27 septiembre 2006

Deep


Saqué la última aspirina del botiquín. No sé bien por qué lo hice, pero supongo que me hará sentir mejor. No me duele la cabeza, pero es como un efecto placebo el que ésta pastilla hace en mi. Me miro al espejo y siento que no he dormido en años, los ojos me pesan y la cara se ve completamente demacrada.

Haber señor, parta por el principio, de momento no le entiendo de lo qué me está hablando.

Tomé el bus que supuestamente me llevaría a cambiar mi vida, el que me devolvería todo lo que había perdido tiempo atrás. Familia, hijos, amigos, aquí ya no me quedaba nada. Acá todo era un vacío en las calles, tanto en la ciudad como en mi vida personal, no entendía bien lo que me pasaba. Estaba perdido.

Pero si recuerdo que usted algo importante hizo en viña del mar, su cara me es familiar.

No entiendo bien, dicen que cuando uno entra y sale en los diarios, tiene cierto prestigio entre los reos. El problema fue que no quise pasar por la famosa iniciación como lo llaman allí.

¿Y que pasó entonces?

No quiero hablar de eso, me trae malos recuerdos. ¿Es estrictamente necesario?

Si quiere terminar luego con esto, debería contármelo.

Allá adentro, es otro mundo. Manejan códigos y palabras que uno no conoce. Si uno no pasa la iniciación, te manduquean todos. Me hice amigo de un par que estaba allí, pero no era suficiente para luchar contra el resto. Trataron de violarme, ese era el rito para ser aceptado, me negué y tuve que pagar las consecuencias. Bueno, el que las pagó no fui yo finalmente, el Rana se llevó la peor parte.

¿Cómo es eso? explíquese mejor, aquí nadie escuchará. Yo estoy aquí para ayudarlo.

Entré a la cárcel por estafa. Según mi abogado, el trámite sería corto, tan sólo un paseo de no más de dos días. Tenía confianza en que me sacaría luego de ahí. Pasaron semanas y meses y no llegaba nunca mi sentencia, estaba esperando poco menos que un milagro me sacara.

Me hice amigo de Roberto Cárdenas y Gustavo Rodríguez. Sí, los diputados. Los que estaban en el asunto de las coimas con el gobierno. Bueno, yo era parte de esas coimas, el autor intelectual del asunto.
Adentro nos trataron mal, desde los gendarmes hasta los perros huachos que llegaban a hacernos compañía. Éramos lo peor, todos los reos de esa penitenciaría estaban dentro por crímenes, asesinatos, violaciones y cosas así. Nosotros éramos los ruciecitos, así nos llamaban.

A la semana, Gustavo tuvo que chuparle el pico al Rana. El matón del lugar, estaba adentro por asesinato, mató a su familia y la enterró en su patio. En la población, el contrataba a las putas y en su casa las amarraba y las mataba, luego procedía a cortarlas en pedazos y las guardaba en el refrigerador. Sin duda alguna era el más temido de todos adentro, él la llevaba, prácticamente era el intocable, además manejaba relaciones con los mismos gendarmes del recinto. Le pasaban drogas para la angustia y cigarros por las noches, no había resguardo policial. Era el rey de la peni.

Prosiga, su relato es bastante interesante

Él fue quien me trató de violar, tenía que pasar primero por él y dejarme que toda la manga de huevones de su banda me rajara el culo a cachas. Me arranqué. Dormí dos días en el patio, allá hace frío y la ropa de mierda que nos pasan es tela de cebolla.

Pasó el tiempo y Rodríguez ya se había hecho amigo de los Tiras, como se hacían llamar el grupo del Rana.

Estaba desesperado, varias veces traté de suicidarme, me robaba las sábanas y me ahorcaba, pero no había caso, eso que dicen que el infierno esta aquí en la tierra y que los pecados se pagan acá. Puta que tiene razón es dicho.

Pasaron los meses y me tenían de júnior. Hacía todos los trámites adentro, era el que daba los recados de un bando a otro, el que pasaba los cigarros y los papelillos para la angustia. Allá se fuma pasta base, nada más. Según los más viejos, los que llevan años allí. Me contaron que las drogas empezaron a entrar en los años de la dictadura, de esta manera los tipos se drogaban y no hacían escándalo, desde ahí que las cosas han ido empeorando.

Pero cuénteme cuando llega el quiebre en su historia, cuándo pasa lo que me vino a contar.

Fue cuando me quedaba el último día para salir. Le dije al Rana que esa noche dejaría que me hiciera lo que quisiera. En el día, en el taller de mueblería, me había hecho un cuchillo de madera. Me habían enseñado los mismos tipos, le sacaban filo y los usaban para pelear.
Quedamos de juntarnos en los baños a las dos de la madrugada. La condición, tenía que ir solo.

Cuando llegó, lo abracé y le di las gracias por no haberme hecho nada malo. Me dijo que me bajara los pantalones, en el acto, saqué el cuchillo y se lo enterré en el estomago, luego lo forcé y lo quebré. Se quedo con el pedazo de astilla adentro. Cayó al suelo y lo empecé a pisar en la herida, mientras lo hacía la sangre salía a borbotones. El líquido caliente me salpicaba en la cara, estaba aún caliente. Los gritos nadie los escuchaba, creían que era yo el que gemía de placer. De pronto el sonido se silenció, la sangre corría por las baldosas negras de hongos y se iban por las canaletas del meadero. Tomé el cuerpo y lo lancé al patio. Adentro todos se hicieron los huevones. Al final, todos odiaban al Rana.

¿Qué es lo que sientes en estos momentos?

Matar a alguien tiene un placer. Pero después, su rostro me persigue en la calle, a veces creo verlo sentado en el asiento de al lado del metro. Me busca hasta en los sueños. Por eso estoy acá, no puedo seguir con esto. Siento que la conciencia me va a liquidar.

Bueno, pero ese tema lo tendremos que dejar para la próxima sesión, estamos en el tiempo. Hable con mi secretaria y pida otra hora. Hasta luego señor y no se pierda pues.

Hasta luego.

…Huevón, te acordai del Loco de viña, ese que salió en los diarios… Sí po huevon, el mismo. Lo estoy atendiendo yo. Se pitió a un tipo en la cárcel, está cagao... ¿Mi diagnostico? No sé todavía, depresión yo cacho. La próxima vez que venga yo creo que sabré con certeza. Igual tiene como para un año….Sí, lo mismo de siempre, las pastillas y listo…Ya hablamos, nos vemos más tarde... Sí, con éste me hago millonario…Ándate a mi casa y te cuento los detalles… Chao.

Saqué la última aspirina del botiquín. No sé bien por qué lo hice, pero supongo que me hará sentir mejor. No me duele la cabeza, pero es como un efecto placebo el que ésta pastilla hace en mi. Me miro al espejo y siento que no he dormido en años, los ojos me pesan y la cara se ve completamente demacrada. Está oscuro y siento que me están observando. No puedo seguir con esto, siento que está en mi departamento, sentado tomando café conmigo. Quiero llorar, desaparecer, dejar de existir.
El balcón siempre ha sido mi salida, mi vía de escape. Hoy corre más viento de lo normal, es calido. Me gusta. Las luces de Santiago brillan más que de costumbre.

