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07 febrero 2007

Tercera y media parte



-El carné cabritos, aquí no pasan pendejos. Habló el Gorila.



-Calmao flaco, si no somos cabros chicos. Respondió el Negro, buscando en su billetera la tarjetita que lo dejaría pasar. –Puta no la encuentro- Agregó.



-Cagaron los huevones, así no pasan.



-¿Y sí te muestro el pase de la Universidad? Respondió el Negro.



-No, carnet o nada.



-¿Y si te muestro este otro? Le dijo el Flaco, golpeándole el hombro en señal de broma.

Luego, pescó su carné y se lo refregó en la cara, el guardia se molestó bastante, frunció aun más el seño y lo empujó.



-Ya pendejos, se la buscaron.



El gorila tomó la mano del Flaco y le hizo una llave que lo dejó todo doblado en el piso.

Gritaba como desesperado.



-¡Suéltame conchetumadre! ¡Ayudame po Negro culiao! Gritaba.



El Negro se le tiró encima y le pegó pleno combo en la nariz. El guardia ni se inmutó, con la otra mano le pegó un codazo en el estomago. El Negro quedó sin respiración en el piso.



Poco a poco la gente se iba reuniendo alrededor para presenciar como la mole vencía a mis dos amigos. Yo me largué a correr, a veces pienso que soy bien maricón para estas situaciones, mientras corría se me vino a la mente lo que pensé en el mirador “El marqués de Santiago”. Respiré profundo y corrí devuelta. Tenía que salvar a mis amigos.



Mientras iba corriendo, por esas casualidades de la vida, encontré un fierro botado en un paradero de micro, lo tomé y partí a la entrada del Andrógenos. Por cada paso que daba me sentía más héroe, como si esta noche estuviera destinado a salvar el mundo. Las pisadas eran seguras, aunque me tambaleaba un poco por las piscolas de la botella. En mi mente sonaba una canción casi como de película. Era Queen. Flash - Ah - Saviour of the universe / Flash - Ah - He'll save ev'ry one of us.



Mi cuerpo se sentía con súper poderes, como si el fierro que tenía en mi mano era el martillo de Thor o la espada Escalibur. Mientras me acercaba, podía ver como mis amigos resistían los golpes y como ellos lanzaban unos pocos al aire. Quería matar al físico culturista.



Me hice paso entre la gente. El guardia no se percató de mi presencia, estaba arrodillado pegándoles.

-Oye gorila culiao! Le grité.



Miró hacía arriba y le di un fierrazo en plena mandíbula, el golpe se sintió por toda Plaza Italia. La gente que estaba alrededor abrieron los ojos y lo único que dijeron a coro fue: Uuuh. El tipo cayó al suelo, de su boca salía sangre con unas pepitas blancas. Seguramente le quebré unos cuantos dientes.



El Negro y el Flaco se pararon y me miraron con una sonrisa, su cara parecía un puré de tomate, estaban rojos e hinchados. La gente de apoco se dispersaba y los más jóvenes aplaudían nuestra proeza. En el alboroto el guardia se paró.



-Cagaste mierda. Dijo.



Me pegó un combo en toda la cara. Sangré de nariz. Caí al suelo. El fierro voló por los aires. En el momento que se iba a abalanzar a darme con todo el arsenal de fuerza que tenía en su cuerpo. El Negro con el Flaco habían armado su propio ejército juvenil. Seis tipos lo agarraron por los brazos, mientras el Negro le pegaban combos en el estomago. Me trataba de parar del suelo, los golpes me habían dejado más mareado. Se me fueron todos los aires de grandeza, con un solo golpe, me asusté un poco.



El gorila sacó toda la fuerza de su cuerpo, parecía Hulk. Los seis tipos que estaban afirmándolo, volaron por los aires como piezas de palitroque. Iba nuevamente a mí. La sangre de mi nariz ahora chorreaba por mi boca, estaba caliente y tenía gusto a fierro.



Cuando iba a recibir el segundo combo, el Flaco le pegó con un bate de béisbol que le había pasado un punky que estaba por ahí. Gorila a piso, el bate se quebró y la madera estaba toda astillada. Del suelo no se paró más.



- ¡Para que aprendas que con nosotros no se mete nadie! Le gritó el Flaco. Acto seguido, le tiró un escupo lleno de sangre.



-Sí gorila de mierda, somos invencibles. El trío maravilla. Agregó el Negro. Luego, le pegó un par de patadas



– Y no hubiésemos podido hacerlo sin ustedes. A ustedes juventud, llenas de energía y fuerza. ¡El futuro de Chile está en las calles, carreteando y pasándola bien y no dejaremos que nadie nos impida cumplir nuestros objetivos! Agregó en un seudo discurso político.



Los jóvenes sonreían y algunos se decían al oído “pobre curao, quedó hecho mierda”, otros se pusieron a aplaudir y a chiflar. Éramos los protagonistas de esta noche, digno para ser contado a nuestros nietos. Este hecho tenía que quedar escrito en la historia de la Plaza Italia, en el Andrógenos.

30 enero 2007

Tercera Parte



Sin darnos cuenta habíamos llegado a la discotheque donde pinchaba discos Simón. Estábamos afuera de la Andrógenos, no era top pero tenía su estilo particular. Las luces de neón le daban todo el toque necesario para parecer un antro de mala muerte.


El dueño, Lucas Milosevich, era un exiliado de la antigua Yugoslavia, la de Tito. Llegó a Chile a fines de los setentas y se instaló en plena Plaza Italia, donde por aquel entonces se movía de todo a oscuras. Trajo consigo a un par de niñas rusas que servían de prostitutas en el local, servían comida de día y su cuerpo se regalaba por unas piscolas de noche.

Los personajes más distinguidos del mundo político iban al lugar, ahí se les atendía bien y todo quedaba en secreto, tenía dos entradas con estacionamientos. Varias veces fue allanado, pero las influencias corrían por ese entonces, los brazos derechos del dictador funcionaban a la perfección. Eso sí, las salvadas de pellejo a Milosevich le costaban caro, la coca corría por cuenta de la casa.


Todo se acabó cuando llegó la rumana, según el dueño, que es amigo íntimo de Simón, le había contado que era preciosa, su figura era digna para una miss mundo, sus ojos verdes agua dejaban a todos los clientes vueltos locos. Hacía un par de topless los días jueves y el local se llenaba, era un éxito total esta mujer.


