellos tenía la cabeza reventada, la mandíbula dislocada y sus ojos estaban reventados, envueltos en un espeso líquido blanquecino. El olor era putrefacto.
- Er coluo obró aquí ñoré – dijo Ramón – mire como están no ma`, ni un animar hace eso- agregó.
- Respeto a la noche ñore, yo le dije ya, hace ratito que teníamos que cortarla artirito con la cutión, así nos responden los de arriba – habló Luchín.
Decidimos ir al escondite, le rezamos a la Virgen y nos encomendamos a los Santos. Esa noche se prendió un fogón y matamos un chivo, todos bebimos su sangre, el niachi. Fuimos a nuestras chozas y abrazamos a nuestras señoras y a nuestros hijos, nos regresaron todos nuestros demonios y las creencias muertas. El día de San Juan llovió Toda la noche
12 junio 2007
No sé que hacer. ¿Lo llamo? No mejor no, na que ver que lo moleste, debe estar con sus amigos. ¿Y si está con otra? Hay que maricón sería. No, Martina, relájate si no va a pasar nada malo.
Lo llamo entonces. Ay me da cosa, ¿y si no contesta? Igual es temprano. Las nueve. Debe estar durmiendo. Debió haber salido a carretear ayer con los chiquillos. ¿Y si me cagó? ¿Y si se curó y me cagó? O ¿Si una de estas maracas de medio pelo se le lanzó a los brazos de él?
Sí, estoy segura. Apuesto a que andaba curado caminando por la playa de Algarrobo. Seguramente se quedó sentado en una fogata tocando guitarra, tomando piscola en una botella de Coca- Cola y cantándole a todos los desconocidos. Puta, quien me manda a meterme con un artista. Me cagó, estoy segura. Me cagó, me cagó, me cagó, ¡Uy la tonta histérica!
Ya, llámalo. Me estoy haciendo puros caldos de cabeza…No, no puedo hacerle esto. No tiene la culpa. se va a preocupar de más. ¿Y yo? ¿Cuándo me preocupo de mí? Siempre él, que la cartita, que la ida al cine, que el cumple mes, todo le recuerdo yo. No me quiere. Sí, eso. No me quiere, no me quiere, no me quiere.
En fin, me cagó.
Estoy desesperada. Lo voy a llamar, ahora sí que sí. No, muy desubicado, si se fue ayer no más.
No es capaz de hacer tanto, no se la puede. Eso, no se la puede, muy poco tiempo. Pero sabe tocar guitarra. ¡Ay! eso le gusta a las minas, caen al tiro.
Por qué lo dejé ir. Debí haber puesto cara de perra muerta. Puta que soy tonta. Debí haber sido más vivaracha. Bueno, me queda la confianza. ¿O no? Ay no sé. ¿Qué hago?
Lo llamo, ya sí lo voy a llamar. Pero ¿qué le digo? Lo hecho de menos. Piensa, piensa, piensa, qué le digo. Lo amo. Sí que lo amo. No, muy evidente. Lo quiero acá en Santiago. ¿Qué le digo? No lo quiero allá con todas esas minas que se juran hippientas y le invitan hierba. No, él no fuma. No fuma, no fuma, no fuma. Bueno, sólo un poquito. Ay no. Fuma harto.
Marco, ya sí. Está marcando. No, mejor que no. No sé, ¿qué le digo? Lo echo de menos, mucho, mucho. Lo amo sí, lo amo, lleva poco tiempo lejos y ya lo quiero cerca. Eso es bueno ¿o no?
Ya ahora sí. Lo voy a tener cerquita. Es mío. Mío, mío.
Le voy a tener que mentir. No importa, él me miente. Sí. Es un mentiroso de mierda, le voy a devolver la mano. Lo extraño. Le voy a mentir. Tiene que estar en Santiago hoy mismo. A mis pies, sí.
Él me extraña, estoy segura. Está pensando en mí en estos momentos, me ama. Me ama, me ama.