Tocan la puerta. Tienen llaves, la están abriendo. Me lanzo…

25 septiembre 2006

Freak
Cinco y media de la mañana y la música aún sonaba, parecía Pearl Jam. Sí, ahora que lo recuerdo bien, era Pearl Jam, el tema Garden, del disco Ten. Me acuerdo que ese me lo había pasado Martín hace tiempo atrás, antes de que se fuera de viaje por el mundo. Pocos días antes de irse me preguntó si yo tenía su cd, le dije que no, porque no me acordaba en realidad. Después, y me refiero a un buen tiempo después, lo encontré en un cajón donde guardaba los comics, de ahí que se lo he querido devolver, pero ya no sé por donde andará.

-Cámbiate de carrera huevon. Si te querí un poco, hazme caso, vas a hacer un muerto de hambre y no te lo digo porque yo lo sea, sino porque todos mis ex compañeros están cagados. Lo que es yo, me voy luego a Nueva York, a trabajar en la CNN.

-Media huevá po, está bien que me di consejos, pero si tus compañeros quedaron cagados y la mayoría de las minas terminaron de secretarias o de corredores de propiedades. No significa que termine igual de cagado. Además quiero estudiar diplomacia después, así que no me vengas con huevas a mí. Respondí algo enojado.

-Ya pendejo, no te hueveo más, pero yo soy tres años más grande que tu y sé lo que te digo. Además la diplomacia es para gente inteligente, no para huevones curados como tú.

-Ya ok, anda a carretear mejor. Respondí hecho furia. Sabía que si seguía conversando me iba a calentar más de lo debido y no quería mandar ningún combo o empujón. Además iba de ultra-colado así que nada que ver igual.

Pasaron las horas y todo seguía igual, el trago aparecía como por arte de magia y yo me dedicaba a conversar con mis ex compañeros y a molestar a los más grandes. Aunque de grandes no tenían nada, dos años más que yo o tres y eso.

De pronto un bocherío quebró la normalidad de la fiesta. El tipo que me estaba conversando gritaba y decía cualquier cosa al aire. Pegaba empujones y se movía de un lado a otro. Luego, toda la gente se movía y salía de la casa, a la calle. Parece que había quedado la grande. Salí a ver.

Entre un tumulto de gente, había un auto todo abierto, sin la radio ni los parlantes, una de las llantas estaba rajada por la mitad. Le habían saqueado el auto por completo. No sabía bien de quien era el vehiculo, pero era último modelo, recién comprado al parecer y estaba todo enchulado. Resaltaba más que los pedazos de chatarra al lado de él. Era obvio que se lo iban a robar, muy huevón el tipo que manda a arreglar su auto, es como decirle a los ladrones: ROBENME.

-¡Mí auto por la puta! Gritaba el tipo que me había molestado dentro de la casa – Recién comprado por la concha de mi madre, que le voy a decir a mi papá.

- ¡Que te lo robaron po, saco hueva¡ Gritó uno de los amigos.

Risas en general.

-Por maricon. Pensé. Aparte de pesado hijito de papá.

De pronto comenzó a sonar Black dentro de la casa y yo tenía mi piscola igual de black que la canción. Me acordé de Martín y de su cd, tambien de un par de personas más. Dejé a medio mundo y entré nuevamente a la fiesta.

22 septiembre 2006

Capitulo 8

A esas alturas de la mañana pasaban micros, tomé la primera que pasó, la que me servía para irme a mi casa. Poco me importaba un reto de mis viejos, sentía el cuerpo cansado y lo único que quería era una cama para poder dormir. Ya no quería luchar más, si José aparecía, si Andrea quería volver a mí, se lo dejaba todo al destino. Que éste pusiera las cartas sobre la mesa y que otro las barajara, pero yo no quería jugar más.

Me bajé, caminé un poco y vi mi casa vacía, no estaba el auto y la puerta estaba cerrada. Golpeé y grité un par de veces. No había nadie.

Salté la pandereta de mis vecinos y como un gato llegué a mi patio, la ventana del baño estaba abierta y por ahí entré. Todo estaba tranquilo, en silencio. Subí las escaleras y abrí la puerta de mi pieza, olía a incienso y a esos spraits que tiran en las casa para el olor. Mi cama estaba hecha, desde hacía mucho tiempo que no veía mi pieza ordenada. Sobre mi escritorio había unas cartas y regalos y postales de muchos colores. Mis amigos sí se acordaron de mí en el tiempo que estuve en el hospital.

Decidí acostarme y olvidarme un poco de todo, pero sobre mi cama había una carta, era de José. La abrí y decía: “Te estoy esperando y no te culpo, la culpa la tenemos todos. Nunca pusimos barreras, límites a nuestro cuerpo. Ahora somos como héroes entre el grupo de amigos, los fotologs se llenan de comentarios cuando ponen fotos donde salimos los dos. Somos lo máximo hombre, como Kurt Cobain. Un icono de rebeldía.
Si lees esto, espero que llegues luego a mi casa. Tenemos que hacer bien nuestra historia e inventar unas cuantas para cuando nos juntemos con el resto…Te quiere, tu amigo, José”.

-Hijo de puta. Pensé. Jamás creí que toda la mierda que había pasado por estos días podría transformarse en esto, en una ironía, un icono. Una mierda, esto es una mierda. Hijo de perra, cree que porque se curó y se intoxicó va a ser parte de todo lo que he pasado. Está equivocado.

Tengo que hablar con él, pero hoy no. Hay que dormir.

15 septiembre 2006

Este cuento pensaba hacerlo más largo, pero al parecer me aburrió. Debo terminar lo que empiezo. Sí lo quieren ver editado, enchulado, con fotos, o ver otros cuentos, reportajes, entrevistas y cuanta cosa quieran, lean acá Paniko
Volviendo a casa
Eran casi seis años sin verlos, tal vez más. Yo lo único que llevaba en mente era un par de titulares, el primero de una incautación de drogas y el segundo, sobre el accidente automovilístico que me tenía aquí. Es difícil no ver a las personas en un buen tiempo, uno siempre las lleva en la mente, las imagina y con eso, las desfigura. Se idealizan, como todos o la gran mayoría de los jóvenes que estaban de negro en ese funeral. Lo mejor de las familias de clase alta del pueblo, hijos de comerciantes árabes, de destacados doctores, de alcaldes, gobernadores, concejales. Todos tenían algo con que resaltar. Eso los hacía ser parte privilegiada del pueblo, entrar gratis a los bares de mala muerte, prostíbulos, tener drogas y conseguirlo todo fácil, ahí los apellidos pesaban y más aún si tus padres o abuelos eran importantes en el sector.

Creo que una vez había entrado a ese cementerio, tenía vista al mar. Estaba lejos del pueblo, pero era el placer de todos ir a morir allá. Sí, lo recuerdo bien. Fue cuando entré al colegio, en ese verano había muerto ahogado un primo del que ahora estábamos enterrando. En Papudo, en una playa famosa por los innumerables remolinos que se hacían en el agua y con ellos atrapaban a cuanto veraneante podía. En ocasiones, el mar devolvía a sus victimas, en otras, no perdonaba.