Un día, cuando le tocaba atender al público, le ofrecieron un trago. Ella como de costumbre aceptó, era la norma implantada en el local “Siempre una buena atención”. Se sentó junto al tipo y conversaron una media hora, la piscola de la rumana se la había tomado completa, pero no sabía que iba a ser la última.

Luego pasaron al privado y ahí jalaron un poco de coca. Luego se envolvieron en el sexo, después ella quiso cobrarle el servicio, pero el optó por dejarse caer a golpes. Le tiró acido en la cara y le hizo puré el estomago a puñetazos. Cuando agonizaba la violó, esta vez fue distinta a la primera, la amarró y le metió una botella de cerveza por la vagina. Cuando ya no daba más, la ahorcó con el cinturón. Fue tanta la rabia que tenía este hombre por la droga que se durmió al lado de ella.


Al día siguiente fueron encontrados dos cuerpos en una cama con las sabanas cubiertas en sangre. Él murió por sobredosis, ella por un macabro homicidio. El incidente pasó a mayores, la prensa sensacionalista llenó las portadas de los diarios. El tipo que había muerto era el dueño de las empresas Fürteck, una de las más importantes en la venta de insumos eléctricos. Fue uno de los tantos que ayudó al gobierno a sacarlos de la crisis que estaba sobrellevando el país.


Lucas tuvo que cerrar, estuvo en la cárcel un par de años y luego abrió a principios de los noventa. Su error fue ponerle el mismo nombre al local. El Andrógenos tenía su historia, las generaciones pasadas sabían lo que había ocurrido en el lugar, la sangre todavía se palpaba en las paredes. Los que llenaban ahora el lugar eran solo adolescentes que no tenían ni la más mínima idea de lo que era la muerte, a ellos no les importaba nada, con suerte sabían quien era el presidente. Eran adictos al televisor y al computador. Eran vagos en una red de información.


-¿Andas con los free pass que te pasó el Simón? Preguntó el Flaco mientras cerraba el auto.


- Eso da lo mismo, es cosa de decir que lo conocemos y listo. Respondí.


Cruzamos la calle y llegamos a la entrada.

Un gorila de dos metros que hacía de guardia custodiaba la puerta. Usaba una polera apretada y sus músculos parecían estar inflados con helio. De su oreja colgaba unos audífonos por los que recibía órdenes en código. Si tuviese que pelear con alguien, definitivamente no sería con él, parece sacado de la lucha libre, al puro estilo todo vale.

23 enero 2007

Segunda parte







Sábado por la noche, las luces iluminan Santiago. Desde acá arriba todo se ve tan pequeño, puros puntitos de distintos colores, los autos se pasean de un lado a otro y se pierden por las calles más pequeñas. Parecen venas por donde circula sangre, nosotros tan solo somos simples microbios de esta ciudad. Las máquinas de metal, las micros, gritan, rugen y aceleran el paso. Santiago pareciera que tuviera vida propia, que respirara.


En este mirador todo se ve tan indefenso, tan frágil. Es rico estar acá arriba, es como sentirse dueño del mundo. Soy el marqués de Santiago, es mi territorio, soy invencible.


A mis espaldas estaba el Flaco Quezada junto con el Negro Arregui. Escuchaban música del auto y se tomaban unas piscolas mezcladas en una botella de Coca – Cola. Sonaba un blues de Jimmy Hendrix. Cantaba con su voz particular, definitivamente era mejor para la guitarra. Well, she's walking through the cloud, with a circus mind that's running wild. Se podía sentir a través de los parlantes de la radio.



- Este loco la lleva. Comentó el Negro Arregui.



- La llevaba huevón, está bien muerto, como casi todas las estrellas de los años sesenta y setenta. Respondí.



-Me quedo con la Janis Joplin, cantaba como negra, se empelotaba y además tocó en el Woodstock. Volada como nadie, parecía estupida como se movía, pero lo hacía bien. Agregó el Flaco Quezada.



- También está muerta, como lo está Kurt Cobain, John Bonham, John Lennon, Jim Morrison y puedo seguir hasta que me aburra. Respondí.



-Cuál es tu manía por arreglar todo, si sabemos que está muerta y todos ellos también. Además Cobain es Grunge y es de los noventas, nada que ver con la conversación. Respondió el Flaco.



El Flaco es de esos tipos que están todo el día tocando guitarra, pasa sacando canciones antiguas y todavía no consigue una banda para poder tocarlas. Sus viejos siempre le prestan el auto y como nos conocemos desde niños - de cuando íbamos al colegio, igual que con el Negro – nos tienen confianza, por eso siempre lo dejan salir con nosotros. Tiene la espalda llena de tatuajes y su mamá no sabe que los tiene. Hace un par de meses atrás se hizo un Bob el constructor en la pantorrilla, ese monito que sale en la televisión. Estaba curado y le pidió a un amigo que se lo hiciera. A veces, cuando anda con shorts, se puede ver a Bob moviendo la pala de arriba para abajo, cada vez que el Flaco aprieta el músculo cuando pisa.



Pololea hace como tres años con la misma mina, según él fue amor a primera vista. No creo que eso exista. No puedes conocer el amor si no has visto realmente como es la persona por dentro, esa frase es un cliché antiguo, típico de enamorados.



… It's alright, she says it's alright,take anything you want from me, anything. Fly on little wing.



La canción de Hendrix terminaba y eso era señal de que debíamos partir. El Flaco prendió los motores y echó el auto a andar. Nos subimos todos adentro y volví a mezclar el pisco con la Coca – Cola en la botella. Me sirvo un par de tragos. Este me quedó cabezón.



Íbamos cuesta abajo y por detrás nos pasó un Peugeot 306 azul marino. Adentro de él habían cuatro minas estupendas, todas vestidas de la misma manera, escuchando a Shakira a todo volumen. El Flaco aceleró y quedaron los dos autos a la par, el Negro les tiraba besos y ellas respondían con sonrisas. Semáforo. Rojo.



- ¡Somos las reinas de la noche! Gritaban.



- ¡Son unas maracas! Respondió el Negro muerto de la risa.



- ¡Y tú lo tení chico! Respondieron en conjunto las mujeres.



Risas en general.

El Negro se puso morado de la vergüenza.