Está marcando. Ya, ahora nada de amariconeos.
Ahí contestó….
- Roberto. Estoy embarazada.
23 mayo 2007
Las putas, les ordeno que se hagan monjas, los curas pederastas. Ordeno libertad para los presos políticos, los indígenas se les entregaran la mitad de las tierras del país. De ahora se impartirá el mapudungun en todos los colegios, el ingles dejará de existir en las aulas de clase. Ahora cualquier movimiento de más de tres personas será sancionado con la muerte. Con la pica. Yo amo y dios de este universo, ordeno la desaparición de todas las instituciones públicas, se regirá por la ley de Talion, los más débiles irán presos por débiles, a los ricos se les quitará su patrimonio para ser entregado a la clase media. Los límites del país serán regidos por ordenanza mía y a mi gusto personal…la constitución…la consti…..la cons……la co.......la……….
”Gutiérrez despierte, es hora de la pastilla”
15 mayo 2007
Feliz día
-¡Déjame hacerlo Papi! – dijo Manuel, que con sus pequeñas manitos movía la palanca que bajaba el féretro hacia la tierra.
Nadie de los presentes aguantó la imagen. Todos se quebraron. Manuel o Manolito, como le decía su mamá, no entendía muy bien la situación. El escenario era completamente nuevo para él, jamás había visto tanto gris y tantas esculturas en un lugar perfecto para jugar a la pelota.
- Papá, ¿por qué enterramos a la mamá, si se supone que debe subir al cielo?
- Es que no es este cielo que todos vemos hijo, es más arriba, en otro lugar. No es el cuerpo el que sube, es el alma.
- Ahh… sí, eso del alma me lo dijo el tío de la clase de religión. Todos tenemos una, ¿cierto papi?
-Sí hijo, todos tenemos una.
Samuel miraba como su mujer se iba dentro de una caja de madera, como se perdía todo lo que se había construido. Veinte años de matrimonio, doce felices, ocho luchando contra la enfermedad de Sarita. Un cáncer de mamas detectado a tiempo, una partícula que quedó dando vueltas por el cuerpo, la misma partícula que se ramificó y la terminó destruyendo lentamente.
-Papi, ¿por qué hay tantas esculturas en una cancha de fútbol tan grande?
- Hijo, esto es un cementerio, aquí se entierran los cuerpos de la gente cuando ya no tienen alma- Respondió Samuel con los ojos llorosos.
-Cuatro hijos me dejaste – pensó Samuel – que voy a hacer con ellos – se decía mientras el sacerdote daba las últimas palabras.
El vaho salía con más fuerza de la boca de cada uno de los presentes. Un paraguas se abrió entre la multitud. Luego fueron muchos que, como una danza de cuervos negros, se iba desplazando a la salida del cementerio.
A Manolito todos les daban besos, lo abrazaban y le daban dulces. Él aún no entendía el porqué, pero sí le hizo recordar el día viernes, mientras estaba en el colegio celebrando el Día de la Madre. Su presentación aún no comenzaba y escondido detrás del escenario trataba de encontrar a su mamá dentro del público. Estaba disfrazado de angelito, su pelo rubio combinaba perfectamente con el traje blanco, con su aureola dorada y sus pequeñas alas que había hecho con tanto trabajo Sarita.
De pronto una de las tías del Kinder apareció, lo abrazó y le dio un beso en la frente. Le dijo que su mamita no podría ir a la ceremonia, que se tenía que ir a la casa, que el papá lo estaba esperando afuera. Manolito miró al suelo, se sacó la aureola y en su mochila guardó el portarretratos hecho de tallarines.
10 mayo 2007
Entrada la tarde, cuando todos apagan los computadores de las oficinas y cierran los cajones de sus escritorios y se aglomeran las personas como hormigas en azúcar en el metro, Roberto Lira la esperaba como de costumbre en el bar de Republica. Aquel era el lugar de encuentro. Sus trajes formales no se camuflaban con los desarreglados universitarios, de todas maneras nadie mayor de treinta años se atrevería a entrar a ese tugurio.