Era chico y no entendía muy bien lo que pasaba, primer día de clases y una misa en memoria del que no pude conocer. Mis compañeros me decían que ahora estaba mejor, que el cielo es un gran mar donde ahora podría nadar tranquilo por mucho tiempo.
Este niño, además había sido alumno del colegio donde ahora tendría que estudiar. Iba en el mismo curso donde yo estaba. Nadie entendía muy bien el significado de la muerte, pero los curas del colegio sabían manejar mejor que nadie esos temas. Los transformaban en tabú, no se hablaban o daban explicaciones incoherentes. Nosotros, entendimos que ahora estaba nadando eternamente en el cielo. Cuando nos acercamos a la tumba, adentro no había nadie, sólo una foto. El mar nunca lo devolvió.


Corría un viento helado. A lo lejos, se veían las olas golpear con las rocas y, a ratos, llegaba esa brisa húmeda de mar que tanto extrañaba. El olor a tierra recién mojada, a pasto y los aromas de la naturaleza, me transportaban a la infancia. En el horizonte, el sol se estaba escondiendo, los tonos naranja y violeta cubrían todo el cielo, el agua se teñía con esos colores, se mezclaban. Hacía el amor el cielo con el mar, eran uno.
Acá, en cambio, los tonos eran diferentes, el silencio llegaba a ser adormecedor. Los colores eran grises, blancos y negros, el pasto mimetizaba el olor a agua estancada y a flores podridas. En este cerro todo era distinto, era otro Viña del Mar, con otra gente, con recuerdos rotos y promesas sin cumplir. Con calles propias y mausoleos distintos a la arquitectura típica de puerto. El ambiente era umbrío, triste.

Dentro de la pequeña multitud que despedía al accidentado, habían tres personas que estaban fumando aparte del grupo, un poco más lejos del funeral, en otra tumba. Me acerqué a ellos, todos de negro, miraban el suelo como si de éste fueran a salir las respuestas que buscaban. Ninguno hablaba mucho o más de lo debido, sólo se dedicaban a darles grandes caladas al cigarro, a olvidarse un poco de todo.
Ya cuando estaba cerca de ellos les pedí fuego.

- Sí, acá lo tienes. Respondió.

Y sacó de su bolsillo un encendedor y se acercó para prender mi cigarro. Sus ojos se abrieron, se sorprendió. No esperaba que estuviera ahí, que hubiera viajado para ir a despedir a nuestro ex compañero.

- Benja. Tanto tiempo. No esperaba verte acá.

- Diego, las noticias corren rápido y sobre todo las malas. Respondí

- Desde luego. Y a ellos, ¿los recuerdas? Y me señaló a Felipe y Mario, los compañeros con los que más me juntaba en el colegio y fuera de él.


Mario era primo hermano del que se había ahogado hace años atrás y primo lejano, como en segundo grado, del actual fallecido. Su familia era de comerciantes árabes, todas ligadas entre sí. Tenían el monopolio del comercio en el pueblo y las pequeñas ciudades cercanas. Estaban constantemente estafándose, escondiéndose dinero y robándose entre sí. Uno se podía dar cuenta cuales eran las familias de turno, en el colegio se armaban grandes peleas entre primos, que en un principio, nadie entendía muy bien. Pero con el paso del tiempo nos dimos cuenta que los problemas de adultos también se pasaban a los hijos, como una lacra, pero con el tiempo esas heridas se iban dispensando lentamente.

- El colegio lo cagó Benja, como nos cagó a todos. Estos curas nos lavaron el cerebro, nos llenaron de trancas. Al final, el prestigio de haber salido de tan buen establecimiento se nos va a la mierda. Tuviste suerte de irte a tiempo. En Santiago las cosas son distintas, se vive distinto. Comentó entre sollozos Mario, que ya no sabía bien donde estaba, sentía un poco de frustración, de odio, de impotencia.

No sabía que decirle, como contestar eso. Tenía razón, los curas habían dejado su huella en nosotros, una estampa que hacía diferenciarnos del resto en el pueblo. Sabíamos perfectamente quienes iban y quienes no en el colegio, era algo simplemente en la presencia. El corte de pelo, la forma de pararse, de hablar, de estar en público. Todas esas cosas nos diferenciaban del resto. En Santiago las cosas cambian, eso ya no sirve. Hay que reformularse todo, la manera de pensar, la forma de ver el mundo. En la capital, las antiguas enseñanzas del evangelio, no sirven.

- Te acuerdas de esta lapida Benja, es la de Cristian. El compañero que murió ahogado. Dijo Diego.

- Sí, fue en el mismo año en que llegué. Respondí mirando el suelo.

El epitafio decía algo como “te queremos y en nuestros corazones te recordaremos”. Siempre me quedó dando vueltas la muerte de él, sentía que había llenado el vacío que él dejó en la sala de clases, que fui el vacante que faltaba para completar el número en el curso. Con el tiempo lo fui olvidando, se fue borrando en mi mente su figura, la foto en el ataúd.

- Tuviste suerte huevon. Desde que te fuiste las cosas no cambiaron mucho, pero tú por lo menos pudiste leer otras cosas, salir de este pueblo de mierda. Aquí todos nos hicimos algo prisioneros, nadie quiso ir mas lejos que Viña del Mar. Todos terminaron estudiando acá, algunos ni siquiera sacaron carreras universitarias. La gran mayoría se dedicó a aprender el funcionamiento de las empresas o los fundos de sus padres. Dijo Felipe. Concentrado mirando el mar, fumando el cigarro hasta las últimas.

Yo estaba más pendiente de mis pensamientos y de escuchar a ratos las palabras del sacerdote en la ceremonia. Mario sólo se dedicaba a lanzar diatribas en latín contra la iglesia. Sabía que ella había matado a su primo. Aún cuando lo que ésta profesaba era amor y paz. Nosotros cuatro teníamos claro que la prisión Colegio San Pascual Apóstol, nos destruía, nos sujetaba a creer cosas impuestas. Por eso, al salir del colegio y ya en los últimos años, nos reventábamos como si el mundo se fuera a acabar. Queríamos probar todo lo malo que dijeron alguna vez nuestros profesores. El sexo, las drogas, el alcohol, la literatura prohibida, carreras mal vistas. En ese entonces todo para nosotros era nuevo, tenía un buen gusto, adrenalina a la vena.

Luego vino un silencio incomodo, de esos que llegan a doler los oídos. Cada uno trataba de quebrarlo, de romper con ese hielo que había llegado para quedarse, que permanecía inmóvil sobre nuestros cuerpos, sujeto en el aire. Yo, recordaba.


Todos formados en filas perfectas. Lunes en la mañana, en ayunas, esperando entrar a la misa rutinaria de la semana. Algunos, los más grandes, sacaban de sus bolsillos dulces o chicles para calmar el hambre. Nosotros los mirábamos como el acto más valiente que podían hacer. Ir en contra de las normas establecidas por los sacerdotes del colegio, era casi un pecado.
Diego, siempre iba delante de mí en la fila. En aquel entonces no poseía esa gallardía que lo caracterizó años después, como el campeón de los burdeles, conocía a todas las prostitutas del pueblo. Incluso llegó a enamorarse de una, de Scarlet. Sus ojos y su figura infantil, deleznable, virginal, la hacía tener el atributo necesario para esconder su verdadera condición. Jamás se les vio juntos, pero los más amigos, sabían de todo lo que pasaba. Con el paso del tiempo, los dos se dieron cuenta que no podían concretar nada, que sólo llegarían a los encuentros carnales de fin de semana, en el burdel. O los inesperados encuentros en solitarios callejones, donde consumaban sus placeres, los calores de la semana, las fiebres desesperadas de un joven de quince años.
Años después, en el bar Luna Creciente, en Valparaíso. Nos contaron que la Scarlet había armado su propio prostíbulo en el puerto de San Antonio. Se había casado con su cabrón y ahora él se dedicaba a la trata de blancas, mientras que ella administraba el local.
La actitud inequívoca de todos fue guardar silencio, pactar ese secreto con la sangre de nuestra amistad. Los ojos de Diego estaban llorosos, se había enamorado. Su mirada lo demostraba, era franca e indefensa. Desde ese día, no se habló más del tema.