El Negro nunca ha tenido polola, puras amigas con ventaja. Dice que se ha acostado con más mujeres que Hugh Hefner. La verdad es que nadie le cree, el negro no salva a nadie conquistando al sexo opuesto. Llega a las fiestas y lo único que habla es del fútbol, de la liga que juega los viernes en la noche después de las clases en la Universidad, del Heavy Metal y su fanatismo por Ozzy Osborne, de la uñeta que le regaló Zack Wilde, el guitarrista de Ozzy y nada más. Siempre anda con una mochila en la que guarda cds pirateados de sus grupos, por lo general nadie conoce lo que escucha y se cree la raja por andar vestido de negro cuando hacen treinta grados de calor en el verano. Pasa metido en las tocatas de metal y siempre llega con un moretón nuevo que se gana en los slam que se arman cerca del escenario. Es conocido en el circuito de las bandas underground y siempre tiene algo que hacer en algún bar de Santiago Centro, lo han echado tres veces de la Batuta en Ñuñoa por agarrarse con los guardias. Su vida gira en torno a la música.



Luz verde. El Flaco pone el pie en el acelerador a fondo, las mujeres del Peugeot se quedan atrás. Vamos a cien kilómetros por hora, ciento veinte, ciento treinta, el auto empieza a temblar, el manubrio tirita.



-¿Han pensado alguna vez en el destino? Pregunta el Flaco.



-No me lo he preguntado nunca, ¿pero a que viene el tema? Respondí.



- ¿Estaremos destinados a morir hoy, esta noche? Respondió con las manos al volante, mirando fijamente al horizonte. Las luces a los costados eran como luciérnagas que pasaban rápido, como una foto con las luces todas corridas.



El negro ahora tomaba de la botella y prendía un cigarro. De su mochila sacó un casette y de la radio comenzó a sonar Steel Dragon, una banda ficticia que sonaba en una película del año 2000, Rockstar. Por ese entonces todos soñábamos con tener una banda y esta película hablaba de eso, de la vida desenfrenada de los músicos y como cumplían sus sueños. Tenían todo, mujeres, drogas y lo mejor, Rock. Después de esa película, formamos una banda que duró todo el tiempo que estudiamos en la media del colegio. Nos graduamos y nos cortamos el pelo, dejamos las guitarras y las baquetas por los libros. El sueño de ser una estrella de rock lo cambiamos por ser profesionales y por ganar plata haciendo otra cosa.



Los riffs de las guitarras quebraban el silencio de la noche, la música adentro del auto estaba por hacer explotar los vidrios.



A runaway was found today/ Dyin' in the alley /He didn't have a name, a number or a home /They found him cold as ice /He was feelin' no pain.

La voz de Jeffry Scott Soto, el vocalista de la banda, era única, sus gritos altos y su voz áspera, como si hubiese estado fumado desde los trece años eran imparables.



-¡We are more wasted generation! Gritábamos dentro del auto.



El Negro estaba callado, dándole grandes caladas al cigarrillo, sólo se dedicaba a tener la cabeza fuera del auto, sintiendo como el viento le golpeaba fuerte en la cara.



-¿Y si está escrito que hoy tenemos que morir? Seguía el Flaco.



-Eso no lo puedes saber. Respondí.



-¿A no?



Aceleró aún más. Pasamos un semáforo en rojo, luego otro. Después se detuvo en el próximo, los pitazos de los autos se podían sentir a lo lejos.



-Parece que esta no es la noche en que el destino nos jugará una mala pasada. Habló el Negro casi transpirando de los nervios.



- Díganme Eliseo, Eliseo Salazar. Sonreía el Flaco por su proeza.



-Buena po Elifeo. Respondí en tono de burla.



Después de eso, se ganó una golpiza de parte del negro, estaba casi llorando por el susto que había pasado. Yo no sentía nada, estaba ido, me sentía aún más el dueño del mundo. Desafiamos al destino y le habíamos ganado.

17 enero 2007

Primera Parte

"Si estoy demasiado asustado para usar mis poderes,
entonces no me los merezco" ~ Hiro Nakamura


Domingo por la mañana y el sol me llega en plena cara, olvidé cerrar las cortinas la noche anterior. Me queman los ojos, me arden. El olor en mi pieza es putrefacto, olor a encierro y a licor fermentado. Tengo la boca seca y áspera, la sed me va a obligar a levantarme al baño.

Me siento en la cama y un indio me clava un hacha en plena cabeza. La siento partida por la mitad, como las sandias en el verano, en las ferias, con toda su pulpa roja al sol, calentándose, llena de avispas y moscas.
Lo mío es lo mismo, pero la pulpa de mi cerebro va a salir en cualquier momento por las cuencas de mis ojos. Está todo que explota por acá adentro.

Camino al baño y la casa está en completo silencio, mis padres y mis hermanos debieron haber salido a comprar algo para el almuerzo. Me tambaleo un poco, aún estoy mareado y el alcohol no se diluye en la sangre por completo. Abro la puerta del baño y ahí está fresquito, es increíble como las cerámicas conservan el frío. Hoy por lo visto el espejo no será mi amigo, no me reconozco, siento toda la mandíbula dormida, sonrío y me pego cachetadas. No siento nada. Me pego un combo y ese lo siento, no estoy tan mal después de todo. Echo a correr la llave del lavamanos y pongo mi cabeza al lado del chorro de agua, me relaja. Tomo agua, litros y litros y siento como va corriendo por mi pecho hasta caer como una bomba por mi estomago vacío. No se me quita el dolor de cabeza.

Simón una vez me dijo que la solución para la resaca era tomarse una chela por la mañana y santo remedio, sigues como si no hubiese pasado nada todo el día. Simón es de esas personas que saben de lo que hablan, es Dj de una de las Discotheque más top de Santiago. Está todo el día con unos audífonos pegados a las orejas, son gigantes, parecen dos entre paréntesis en cada lado. Usa poleras y camisas apretadas, medias transparentes y no suelta el agua mineral.

Se la pasa todo el día escuchando Techno, House y Acid músic, las dos últimas no sé que mierda son, pero dice que en Europa es lo que está pegando. Simón se fue a España el año pasado y llegó con toda la onda electrónica, se cree la raja porque estuvo allá. Yo pienso que es un imbécil. España está llena de chilenos y esos aires intelectuales con los que llegó me apestan, no por irse a la madre patria va a ser más inteligente, la única diferencia es que habla con zetas y escucha música como enfermo.