Roberto pidió lo de siempre, un whisky del más barato con dos hielos y para ella un vaso de Coca – Cola. Varias veces pensó en echarle algo al vaso para que ella se decidiera de alguna vez. Pero sólo se sentó al lado de la ventana que daba a la calle a esperar.
-Hola Roberto – dijo acelerada – no pensé que me demoraría tanto es que mi jefe…
-No te preocupes – respondió él – lo importante es que ya estás acá. Te pedí lo de siempre.
-Gracias, pero hoy no, quiero tomar algo más fuerte.
Llamó al mozo y le pidió un Bloody Mary, él muy gentil le respondió que no vendían tragos tan sofisticados. Entonces, pidió el whisky más caro – Con dos hielos porfavor, igual que él – agregó.
- Que rico verte, hay tantas cosas que tengo que decirte. Martín se va de viaje con los niños este fin de semana, a la casa de su mamá en Temuco. Me quedo completamente sola y pensaba….
- No, se acabó. Me aburrí de mentir.
- Pero no le mientes a nadie.
- Me aburrí de ser el hueón buena onda, la reunión de trabajo, la ida al gimnasio, el happy hour con tus amigas…me canse de ser la excusa.
- Martín yo creo que ya sospecha.
-Espérate un segundo, ¿todavía no le dices nada?, Andrea, por favor, llevamos más de un año así, encontrándonos donde mismo y tomando lo mismo de siempre, tú hablando de tus niños y yo hablándote de que mi casa se hace demasiado grande con el tiempo…que podrías perfectamente….
- Es que Roberto….entiéndeme, para mí no es fácil
- Para mi tampoco y por eso no entiendo porqué no le dices de una vez por todas a ese sinvergüenza que estás conmigo.
- Me da miedo…
- Le tienes miedo a la paliza…
- No es eso…es que….
-Estás confundida…
- No sé…
- Nunca sabes nada…
- Te amo – respondió ella.
- ¿Quieres otro whisky? – preguntó Roberto.
- No me salgai con otras hueás – respondió furiosa Andrea – no te das cuenta que lo arriesgo todo estando contigo.
- Pero aún así no quieres perder ni pan ni pedazo, arriesgas lo uno o lo otro, pero nunca pierdes…tú nunca pierdes.
Algo vibra en la mesa, es el teléfono de Andrea. Contesta.
- Aló…Señora Olguita, cuénteme, qué pasa…Cómo que no hay nada para la comida…Ingéniesela pues… Martín debió de haber llevado la mercadería… Cómo que no está… ¿le dijo algo?...Ya…déle la papa al Mati…ya…igual usted... Chao…
Dejó el celular en la mesa y pidió la cuenta al mozo. Tomó su cartera y miró algo desesperada. Esperaba que Roberto digiera algo. Silencio Incomodo. Andrea de pie lo miró con ojos de pena.
-Me tengo que ir – dijo Andrea.
-Ya me di cuenta – respondió Roberto – ¿nos veremos luego?
-Quien sabe…
-Tú nunca sabes nada…
- De eso sí estoy segura…
Andrea se dio media vuelta y bajó las escaleras. Un par de estudiantes ebrios se dieron vuelta para mirarle el trasero. Sonrieron. Ella no se percató.
Por la ventana Roberto vio un auto blanco estacionado frente al bar. Andrea caminó en esa dirección. Se bajó un hombre de mediana estatura, se saludaron de beso en la boca. Ella subió y el también. Estuvieron detenidos unos quince minutos. Luego, se encendió el motor y un fuerte ruido de neumáticos se sobrepuso a la bulla del lugar. Aceleró a fondo, pasó un semáforo en rojo y se perdió entre los árboles y la tenue oscuridad.
Roberto sonrió con maldad.
- Mozo…Un whisky del mismo con dos hielitos y un vaso de Coca - Cola por favor.