-Ahora viene la parte de los abrazos. Interrumpió Felipe – Deberías ir, hay varias caras conocidas. Agregó.

-Sí, aunque lo hago más por educación. Los únicos que me interesaban ver eran a ustedes y bueno… Roberto, claro. Respondí con toda sinceridad.

El funeral había terminado y ahora las elocuentes lenguas, la de las viejas que aprovechan toda ocasión para hacer vida social, ahora disparaban sus dardos a todo el mundo, dando el pésame a los familiares y a todos en general.

- Porqué no te haces cargo de las viejas copuchentas, Mario. Eres el más idóneo para entretenerlas ¿No recuerdas a la mamá del Pancho Silva? Dijo en un tono burlesco Felipe.

-¿Y tú mamá no te ha contado nada, Felipito? Acaso crees que tu hermano chico fue un chiripazo de tus viejos. Respondió Mario con su típica pesadez.

-Mejor caminemos al auto. Benja ¿Vienes con nosotros? Preguntó Diego - ¿Por los viejos tiempos?

-Por los viejos tiempos. Respondí, prendiendo al mismo tiempo uno de los cigarros añejos de mi bolsillo.

13 septiembre 2006

Treinta y tres y sacando cuentas



Sebastián Fuentes.


Estamos a treinta y tres años de uno de los sucesos que mas han repercutido en la memoria colectiva de los chilenos. El 11 de septiembre de 1973, el país se fracturó, se quebró en dos partes casi irreconciliables. Ese fue el día en que Augusto Pinochet – el general que todos conocemos – hizo un golpe de estado al gobierno de Salvador Allende, presidente socialista, quien alcanzó a gobernar solo tres años. Sin embargo, esta dictadura militar no contó con todo el apoyo nacional. La mitad del país, lo apoyaba y dentro de la otra mitad habían militares que no estaban de acuerdo con lo que implantaban los generales golpistas – que en ese tiempo no tenían nada de generales-, gente cercana a los partidos de izquierda y obviamente toda la unidad popular.

Desgraciadamente, muchas personas tuvieron que irse de Chile y no por gusto, sino que fueron los perseguidos politicos, los que sintieron y vieron el terror en verdaderos campos de concentración, como lo fue el estadio nacional. Se produjo un caos, el miedo era tan grande que padres acusaban a sus hijos de comunistas, hijos que entregaban a sus padres, familias divididas por ideologías, compañeros de trabajo que hacían de sapos, que apoyaban la dictadura y acusaban a sus amigos de “subversión”.

Nosotros que somos jóvenes, todo esto lo vivimos por relatos, historias que se fueron traspasando, algunos contaron la historia con odio, otros con recuerdos felices. Nuestra generación solamente tiene que formarse una opinión propia. La historia está escrita. Algunas personas dicen que los libros históricos los escriben los ganadores, como el caso mapuche con los españoles. Estos fueron escritos por los peninsulares, los europeos. Yo pienso que este trozo de la historia, a estas alturas, ya tiene de las dos partes y no existen ganadores ni perdedores, no se podría definir así un momento de nuestra historia que hasta la gente de derecha la recuerda como un momento de muchos errores y de sufrimiento.

Hace pocos días, la moneda volvió a estar en llamas. Mucha gente que estuvo dentro del palacio de estado, en el momento que fue bombardeado, vio esta escena, como una polaroid de recuerdos. Recuerdos dolorosos que la retina y la memoria no pudieron borrar. La gente que estaba marchando tranquila por las calles, no lo podía creer. Algunos aplaudían este acto como simbolismo de anarquía. ¿Esto a que ayuda a la reconciliación nacional?
Son terroristas, sin duda alguna, lo son. La democracia ya se ha impuesto en nuestro país, una democracia que muchos lucharon, muchos murieron en el intento de recuperarla y ahora que vivimos en ella, aun así hay ciertos grupos que no quieren vivir en ella, la anarquía no cree en las instituciones gubernamentales.

Los desmanes de ese mismo día, la mayoría de los detenidos fueron menores de edad. ¿Por qué lanzan piedras, por qué se encapuchan? Quizás es mucha la televisión que vieron cuando niños, muchas películas de guerra. Nosotros somos hijos de las movilizaciones, no de la dictadura. Lanzar piedras, no va a ayudar a cellar las heridas de hace tres décadas atrás. Hoy existe libertad de expresión, pero de manera sana no de esta forma. Liberando rabia, odio y por qué todo esto.

Siento que toda esta masa aprovecha las instancias para liberar su descontento con la sociedad en general. La democracia llegó, pero muchos sectores pobres, no salieron de la miseria. Estos escolares que reclamaban el once, seguramente no era por el golpe militar, sino era una ira con la democracia, una rabia que soslayaba todos los sentidos de la dictadura. Ellos aprovechaban la ocasión para demostrar que la sociedad actual está mal. De igual manera un partido de fútbol, un clásico por ejemplo, estas son las instancias en que la gente libera la rabia contra el sistema, que a pesar de estar en democracia, arrastra muchas cosas de dictadura.
Una economía privatizada, un sistema de organización de ciudad que tuvo su máximo esplendor en la dictadura, donde las periferias se transformaron en verdaderos guetos. Ahí se concentró el odio, las dificultades para surgir, donde eran oprimidos por el régimen militar y que luego, llegada la democracia, se vieron en las mismas condiciones de no poder surgir.

Son esas personas las que hacen que los días once de septiembre sigan siendo iguales cada año. Son esos jóvenes, cuyos recuerdos inexistentes de un 73, reviven siempre la violencia. Las historias que escucharon de sus padres, en aquellas épocas pasadas, estoy seguro que ya no existen. En sus drogadas mentes, a lo único que prestaron atención fue al odio, al sentimiento de que la torta se repartió mal antes y que aún sigue mal repartida. Ellos son los que se quedaron con las guindas de la torta. Los que no vieron ni sintieron el progreso en la dictadura, ni tampoco lo sienten ahora. Son un grupo estancado, impedido de surgir masivamente, el sistema no les permite eso.

A veces cabe a pensar que sus padres contaron bien la historia, que en los tiempos de Allende la educación era gratis, que en los hospitales podían ir todos a atenderse sin tener que dejar un cheque en blanco de garantía, que los niños podían tener un vaso de leche diario. Fueron aquellos tiempos, donde los que más necesitaban, tuvieron voz y voto, el gobierno los escuchaba y ponía atención a los que realmente vivían en malas condiciones. Porque para qué preocuparse de la gente que tiene plata, si total, los que tienen casi nunca les va a faltar. Sin embargo, la derecha se encargó de que sí les faltara, para que la preocupación y el descontento fuera masivo. Entonces, a mi parecer, caben dos posibilidades de lucha para estos onces de septiembre, el sentimiento de nostalgia de un pasado mejor o una guerra contra el gobierno democrático o a la política chilena que no los ha podido sacar de su estancamiento.