Me dijo que el carrete allá no se compara con el de acá, en Ibiza que es una ciudad muy cool de España, está llena de turistas de todo el mundo y que la mayoría se mueren por conocer latinos y que hay un montón de lugares donde tocan la música que él pone en los carretes. Según él, se hizo amigo de un ingles que era uno de los más famosos Djs de allá y lo dejo pinchar discos en el último día de su estadía en España. También dijo que se había pescado a muchas extranjeras por su acento y su pinta latina. Según yo, estuvo sentado todos los días de las fiestas, fumándose un pito. Eso sí, es enfermo de marihuanero, no sé como mierda pudo pasar tanta droga por la aduana, trajo una cuestión que se llama Skank - directa de Holanda- me dijo cuando la prendía, la probé y quedé como tonto, me había subido a un carrusel dentro de mi cabeza, me dio todo vueltas, pero eran vueltas ricas, como si estuviera subiendo al cielo. A las horas uno vuelve a la normalidad y da mucha hambre, ese es el problema, después no se quita con nada, el hambre no se quita nunca.

No le creo eso de haberse pescado a las minas, es rubio y de ojos azules, más blanco que una pantruca, no tiene por ningún lado el latino.

Simón es un chanta, además ahora le dio con ponerse piercing y hacerse expansiones, dice que es lo más top acá en Chile. Creo que es una tontera, todo el mundo anda con esos aros. Ahora todo es igual, desde la manera de vestirse hasta la música que se escucha, la gran masa juvenil es una mezcla de tres estilos y se mezclan, están los que escuchan reggaeton, que se visten casi igual que los hip-hoperos y los hardcores que se visten casi igual que los otros dos, pero con pinches y zapatillas de skates, se mezclan porque escuchan lo mismo de un grupo y otro. Un bodrio.


Me volví a mirar al espejo y tenía la cara deslavada, me la mojé un poco y nada, seguía con el mismo rostro de encañado. Las tripas me sonaban pidiéndome algo para comer.

Bajé a la cocina y abrí el refrigerador, estaba lleno de cosas para preparar, una mierda, si lo que quiero es comer altiro, puras cosas inservibles en estos momentos. Al fondo veo un pollo de la cena de anoche, lo saco y me lo como con las manos, adiós tenedores y cuchillos. Abro el friser y hay una cerveza helada, la lata de Heinekken me está esperando. Me acordé de las palabras de Simón y me la tomaré al seco.
Se me está revolviendo el estomago. Corro al baño. Vomito.
Vuelvo a la cocina y me preparo un café. Al seco de nuevo. Vomito otra vez.

-Maldita noche, juro que nunca más, nunca más. Pensé.

30 noviembre 2006

Simon


Simon ha cambiado, hace tiempo que no escribía algo de él - Ahora tampoco lo haré -. Pero a los que les gustaban sus historias, este chico ha encontrado un lugar. Será la segunda parte de una novela corta que pienso escribir, tal vez sea más corta de lo que pretendo. Pero ya descubrí la tecnica de la constancia para poder escribir harto. No llevo más de 2o paginas a computador, pero espero llegar a las 100 para quedarme tranquilo.

La primera parte de la novelita, la estoy aún haciendo, pocos la han leido y algunos la han encontrado interesante. Más que grandes pensamientos, espero que sea entretenida. Que fome leer un libro aburrido.
Cuando la termine, aunque esté sin editar, al que quiera se la mando. Espero tenerla lista a fines de Enero.

Ojala no haya sonado sobervia esta wea, pero quería contar e, por qué no subo ninguna mierda al blog.

22 septiembre 2006

Capitulo 8

A esas alturas de la mañana pasaban micros, tomé la primera que pasó, la que me servía para irme a mi casa. Poco me importaba un reto de mis viejos, sentía el cuerpo cansado y lo único que quería era una cama para poder dormir. Ya no quería luchar más, si José aparecía, si Andrea quería volver a mí, se lo dejaba todo al destino. Que éste pusiera las cartas sobre la mesa y que otro las barajara, pero yo no quería jugar más.

Me bajé, caminé un poco y vi mi casa vacía, no estaba el auto y la puerta estaba cerrada. Golpeé y grité un par de veces. No había nadie.

Salté la pandereta de mis vecinos y como un gato llegué a mi patio, la ventana del baño estaba abierta y por ahí entré. Todo estaba tranquilo, en silencio. Subí las escaleras y abrí la puerta de mi pieza, olía a incienso y a esos spraits que tiran en las casa para el olor. Mi cama estaba hecha, desde hacía mucho tiempo que no veía mi pieza ordenada. Sobre mi escritorio había unas cartas y regalos y postales de muchos colores. Mis amigos sí se acordaron de mí en el tiempo que estuve en el hospital.

Decidí acostarme y olvidarme un poco de todo, pero sobre mi cama había una carta, era de José. La abrí y decía: “Te estoy esperando y no te culpo, la culpa la tenemos todos. Nunca pusimos barreras, límites a nuestro cuerpo. Ahora somos como héroes entre el grupo de amigos, los fotologs se llenan de comentarios cuando ponen fotos donde salimos los dos. Somos lo máximo hombre, como Kurt Cobain. Un icono de rebeldía.
Si lees esto, espero que llegues luego a mi casa. Tenemos que hacer bien nuestra historia e inventar unas cuantas para cuando nos juntemos con el resto…Te quiere, tu amigo, José”.

-Hijo de puta. Pensé. Jamás creí que toda la mierda que había pasado por estos días podría transformarse en esto, en una ironía, un icono. Una mierda, esto es una mierda. Hijo de perra, cree que porque se curó y se intoxicó va a ser parte de todo lo que he pasado. Está equivocado.

Tengo que hablar con él, pero hoy no. Hay que dormir.

05 agosto 2006


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Capitulo 7

Mientras iba bajando, el viento matutino me golpeaba suave en la cara. Hacía frío, las heridas en mi cuerpo me ardían y los huesos me dolían, cada paso que daba me hacía doblarme e cada vez más, en posición fetal. No había apuro, era sólo yo y el cerro, la calle y los árboles que la acompañaban. El cielo estaba celeste paquete de vela y los pequeños rayos del sol se asomaban tímidos por la cordillera, los pájaros comenzaban su sinfonía, esos cantos mecánicos que adornan las madrugadas capitalinas.
Me sentía solo, no había huellas a mis espaldas, ni autos, ni pájaros volando, ni muchos sonidos particulares. El silencio era un todo, un envoltorio, una esfera que me atrapaba y me aprisionaba. Un vacío que me perturbaba y me hacía sentir pequeño.

Cuando bajé del Manquehue, me percaté que estaba muy cerca de la casa de Andrea. Algo desde mi interior me impulsaba a ir. Tal vez no estaba, tal vez no perdía nada intentando verla, solo verla. No quería ser parte de su mundo, ni despertar la inocencia de su sueño. Pero me hacía falta, su mirada indiferente y su universo distante, ese que no podía llegar con nada. Ni siquiera ser su amigo bastaba, ya estaba muy lejos de poder serlo. Había un odio que nos separaba y nos hacía estar cada vez más ajenos, inalcanzables.