Yo, me quedo con las dos.

05 septiembre 2006

Aburrido
Vuelve a recordar, lo que olvidaste llevar.
Ven, jugando a abrazar el vacío.
Sobrevive, la última cerveza del refrigerador.
Y no hay nadie.
No hay nadie,
A veces, vienes y vas,
Como las olas del mar.
A veces crees encontrar, lo que en tus ojos perdiste
En nuestro rápido pasar.
Y crees que olvidaste recordar, fue más preciso llegar, abrazando al vacío
Viendo lo mismo, sangrando las mismas heridas, las mismas costras
Que alguna vez creíste borradas.
A tout le monde,
A los cercanos,
A los que estuvieron y los que creyeron estar, pero que en verdad fue por obligación.
A tous mes amis
Y los que lo supusieron también, a los que estrecharon las manos y nada recibieron.
A ellos y a los presentes.

Salud!

31 agosto 2006

Vetado

Eran celos, estoy seguro que los eran. Tenía la necesidad de correr, de perderme entre la multitud y entre todas las luces de neón que adornaban la puta ciudad. Estaba tan seguro que era ella, pero precisamente no estaba conmigo, era él quien completaba las horas vacías de su tiempo, el que no lo llenaba conmigo. “Imbécil”, pensé, “cómo fui capaz de que se me escapara de las manos”.
El cielo se empezaba a nublar y las primeras gotas del invierno comenzaban a caer sobre la gris ciudad. Yo, sólo quería desaparecer. No aguantaba este sentimiento, golpeaba las paredes y a la gente que pasaba a mí alrededor. De pronto, en una disquera sonaba a todo ritmo Careful with that Axe, Eugene de Pink Floyd. De apoco las cosas fueron más claras. Tomé el hacha de mi vecina. El resto es historia

28 agosto 2006

Relleno


Antes tomaba Free, no me acuerdo mucho pero me gustaba. Ahora soy adicto a la Coca, sí, a la Coca. No la puedo dejar, todos los días necesito tomar Coca-Cola, filo con la huevá anticapitalista. A veces creo que se me fue un poco a la chucha los ideales.
Descubrieron que Plutón no es el planeta más chico. Raro.
Todo relativo. Hoy anduve con creatividad, ahora no tengo ni un poco.
Cuando chico creía que podía volar. Sí, lo quería mucho, al puro estilo Peter Pan. Hice la prueba y me saqué la concha-de-su-madre y no pude volar, eso es lo peor de todo.

Llegaron unas cuarenta gringas de intercambio a la Universidad. La lluvia de Blondon y yo pensaba que las puras chilenas se teñían.

Iba en el furgón escolar y al lado mío una niña se puso a llorar. La radio, que por aquel entonces la más top era la Rock and Pop anunciaba una tragedia ultragrave. Yo, pendejo, no cachaba ni una. Le pregunté a la niña porque lloraba y me dijo que Kurt había muerto, algo sabía del weon, me dijo que de un tiro y listo.
Pienso en esa generación, la que Coupland le puso apellido, la X. Alabó y sigue alabando gurús muertos. Eran los post todo, odiaban todo, parece que tanto era su malestar que terminaron acabándose ellos mismos.

En la peatonal, tomaba y tomaba y no me hacían ningún efecto los tragos. Algunos tolleros más experimentados, me dijeron que era por el calor, la transpiración constante hacía que botara el alcohol. Raro, si es así, allá padecerían todos cirrosis.

Eran veinte textos distintos, y ninguno concordaba. Pensaba puras tonteras, entre ellas llegó una que me hizo darme cuenta que casi no tengo recuerdos de infancia, recordaré sólo hechos puntuales. En fin, el lugar donde vivía era muy anacrónico.
Harto árbol, uno que otro caballo y puras cosas así como se las deben imaginar.
Una vieja me leyó la mano y me dijo que me iba a desenchufar del mundo, que iba a salir del tiempo, onda desconectarme. Dijo que podía ser un accidente o una opción de vida, alejada de todo contacto con la gente.
No creo, puras hueás, si pasa mala cuea. Lo malo sería que me perdería de muchas cosas. Sí la gente creyera todo lo que le dicen, serían más imbeciles que personas.

Iba a subir un cuento, pero lo mandé a un concurso y la típica de esas cosas es que tiene que ser Inedito. Pfff, si no gano –que es lo más probable, porque siempre me llevo los premios de consuelo- lo subo. Si gano, me compro dos libros con el premio y el resto lo regalo a una institución o a un colegio pobre. Falta que la gente lea, pero cosas buenas. No estas tonteras de puro relleno…



21 agosto 2006

Yunkie


Hoy desperté sin recuerdos.
Vacío, con los ideales trizados.
Soñé que lo que tocaba se volvía polvo,
Que nada era eterno y una voz me decía que pronto
El mudo irá a caer, no le creí del todo. No ando por la vida creyéndome
Nostradamus, pero se repiten, una y otra vez.
Como las películas de reposición del Normandie, varias veces son las mismas,
Y la gente va igual.
A ver lo mismo.
A tejer los mismos diálogos inventados.
A ver películas malas, con vidas perfectas, atardeceres perfectos,
La mujer perfecta con el hombre perfecto, que al final terminan felices.
A veces, dan películas buenas, con hombres imperfectos, amores imposibles que no
Se logran, porque son imposibles, con atardeceres nublados y lluviosos y toda
Esa mierda santiaguina de la cual estamos todos enamorados al fin y al cabo.
Hoy me duche y no pude pensar en nada, era porque no tenía recuerdos.
La botella de vodka y prozac ahora me dan vueltas en la cabeza.
El agua cae sobre mi cabeza, y yo sin recordar nada. Al fin y al cabo, la ducha nos limpia. La verdad, yo no sé de qué me limpia a mi.

19 agosto 2006

El desagradable pero alucinante Pink Flamingos



Una película de cine de Culto, la que los artishtas ashi hablan de lo mejor que puede haber producido John Waters. Esta cinta de 1972, exacerba la humanidad llega a lo más repulsivo del hombre.

Hace tiempo fui a verla al Normandie y no pude contenerme las ganas de cerrar los ojos y no seguir viendo, las caras a mis lados eran completamente iguales y otros pocos – muy pocos – miraban fascinados uno de los tantos films prohibidos en la dictadura.
Ahora que la están regalando en el Cinemax – a altas horas de la madrugada – tenía la posibilidad de cambiar de canal.

Es una película de bajo presupuesto, donde los principales actores – un travesti, llamado Divine, que más que mujer o intento de ésta, parece payaso – luchan por ser más repulsivos y asquerosos del mundo, hay otra familia que lucha por ganarles. Pero no, quedan muy lejos de alcanzar a Divine e hijo.

En resumen de cuentas, es una película cerda, asquerosa, pero a la vez interesante en su propuesta. Llega a ser tan cochina que uno se asombra por la realidad. Fuerte. Más extremo aún es la escena final donde el travesti se come un mojón de perro. Según Waters, esta escena no estaba programada en la película, simplemente le nació al actor en el momento. Simplemente asquerosa. Pink Flamingos, lo mejor del cine de culto y bizarro.

Seguramente Cha la vio, si es así deja tu fucking mensaje.