Su casa era como de dos pisos, un patio inmenso y unas rejas pequeñas. El auto de sus padres estaba estacionado. Podría ser fin de semana. La verdad, es que no tenía mucha noción del tiempo, tampoco que hora era. Miré alrededor y todo lo que había era calle y casas parecidas a las de Andrea, todas del mismo color y con autos casi similares. No había gente, era más fácil para mí pasarme.
Salté.

Su pieza daba al patio, pasé cuidadosamente por el auto, para no hacerlo sonar y llegué hasta su ventana. Estaba allí, dormida, lejos de todo el mundo, soñando con todos menos conmigo. Este era el sentimiento que me dominaba, el de no pertenecer. Ser parte de todos, pero sentirme lejos de todos. No poder tocarla me hacía enojarme más, pensar en el accidente, en José y en todas las cosas que habían pasado en estos días. Me sentía voyerista. Me sentí mal.

23 junio 2006

Exelente banda, de pronto sonó el telefono y me contó esto Simón...

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Capitulo 6

Parece que el chofer captó que me venían siguiendo, iba como a mil por hora por la calle. Estaba con la adrenalina a full. Sentía que lentamente, con lo rápido que andábamos, una parte de mi se iba quedando atrás, en el camino. Era rara la sensación, la velocidad con la que andaba este tipo, me recordaba lentamente el accidente de hace algún tiempo atrás, con las luces fragmentadas y las personas difuminadas a mi alrededor, era como un túnel al cual iba ingresando lentamente, como si pasara a otra dimensión.

-Se siente bien joven. Preguntó el taxista, mirándome por el espejo retrovisor.

-Sí, claro. Me siento un poco mareado, nada fuera de lo normal. Respondí algo inseguro – ¿A veces a sentido que lo persiguen cosas de las cuales no está realmente seguro de lo que son? Agregué.

-Cómo, no le entiendo.

-Claro, cuando uno siente que lo persiguen cosas que no ve, que las siente solamente. Como esa sensación de que lo están mirando por la espalda mientras camina.

-Sí, a ratos siento esas cosas. La verdad, es que en 35 años de mi vida le he hablado a las presencias que están a mis espaldas. Soy taxista, y nadie acostumbra a sentarse a mi lado. Lo ven extraño, no sé por qué. Respondió

En ese instante algo extraño pasó por mi mente, me dieron ganas de hacer algo bueno por este viejo. Sus ojitos escondidos tras sus blancas y gruesas cejas, demostraban, sí uno se fijaba bien. Mucha tristeza.
Le pedí que parara el auto, me bajé y me senté a su lado. Su mirada de asombró me había dejado algo inquieto. Se veía cansado. Quería saber más de él, de su vida. Tenía algo más en la mirada que me daba cierta tranquilidad, algo que me faltaba a mi, algo que tenía que encontrar urgentemente para seguir viviendo.

-¿Cómo se llama usted? Le pregunté.

-Carlos, a su servicio. ¿Y usted joven?

-Simón… Sabe, lléveme a algún lugar que a usted le guste ir en sus tiempos libres.

-Bueno, si usted pide eso, no hay problema. Respondió

Doblamos por no sé que calle y subimos por av. Vitacura hacía arriba. Entramos por unos lugares medios extraños y comenzamos a subir el cerro Manquehue, pasamos unas casetas de seguridad y seguimos subiendo hasta donde ya casi no había alumbrado público y las únicas luces que se divisaban eran las de Santiago y sus apurados autos.

Detuvo el auto y lo dejó mirando hacía la capital. La noche hacía parecer un Santiago indefenso, un lugar completamente normal. Con sus pequeñas luces, que daban la impresión de ser luciérnagas que se movían de un lado a otro y luego se perdían entre los edificios.
Sacó de su bolsillo una cajetilla de cigarrillos, algo arrugada y gastada, como si llevaran ahí, en el bolsillo de su camisa, mucho tiempo. Eran Derby corriente, sopló por uno de los orificios y está se infló, sacó dos cigarros algo quebrados. Me ofreció uno, luego lo prendió y asimismo lo hizo con el mío.

Le pegué una fuerte calada, como si fuera la última vez que fumaría. Cerré los ojos y traté de olvidar todos estos días pasados. El humo cada vez que lo botaba, me daba la sensación como si estuviera echando toda la mierda que tengo adentro, como si me purificara el alma.

-Ya cabrito, aquí me gusta venir. Antes cuando era joven, así como tú. Traía a las minas para acá, me las culeaba como Dios manda y después nos íbamos a comer un completo donde el Tío Lucho por Vicuña Mackena.

-Ya veo, ¿y siempre fue taxista? Onda, ¿se traía para acá a sus clientas?

-Estás huevon pendejo, tú crees que toda mi vida viví en esta mierda. No, antes fui conocido, tuve una señora e hijos que me respetaban. Tenía una buena situación económica. Era ejecutivo de una agencia de publicidad.

-¿Y qué pasó Don Carlos?

-Puta, la vida es maraca y uno es débil pendejo. Le hacía al juego y al copete. Lo perdí todo apostando en el casino de Viña. Todo huevon, hasta la casa y con las huevás de adentro. Luego mi señora me dejó por un colega y de mis hijos lo último que supe es que estaban estudiando en la Universidad. Seguramente ya ni se acuerdan de mí. La vida es maricona Simón, tení que saber hacerla. No sé de qué chuchas estabas arrancando, pero no andas con buena cara. Seguramente hiciste algo malo. Hazme caso, pórtate bien, porque uno nunca sabe lo que te puede ocurrir.

Del taxi, sonaba una radio que decía códigos a cada rato, de pronto es escuchó una voz clara: Carlos Santibáñez, responda a central.

-Parece que es para mí. Mira cuanto tení, te llevo para donde queraí. Esto déjalo como cuenta de la casa. Espero que te sirva para el futuro.

-¿O sea no me va a cobrar? Respondí.

-No po huevon. Parece que vo erí medio hueoncito.

-Déjeme aquí no más.

-Cómo aquí, estás enfermo. Respondió asombrado.

-Sí, aquí. Prefiero caminar.

28 mayo 2006

volví a pescar a Simón, ya se me está haciendo chori escribir su vida.