09 agosto 2006

COMO SER UN GRAN ESCRITOR

tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
quédate con la cerveza,
la cerveza es
continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien igual.
Charles Bukowski

05 agosto 2006


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Capitulo 7

Mientras iba bajando, el viento matutino me golpeaba suave en la cara. Hacía frío, las heridas en mi cuerpo me ardían y los huesos me dolían, cada paso que daba me hacía doblarme e cada vez más, en posición fetal. No había apuro, era sólo yo y el cerro, la calle y los árboles que la acompañaban. El cielo estaba celeste paquete de vela y los pequeños rayos del sol se asomaban tímidos por la cordillera, los pájaros comenzaban su sinfonía, esos cantos mecánicos que adornan las madrugadas capitalinas.
Me sentía solo, no había huellas a mis espaldas, ni autos, ni pájaros volando, ni muchos sonidos particulares. El silencio era un todo, un envoltorio, una esfera que me atrapaba y me aprisionaba. Un vacío que me perturbaba y me hacía sentir pequeño.

Cuando bajé del Manquehue, me percaté que estaba muy cerca de la casa de Andrea. Algo desde mi interior me impulsaba a ir. Tal vez no estaba, tal vez no perdía nada intentando verla, solo verla. No quería ser parte de su mundo, ni despertar la inocencia de su sueño. Pero me hacía falta, su mirada indiferente y su universo distante, ese que no podía llegar con nada. Ni siquiera ser su amigo bastaba, ya estaba muy lejos de poder serlo. Había un odio que nos separaba y nos hacía estar cada vez más ajenos, inalcanzables.

Su casa era como de dos pisos, un patio inmenso y unas rejas pequeñas. El auto de sus padres estaba estacionado. Podría ser fin de semana. La verdad, es que no tenía mucha noción del tiempo, tampoco que hora era. Miré alrededor y todo lo que había era calle y casas parecidas a las de Andrea, todas del mismo color y con autos casi similares. No había gente, era más fácil para mí pasarme.
Salté.

Su pieza daba al patio, pasé cuidadosamente por el auto, para no hacerlo sonar y llegué hasta su ventana. Estaba allí, dormida, lejos de todo el mundo, soñando con todos menos conmigo. Este era el sentimiento que me dominaba, el de no pertenecer. Ser parte de todos, pero sentirme lejos de todos. No poder tocarla me hacía enojarme más, pensar en el accidente, en José y en todas las cosas que habían pasado en estos días. Me sentía voyerista. Me sentí mal.

27 julio 2006

Charquicán


A veces, es difícil olvidar. Más difícil, es extrañar, sentir que lo que está cerca de pronto se vuelve algo cada vez más lejano. Inalcanzable.
A veces, es raro sentir cosas que uno creía perdidas, utopías. Esas sensaciones que parecieran desvanecerse entre los dedos, esconderse entre la niebla de la mañana.
A ratos, todo se aclara, como si la vida fuera más fácil de lo que todo el mundo lo pinta.
Todas las personas son excelentes consejeros de vidas ajenas, pero imposibles con la vida propia.
Me publicaron en un diario de la quinta región. Creo que es una de las sensaciones de felicidad más prolongadas que he tenido últimamente. A ratos, entiendo a los hombres renacentistas, esos que buscaban trascender. En parte eso es lo que quiero, que lo que escribo la gente lo lea, se emocione y se cautive. Que sienta muchas veces las cosas que evoco al escribir, cosas que van, de a poco, formando realidades imaginarias.
Quisiera, a veces, desaparecer por algunos segundos y mirar todo de otra perspectiva. Como cambiar de encuadre, pasar a otro plano y fijarme en todos los detalles que muchas veces paso de largo.

Me gustaría escribir cosas más producidas, una novela. No sé algo que pueda contar, una historia, una vida. Que la gente se identifique, que la gente me lea.


Siempre se viene a mi mente una frase que no tiene ni pies ni cabeza: Lagunas eléctricas en mis desiertos mentales.
Jamás le he encontrado un significado, creo que la soñé, no sé. Lo dejo al gusto del consumidor.

24 julio 2006

Uno de los chicos de Paniko , Remiso, está haciendo un Documental sobre la gente que tira los fuegos artificiales en el puerto de Valparaiso. Se ve bien interesante el proyecto que, si no me equivoco, está casi listo. En su blog pueden encontrar más cosas sobre Obreros del fuego.


Acá les dejo un video que hice para la U, junto con Italo y Maka -Harto rato editando algo de 4 minutos, imaginense el de Remiso-. Es un cortometraje, espero que les guste. Cortometraje!

17 julio 2006

poema antiquisimo, como del 2001. Hace tiempo que no escribo poesia, ahora la lei y fue extraño.

Fugaz.
Como estrellas itinerantes,
Que efímeras en su vuelo pasaron.
Fueron horas cortas de rápidos atardeceres.
Que como cigarros fumados,
Duraron solo minutos.
Perdidos
Los gitanos en las carreteras,
Trazando líneas en el mar,
Buscando rutas paralelas
Que con el viento se han de borrar.
Caminan
Paralelos a este mundo,
De magia y misterio,
Para terminar siendo como las nubes,
Que nunca están en un mismo lugar...

12 julio 2006

De esos cuentos que salen así de repente, quiero dejar de hacer historias cortas. Quiero hacer algo más producido. Saludos a los que leen...



Deja Vu


Era el tercer cigarro que me fumaba, quería acabar luego la cajetilla de Lucky Strike. Estaba añeja, no sabía cuanto tiempo llevaba ahí. Quizás una semana, quizás más. Mientras le pegaba la última calada al cigarro, mi celular sonó.

-¿Aló? Pregunté

-Wena hueon, hace tiempo que no te veo. ¿Juntémonos? Respondió la voz del otro lado del auricular. La verdad, no tenía ni la más mínima idea de quien era.

-No sé, no tengo muchas ganas de salir.

-Ven po hueon, no te amariconí. Está el Nico, el Flaco y los de siempre.

-Ah, ¿Mauricio? Creo que ya sabía con quien estaba hablando.

-Y con quien mas po hueon. Ya, ¿vienes? para ir a comprar al supermercado antes que lo cierren. Te espero en mi casa.

-Ya, voy para allá.

-Ok, Chao.

-Chao.

Mauricio es un chico de Calama que llegó hace poco a Santiago. Estudia Odontología en una Universidad Privada y se la pasa toda la semana estudiando los dientes de un cráneo que su papá le mandó del norte. Según él, se lo consiguió por ahí. Según yo, lo compró en el cementerio de allá de Calama, en esas fosas comunes, donde echan a todos los vagos o los muertos que nadie quiere.
Es buena gente, es que primera vez que me llamaba para salir a carretear. Nico lo hace generalmente o Matías en algunos casos. Pero esta la primera vez que él lo hacía.

Apagué la colilla del cigarro, que ya estaba empezando a quemarme los dedos. Dejé la guitarra a un lado, antes que de me sonara el celular estaba tocando cualquier estupidez. Siempre cuando toco o pienso en tocar algo, se me olvidan todas las ideas de la cabeza, las composiciones. Siempre tengo sinfonías en la mente o se me ocurren melodías, pero no sé como llevarlas a la guitarra. Así nunca se puede lograr nada, como cuando era chico y lograba hacer algo que el resto no podía, al momento de mostrárselo a todos los espectadores nunca resultaba. Al final, era tanto el nerviosismo, que tenía que pedir que no me miraran para poder hacer la gracia.