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Capitulo 5

Tenía que estar todo planeado, era el gran escape a lo Papillon. Recuerdo que mi abuelo me hablaba mucho de ese tipo, él se había arrancado de no se qué cárcel y todos los reos lo trataron como un Dios y los guardias no lo podían ni siquiera creer. Bueno, el cuento es que mi escape tendría que ser así. En la noche y lo más callado posible, aquí en el hospital militar está lleno de milicos así que es más complicado aún. Esto parece realmente una cárcel de alta seguridad.

Son las tres de la tarde. Hace ya una semana que me puedo parar para ir al baño, es tan molesto hacer pipí en esos patitos o como se llamen. Viene la enfermera – Que esta bien rica por cierto- y me asea, esta es la parte que más disfruto del hospital y la comida, que yo sepa a nadie le gusta, pero a mi la comida de enfermo me encanta. Una vez que la enfermera terminó de hacer todo su trabajo, me senté y le pregunté.

-Oye, ¿Te puedo pedir dos favores?

-Sí, dime no más. Contestó la enfermera con esas voces de operadoras fono puta.

-Me puedes decir dónde está mi ropa, quiero sacar algo de mi billetera. Respondí. La última parte era mentira, obvio, lo único que quería era sacar la ropa y largarme cuanto antes de aquí.

-En el clóset frente tuyo, si quieres lo dejo abierto para que puedas sacar tus cosas. Respondió con una sonrisa.

-Muchas gracias. Respondí. Mientras se paraba e iba al mueble, se agacho un poco para poder meter la llave que no coincidía con la chapa. En ese instante, supuse que esta enfermera no llevaba sostenes bajo el delantal, cuando se agachó pude ver casi como una imagen en detalle su par de atribuciones. Estaba vuelto loco.

-¿Y la otra pregunta Simón? Parece que se dio cuenta.

- Emmm… ¿Me queri dar tu número de teléfono? Tenía que preguntarle eso, estaba muy buena y esta oportunidad no se me podía resbalar de las manos. A estas alturas me daba lo mismo Andrea. De hecho la odiaba con toda mi alma, por su culpa estoy acá.

- Jajaja, qué patudo me salió el paciente, si tuvieras unos 5 años más podría dártelo. Pero no te preocupes, nos vamos a seguir viendo. Te queda por lo menos medio mes más aquí. Sonreía con una belleza que hacía que poco menos se iluminara por algo superior – Ahí está abierto el clóset, cualquier problema aprieta el botoncito de tu camilla. Añadió

La primera parte del plan estaba casi completa, no se puede siempre tener lo que uno quiere. No me sabía ni el nombre de la enfermera, pero me había abierto el clóset por lo menos. Me podría vestir y pasar desapercibido.

Son las diez de la noche y todo está tranquilo. Pesqué el teléfono y llamé a un radio taxi. A las 11 me estaría esperando en Av. Providencia con Holanda.

En esos momentos no sabía que hacer, tenía un montón de mangueritas conectadas a mi brazo y no podía salir con ellas a la calle. Me acordé que en casi todas las películas de hospitales y de tipos que se arrancan de lugares en los cuales están conectados con mangueras, se las tiran del brazo y estas salen altiro. Pesqué las cuatro mangueras de mi brazo derecho y las tiré con todas mis fuerzas.

– ¡¡¡Conchetumadreeee!!! Grite.

Sentí un dolor que jamás por mi cuerpo había pasado. Me aseguré que las agujas habían salido todas, estaban las cuatro chorreando líquidos raros mezclados con sangre. Cuando me di cuenta que había pegado un grito gutural y que seguramente todo el hospital lo había escuchado, en esos momentos el tiempo jugaba en mi contra.

De mi brazo chorreaba un hilito de sangre, pero lo podía mover bien. Fui al clóset y saqué los pantalones, estaban impeques, ni sangre ni nada, un poco rasgados en las rodillas porque los fierros del auto me los rompieron. Luego saque las Converse, no habían calcetines ni nada. Estaban manchadas con un poquito de sangre por el accidente. Me demoré un millón en ponérmelas, es más difícil, y más aún si uno está nervioso. Mi polera de Led Zeppelin era un gran manchón rojo. No me la podía poner, era muy obvio para la gente del exterior que me había pasado algo. Me quede con el pijama del hospital, que en realidad no cubrían nada y saqué mi abrigo negro.

Sentía que los doctores y el personal de turno comenzaba a correr por los pasillos, me asomé por la puerta y justo pasaron de largo, creyeron que había sido el abuelito de al lado.
Tomé un respiro y me puse a correr, me pasee por todos los pasillos del tercer piso. Había una recepción justo frente mío, al lado estaba la escalera y el ascensor. Me puse en punta y codos, me arrastré, el recepcionista no se dio cuenta. Llegué a la escalera y las bajé lo más rápido que pude. Una vez abajo, había un gran hall, donde a lo lejos estaba la puerta de entrada. La trate de abrir, pero no hubo caso. -Veinte para las once, es obvio que no iba a estar abierta. Pensé.
De pronto una iluminación se me vino a la cabeza - ¡Urgencias!

Corrí hasta urgencias, pasé por el pasillo hecho una bala. En esos lugares del hospital da lo mismo quien corre o no, total ahí todo el mundo anda acelerado.
Abrí las puertas de la entrada y me topé con los estacionamientos, respiré. Respiré el smog de Santiago y cierta sensación de soledad me inundó completamente. Miré al cielo y las estrellas me acompañaban, eran de esas noches heladas y estrelladas en las que solía caminar junto con Andrea. Su imagen en mi memoria aún no se borraba, a lo lejos sentía el pitar de los autos y el ruido de las micros al acelerar. El pasillo del hospital, a lo lejos corrían cinco personas en dirección a la salida, parecían preocupadas. ¡Chucha es a mí a quien buscan!

Salí del hospital y a mis espaldas me seguían unos guardias y cinco hombres de blanco. El radio taxi estaba esperando a las 11 en el lugar acordado. Abrí la puerta y me subí.

-¿Dónde lo llevo joven? Preguntó el chofer.

-¡Acelera weon, acelera!

03 abril 2006

Continua la Historia de Simon, ahora el capitulo4. Los anteriores se pueden encontrar acá o en www.paniko.cl

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Capitulo 4

Cuando desperté, mis ojos me dolían como si me los estuvieran apretando con un alicate. Miré a mi rededor y era todo blanco. Los objetos no los podía distinguir bien, pero estaban puestos en un riguroso orden. No había nadie con quien hablar y me dolía casi todo mi cuerpo, sobre todo la cabeza. Sentía que caían bombas dentro de ella.

-Puta que es fome morirse. Pensé.