Me levanté de mi cama, pesqué la chaqueta de jeans, la que estaba bien gastada y llena de parches y saqué la bufanda de los cajones de la cómoda. No sé porqué, pero decidí dejar la billetera en la casa con el carné y todos los documentos. Si me lo pedían los carabineros, seguro me iba detenido y de ahí un buen hueveo para que me sacaran. Por lo menos, toda una noche dentro o a lo mejor menos si mis viejos despiertan y van a la comisaría a sacarme.

Tomé las llaves y salí de la casa. Mauricio vivía a tres cuadras, así que me puse a caminar. Saqué el penúltimo cigarro de los Luckys y lo encendí. Hacía frío y el cielo estaba muy cerrado. Se podía ver, a ratos, la luna en la lejanía. Estaba rosada, como el sol cuando atardece. La calle estaba vacía, no había ninguna persona alrededor que me molestara pidiéndome fuego o plata. La vereda y todo el resto del lugar, hasta las rejas de las casas, era mío. Mi territorio.

Estaba algo distraído, pensando en que tenía que comprar cigarros y tratando de terminarme los que me quedaban. Cuando por la calle cruzó un tipo de no más de diecisiete años, estaba asustado y caminaba rápido, me miró y siguió su camino por la calle principal. No le tomé mucha importancia, así que me puse a mirar el suelo como de costumbre. Salí del pasaje de mi casa y doble por la calle principal, iba escuchando un bullicio poco particular que se acercaba lentamente. La curiosidad me mató, miré al frente y me encontré a unos cien metros con unos veinte flaytes, quizás eran más. Uno me señaló y empezaron a caminar hacía mi. Me di media vuelta y me puse a caminar en dirección a mi casa nuevamente. Cuando doblé, nuevamente por mi pasaje, sentía que venían siguiéndome. Ahora ellos eran los dueños de la calle, se apoderaban de todo lo que estaba a su alrededor, se llevaban cuanto cruzara a su paso.

Corrí desesperado, pensaba en no mirar hacía atrás pero la duda era más grande. No había nadie, pero igual tenía miedo.
Llegué a mi casa y saqué las llaves de mi bolsillo para abrir la reja, estaba tan nervioso que no le achuntaba a la chapa, se me resbalaron y cayeron. Las recogí, cerré los ojos, respiré profundo, logré abrirla.
Me quedé en la entrada esperando que pasara algo, que llegaran hasta mi casa y me dijeran algún par de puteadas. El cigarro aún no me abandonaba, le quedaba un poco menos de la mitad, así que me puse a fumar para relajarme. Pensaba en el grupo de flaytes, la imagen se me venía a cada rato a la cabeza, el tipo apuntándome y toda la tropa siguiéndome.

De pronto, escuché un balazo que rompió todo el silencio de la noche, el ruido se prolongó por un rato, se iba expandiendo el sonido por el cielo oscuro y gris. Luego vino otro y pasó lo mismo. Mi corazón estaba a mil, mis manos transpiraban helado y me daban escalofríos. Con los dos disparos me había pegado un salto. Apagué el cigarro y comencé a escuchar, a lo lejos, el ruido de una moto. Ese ruido entrecortado que tiene el tubo de escape, el característico de las motos de carabineros. Luego se sentían dos, después tres y así iban componiendo una sinfonía, como las de mi cabeza.

Entré a mi casa asustado, tome la guitarra nuevamente y traté de tocar. No podía, el miedo se había apoderado de mi, estaba temblando entero y tenía un nudo en la boca de estomago. En eso, el celular suena nuevamente.

-Oye hueon ¿vas a venir o no?

-No puedo, no me dejaron. Respondí con la voz algo cortada.

-Y porque, que huea te pasó.

-Nada, mañana tengo hora al Oftalmólogo, seguramente me van a cambiar los lentes. Ahora estoy viendo como el pico. Además, la hora es a las ocho de la mañana.

-Puta hueon, a vo no más se te ocurre pedir horas tan temprano. Cagó tu viernes, no vai a poder salir.

-Para que veas.

-Ya, cuídate. Nos tomamos las chelas por ti. Chao.

-Ok. Chao.


Ahora el nudo del estomago se me había pasado a la garganta, no sabía si llorar o ponerme a gritar. Estaba desesperado. Lo que pasó en la calle después que me entré era un misterio. Pero era fácil de imaginar, como cuando uno sabe el final de la película. En mi mente, era poner play y tenía todas las imágenes de los que había pasado después. Tenía miedo, no quería volver a salir a la calle. Me di cuenta que Santiago es tierra de nadie, es como el Far West. Pero Clint Eastwood no era el protagonista, éramos nosotros los que salen todas las noches a jugar a los vaqueros, a correr el riesgo de que algo malo nos pase. Sonó el celular nuevamente.

-¿Aló? Pregunté.

-Soñé contigo, me acabo de despertar transpirada. Súper cansada.

-¿Que soñaste?

-Que te perseguían, que mirabas hacía atrás y un millón de cosas corrían detrás de ti. Tenías miedo, corrías tanto que te perdías en la oscuridad de la noche.

-¿Enserio?

-Sí, fue atroz, desperté asustada ¿Estás bien?

-Aló, ¿Estás bien?

-Aló ¿Estás ahí?

Luego, corté.

07 julio 2006

Solar, banda ya extinta. Bueno este es un perfil de Fabrizio Copano, buena onda, pensé que me iba a costar más, vale.

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El talento puede ser todo:

El periodista más joven de la televisión chilena

Hoy en día decir el apellido Copano, puede sonar a marca registrada, como a empresa de tallarines o de algún emporio italiano. Fabrizio, después de la Kristell, es la persona más joven de la televisión chilena. Divide su tiempo entre el colegio y los medios de comunicación, lo que es casi, su segundo hogar.

Sebastián Fuentes.


Cursa cuarto medio en el colegio Alcántara Cordillera, en la comuna de la Florida. Para Fabrizio ir a clases es solo un tramite, como ir a pagar el agua. Pero aún así se lleva bien con su curso, ellos lo encuentran un poco introvertido, pero es él, por lo general, quien hace las clases más divertidas, con su humor un poco despectivo. Pero no les importa, total, Copano sale en televisión.

Es un buen amigo y lo consideran un excelente consejero sentimental, no significa que haya vivido mucho o haya tenido muchas pololas, al contrario. No se caracteriza por ser el chico popular, no carretea mucho con sus compañeros, porque los encuentra “algo vagos”, no se pesca a cualquier mujer que se le pase frente a su camino, es más bien un buen chico con un humor diferente.