Si de algo estoy seguro y no me puedo olvidar, es que me saqué la mierda en auto. Lo demás es una laguna en mi memoria. No recuerdo nada más después del accidente, solamente que estoy aquí, el lugar de blanco y ordenado, y estás dos cosas me dan ganas de vomitar. No soporto la extrema rigurosidad en las cosas; prefiero lo que se va armando solo, como en la vida. Todos tenemos más que claro las cosas que están bien y mal, eso es algo innato, según como vayamos ordenando y tomando estas decisiones es como nos va a ir en el futuro. Desgraciadamente ese es el orden de las cosas, el tiempo también lo posee y es incontrolable, es este quien nos va quitando la vida de a poco. Bueno también en gran parte lo que consumamos o las cosas que hagamos, pero eso ya lo dije recién así que se entendería por algo cíclico.

-Ya despertaste jovencito. Estaba bueno ya de dormir. Me decía una voz a lo lejos.

-¿Dónde estoy, me morí cierto? Respondí inocentemente.

- Si estuvieras muerto lo más seguro es que yo no te estaría hablando.

-Entonces esto es un sueño.

-Estás en un hospital y déjate de hacer bromas niñito. Estuviste en coma tres meses. Respondía la voz que cada vez se iba acercando más a mi, hace rato ya me había dado cuenta que era una mujer, por el timbre claro. Cuando se acercó un poco más me di cuenta que era hermosa. Las enfermeras por lo general son muy lindas o muy feas, como que no existe el término medio en esta profesión.

- Bueno contigo parece que fuera el cielo de todas maneras. Respondí galantemente. Últimamente todas las frases me salen como de película y peor aún son inconcientes. Mucha tele creo yo. – Pero cómo tres meses, que hay de mi familia y mis amigos. Volví a hablar.

-Tú familia te ha venido a ver todos los días, lo más seguro es que tu mamá esté por llegar. De tus amigos, no sé realmente. Pero nadie más ha venido.

-Puta los huevones maricones. Pensé.
Nunca me habían dejado tan votado. Por último llamar al hospital, mandar flores o algo así. Si mas que mal estaba casi muerto. Estoy seguro que José sí me hubiera venido a ver…. ¡cresta, José!

-Enfermera usted sabe de un José Ugarte. ¿En que hospital estamos a todo esto? Tenía que hacerle esa pregunta de rigor, lo había dejado en el hospital militar antes del accidente así que la pregunta era necesaria, puesto que podría estar en otro lado.

-Esto es el hospital militar joven.

-¿Y usted sabe algo de Ugarte? Le pregunté

- Espere un segundito joven.
Salió de la pieza en donde me encontraba, caminó un poco más y luego gritó.

-Traigan los calmantes a las 405 por favor, el joven en coma despertó y está preguntando por Ugarte.

-¿Quien es Ugarte? Preguntaba una voz de hombre, que se escuchaba a lo lejos.

-El que despachamos la semana pasada pues, el drogadicto. Respondió la enfermera con un tono irónico.

El José que onda, ¿estaba muerto? No podía ser, despachar tiene muchos significados y no creo que precisamente se tratara del morir.
El lugar ya me estaba desesperando, estaba todo lleno de maquinas, millones de tubitos salían por mi cuerpo y me costaba un mundo poder hablar bien, estaba algo disfonico, por más que trataba de gritar nadie me escuchaba.

Necesitaba respuestas y estas no las iba a encontrar aquí. Si José estaba en su casa podría verlo de algún modo. Como sea tengo que salir de acá. Me tengo que escapar.

21 marzo 2006

Capitulo 3

Prendí el auto y me embarqué en un viaje sin retorno. Mis ojos llorosos miraban por el espejo retrovisor, los tenía rojos. El alcohol y las drogas se hacían notar en mi cuerpo, todas las cosas que veía hacía delante pasaban rápidas y desfiguradas.

Iba a 140 Km, ya no me importaba volver. El mirar hacía atrás me daba cierta sensación de pánico, como sí me fuera a convertir en sal, como si todos mis recuerdos me estuvieran persiguiendo, los recuerdos de esa noche, esos que no quería nunca más volver a imaginar.

José después de que me dijo que le gustaba Andrea, no volvió a despertar. Lo tomé en brazos y corrí hacia el auto. Cuando lo logré subir, partimos juntos (bueno partí solo porque mi amigo no despertaba) a la Clínica.

Allá en urgencias, me estaba esperando su mamá que ya se había enterado de todo por Andrea. Seguramente llegó en el minuto en que yo ya me había ido y el mastodonte la llevó donde la mamá de José y como vive cerca de la clínica no se demoró nada en llegar.

-¡Qué le pasó a mi hijo! Gritaba como descriteriada la mamá de José. – No sé tía se cayó a la piscina pero nada más- Trate de mentirle, no le podía decir que se estuvo drogando como imbecil toda la tarde.

Por un lado me daba pena la mamá de José, primera vez que venía a un hospital por él. Jamás, desde que lo conozco, había entrado a uno. Seguramente ya se le había ido el embrujo de la gitana y ahora tendría que pagar todas las cagadas que se había mandado, ahora como que se ganaba el Kino acumulado.

Una vez que José entró a los pasillos de no sé que cosa, empezó lo que yo no quería. El interrogatorio.

- La Andrea me dijo que se estuvieron drogando. ¿Es cierto eso Simón?

-Puta la hueona hocicona. Respondí como por instinto.

-¡Que fue lo que dijiste pendejo de mierda! Me gritó la mamá de José.

Nunca la había visto tan histérica, bueno yo tampoco estaba reaccionando de la mejor manera, así que me merecía por un lado este trato.

-Tía por favor cálmese, sí el José va a salir bien de esta, se lo aseguro con mi vida.

-Es que lo que me preocupa Simón es que mi hijo se está perdiendo y yo siento que tú también vas por el mismo camino. Andrea me comentó que cada vez se están drogando y están quedando peor en las fiestas. Si tú quieres a Josecito, te pido que no te juntes más con él.

Está última frase creo que tocó fondo en mi corazón, como sí me hubiesen lanzado un piedrazo en toda la cabeza. Supongo que el mundo se me vino abajo con lo que me estaba diciendo está vieja, el José mi amigo ya no podría verlo más por culpa de la muy hocicona de la Andrea.

Pareciera ser que cuando tocan a tus amigos las minas que te gustan pasan a segundo plano inmediatamente, la culpa aquí solamente la tenía ella y ahora podría apostar todo a que se está revolcando con el mastodonte, mientras que mi amigo está todo intoxicado aquí.

-Sabe señora, no quiero hablar más y dígale a su Andreita que se vaya a la cresta.

Me di vuelta lentamente y me largué a correr por los pasillos largos y blancos pasados a éter. No quería mirar hacia atrás, tenía miedo a todo, a que iban a decir después, si lo de José era algo serio o si mi situación era tan podrida como lo decía la vieja del José. Tan solo quería desaparecer de la tierra por un buen tiempo.

Llegué a los estacionamientos, prendí el auto y me embarque en un viaje sin retorno. Mis ojos llorosos miraban por el espejo retrovisor, los tenía rojos. El alcohol y las drogas se hacían notar en mi cuerpo, todas las cosas que veía hacía delante pasaban rápidas y desfiguradas.

Iba a 140 Km, ya no me importaba volver. El mirar hacía atrás me daba cierta sensación de pánico, como sí me fuera a convertir en sal, como si todos mis recuerdos me estuvieran persiguiendo, los recuerdos de esa noche, esos que no quería nunca más volver a imaginar.

Prendí la Radio y sonaba mágicamente esto, la canción que más de alguna vez escuche con Andrea en su pieza, ahora ella ya no existía.

De pronto la velocidad del auto se empezó a poner cada vez más lenta, mis manos estaban cansadas y mis ojos se ponían cada vez más arenosos y densos. Me costaba mirar y sentía que el sillón me estaba absorbiendo. Después vino una luz fuerte y un sonido ensordecedor. Luego, todo se fue a negro….








Si quieres saber lo que iba escuchando Simon, haz click aca.

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19 marzo 2006

Muchas cosas pasan po estos días, pareciera que cuando uno entra a la universida todo se te va encima. Hace poco me asaltaron con unos compañeros de U. Por primera vez en mi vida me sentí vulnerable en la calle...

Capitulo 1.

Entre tanto que yo tomaba el vaso, ella me pasaba el pito recién prendido. Su olor inconfundible se esparcía rápidamente por todo el patio de la casa del Pancho Gutiérrez, y como sus padres estaban de vacaciones, era posible hacer todo lo que se nos diera la gana sin que nadie nos molestara.

Estábamos despidiendo las vacaciones y estos eran nuestros últimos días de libertad, sin preocupaciones ni nada que nos pudiera quitar el sueño.

José ya llevaba como tres pitos enteros en su organismo y su estado comatoso era bastante notorio. Ahí estaba el pobre casi muerto, hecho un saco de papas tendido sobre el pasto del lugar.

Los demás, se bañaban en la piscina y jugaban juegos tan burdos como sus propias existencias.

Pero ahí estaba yo, sentado frente a ella como un libro mamotreto de esos que nos pasaban en las clases de filosofía. Imposible de entender, tan difícil como lo que sentía por Andrea. Estaba esperando el momento para decirle la verdad. Mi verdad que a veces trataba de hacérsela notar en etílicas conversaciones, sin embargo, de eso, ella nada sospechaba.

José de pronto se levantó del pasto y se miró su piel toda estriada producto de las largas horas bajo el sol. Mecánicamente caminó en dirección a la piscina y lanzó su deslavado cuerpo al agua.

Ahora que el ya no estaba cerca podría formalizar mi situación, pensé. Este sería el momento y por lo tanto no podría esperar un minuto más para declararme.

Después de unos breves segundos, volví la mirada hacia donde estaba ella, se había ido y el resto también.

Todos se agolparon a la piscina como si fuera algún espectáculo del paseo Ahumada.

De pronto comprendí que para Andrea yo no era su centro de atención, José se estaba ahogando.

Capitulo 2

Después de que Andrea se lanzara a rescatar a José y le hiciera todas las prácticas de primeros auxilios aprendidas en su colegio de monjas, todo volvió a la normalidad.

Aquí todos están acostumbrados a las gracias de José, estos sucesos se presentan cada vez que se droga y no era tampoco de extrañar que su estado en cada junta fuera peor.

Lo que es yo, estaba con el vaso de cerveza intacto, no me había parado de donde estaba. Que mi amigo se estuviera ahogando no me producía ninguna preocupación. Lo raro es que por más desgracias que le pasaran siempre salía sano y salvo.

Una vez me dijo que cuando era chico, una gitana le había hecho una morisqueta y que para él eso había sido un hechizo que lo protegería para toda la vida, por eso creo que cada vez hace cosas más estupidas, para poner a prueba esta bendición de la mujer. El problema está en que siempre sale ileso de todo y nunca aprende alguna lección.

Mientras tanto, Andrea hablaba con un par de rugbystas que se habían colado a la fiesta, eran vecinos del Pancho así que daba lo mismo si estaban acá. A lo lejos escuchaba que uno de ellos la invitaba a dar una vuelta en auto, mientras que el otro no paraba de transmitir sobre el campeonato de la católica y que este año sí que saldrían campeones. Yo miraba a Andrea y ella a lo único que atinaba era a ponerme caras chapuceras, se notaba claramente que prefería al mastodonte morigerado que a mi. No me importaba mucho que se fuera a pasear con él en auto, total le dijo a su mamá que volvería conmigo antes de las diez y media, así que tendría que volver para que nos fuéramos juntos de aquí.

Pasado un rato, y cuando ya todo se había calmado un poco. Me paré y fui donde José que estaba tendido sobre un sillón con una manta encima. Estaba tiritando de frío, tenía muy mala cara.

-José, dame la hora porfa. Le pregunté

-vela tu mismo, no soy tu nana. Me respondió.

Era la una de la madrugada y Andrea no iba a llegar. En cuanto a José, se veía realmente mal y se ponía cada vez más pálido, le daban como convulsiones a ratos. Para mí era puro show, siempre lo hace para llamar la atención.

-Me duelen las coyunturas de los huesos, siento que me voy a morir. Me dijo.

-Pero sí tú teni suerte José, a ti nunca te pasan cosas malas. Por último nos quedamos a dormir acá y nadie en tú casa va a saber lo que te pasó. Respondí.

-Es que me quiero ir para mi casa igual, tengo que hablar con Andrea.

Me pareció extraña esa respuesta, José nunca se había acercado mucho a ella ni cuando estábamos en el colegio. No éramos compañeros con ella, pero su colegio de monjas estaba al lado del nuestro y como el Pancho Gutiérrez conoce a todo el mundo nos la presentó. José casi no le hablaba.

-Y para que quieres hablar con ella, yo creía que te caía mal. Le dije

- Quiero decirle que me gusta.