Nadie dijo que el colegio era fácil, ni mucho menos cuando tu rostro y tu voz aparecen constantemente en la televisión o en las radios. Muchos compañeros lo encuentran un imbecil, pero Copano sabe como molestarlos y convertirlos en el hazme reír de los pasillos del colegio.
Por las mañanas, lo pueden ver leyendo el diario o algún libro de turno. No tiene muchas habilidades para las ciencias y mucho menos para las matemáticas. La verdad, es que poco le interesan esos ramos. Siente que la educación está mal planteada. Por lo tanto, tampoco se deprime o cree que tener malas notas, signifique un futuro en la pobreza, o ser estupido. “Hay gente que tiene otros talentos, pero el colegio mide algunos y mide conocimientos que no todos queremos o necesitamos tener”

Ahora, el tiempo lo divide entre el colegio, amigos y el nuevo programa que alrededor de un mes estará en las pantallas de Chilevisión, será el jefe de guiones y su hermano hará de panelista. Ver el mundo de otra manera, con gracia, es su cotidianidad. Nadie se salva de no ser molestado, ni siquiera sus profesores en el colegio, por este chico que pocos conocen. Pero que a estas alturas su apellido ya suena a marca registrada.

Cuando creía que Batman existía

Fabrizio Copano, desde su casa, veía el programa CQC de Argentina. Junto con su hermano, Nicolás, y su Padre, no se perdían ningún capitulo de este irreverente programa. En Chile, no había nada similar en la televisión nacional y tampoco se pensaba traer algo parecido. Mientras tanto, por el año 2001, Fabrizio solo se podía conformar con las imágenes que venían desde el cable.

Un año después, los rumores de que el programa de Mario Pergolini venía a Chile, eran ciertos. Por ese entonces, Copano tenía solamente 14 años y su hermano Nicolás 16. Era tanto el fanatismo de estos dos, que este último se consiguió el mail de Nicolás Larrain, conductor del futuro programa chileno, y le propuso hacer los top five que grababan rústicamente en su casa. Trato hecho, el segmento era de ellos.

Por esas cosas de la vida, Nicolás se enfermó y no pudo ir a dejar los videos. Así que mandó al hermano chico. Fabrizio cuando veía el programa pensaba “Están buenos los top five, pero malos los chistes”. Esta era su oportunidad, junto con los videos, agregó los comentarios que debían hacer en el estudio.
A los tipos del programa les había gustado, así que durante alrededor de dos meses escribió los chistes para el show.

El CQC además estaba coproducido por Edu producciones, propietaria del canal Vía X. En este canal, había un programa llamado El interruptor, quien lo animaba José Miguel Villouta, el cual estaba muy interesado en estos dos jóvenes. Los contactó y comenzaron a hacer un segmento, que se llamaba el Comentario Teen. Según Fabrizio “Era más que nada pura basura, pero nos sirvió para aprender como funciona todo adentro, en la televisión”.

Por su parte, Nicolás había quedado en la mítica Zona de Contacto del Mercurio y como es típico de la Zona, habían hecho un asado. Para no ir solo, invitó a Fabrizio, cómo este último no se perdía casi ningún evento del hermano, lo acompañó.
De aburrido y mientras todos estaban atentos a comer carne y hablar cosas que a él no le interesaban, comenzó a molestar a los guardias a caballo del parque en donde estaban “Andaban a caballo y eran como gays” señala. Luego comenzó hacer una rutina y ya tenía a todos lo del team de Mercurio muertos de la risa.
A la semana lo llamó Marcelo Ibáñez, editor de la zona, más conocido como Barry, pidiéndole que se integrara al espacio del diario. A los pocos días ya tenía escrito 5 artículos, según él “dos serios y el resto, puros chistes. Aun así, los serios eran sobre guionistas de comics, así que tampoco muy serios”.

Paralelamente, Sergio Lagos invitó a los hermanos Copano, por el comentario teen, a su programa de la radio Rock and Pop, Ciencia Ficción. Mientras esperaban, en los pasillos se encontraron con Claudio PSX, conductor de varios programas de la radio Fm Hit, quien los había visto en muchas oportunidades en el Interruptor de Villouta. Claudio les ofreció hacer un segmento llamado “lo peor de la semana” y de ahí, Nicolás pasó a ser asesor creativo de la Rock and Pop y Fabrizio de la Fm Hit.

Pasaban los años y desde que habían partido grabando los top five del CQC, pegados al televisor de su casa, con el video grabador todo el día encendido, ya se veían distantes. Ahora la gente los comentaba y los leían en la zona de contacto, que con el tiempo había dejado de ser un suplemento de la revista Wikén y tomaba otros aires más modernos, pasaba al Internet.
Con eso, el segmento de Fabrizio, tonto por un día, se popularizaba. Sus articulos, mezclados con ficción y el acontecer nacional, eran del gusto de los jóvenes. Por otro lado, Nicolás escribía una columna sobre televisión. Fue así como los de Chilevisión se interesaron para hacer un segmento en el programa de Leo Caprile, Rec.
“Se iba Lasalvia y nos habían recomendado. Así que hicimos un piloto y salió el informal”. Segmento en donde hacía de un irreverente notero cuyo objetivo principal era hacer reír y tomarse la política, farándula y las cosas importantes de Chile con humor.

23 junio 2006

Exelente banda, de pronto sonó el telefono y me contó esto Simón...

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Capitulo 6

Parece que el chofer captó que me venían siguiendo, iba como a mil por hora por la calle. Estaba con la adrenalina a full. Sentía que lentamente, con lo rápido que andábamos, una parte de mi se iba quedando atrás, en el camino. Era rara la sensación, la velocidad con la que andaba este tipo, me recordaba lentamente el accidente de hace algún tiempo atrás, con las luces fragmentadas y las personas difuminadas a mi alrededor, era como un túnel al cual iba ingresando lentamente, como si pasara a otra dimensión.

-Se siente bien joven. Preguntó el taxista, mirándome por el espejo retrovisor.

-Sí, claro. Me siento un poco mareado, nada fuera de lo normal. Respondí algo inseguro – ¿A veces a sentido que lo persiguen cosas de las cuales no está realmente seguro de lo que son? Agregué.

-Cómo, no le entiendo.

-Claro, cuando uno siente que lo persiguen cosas que no ve, que las siente solamente. Como esa sensación de que lo están mirando por la espalda mientras camina.

-Sí, a ratos siento esas cosas. La verdad, es que en 35 años de mi vida le he hablado a las presencias que están a mis espaldas. Soy taxista, y nadie acostumbra a sentarse a mi lado. Lo ven extraño, no sé por qué. Respondió

En ese instante algo extraño pasó por mi mente, me dieron ganas de hacer algo bueno por este viejo. Sus ojitos escondidos tras sus blancas y gruesas cejas, demostraban, sí uno se fijaba bien. Mucha tristeza.
Le pedí que parara el auto, me bajé y me senté a su lado. Su mirada de asombró me había dejado algo inquieto. Se veía cansado. Quería saber más de él, de su vida. Tenía algo más en la mirada que me daba cierta tranquilidad, algo que me faltaba a mi, algo que tenía que encontrar urgentemente para seguir viviendo.

-¿Cómo se llama usted? Le pregunté.

-Carlos, a su servicio. ¿Y usted joven?

-Simón… Sabe, lléveme a algún lugar que a usted le guste ir en sus tiempos libres.

-Bueno, si usted pide eso, no hay problema. Respondió

Doblamos por no sé que calle y subimos por av. Vitacura hacía arriba. Entramos por unos lugares medios extraños y comenzamos a subir el cerro Manquehue, pasamos unas casetas de seguridad y seguimos subiendo hasta donde ya casi no había alumbrado público y las únicas luces que se divisaban eran las de Santiago y sus apurados autos.

Detuvo el auto y lo dejó mirando hacía la capital. La noche hacía parecer un Santiago indefenso, un lugar completamente normal. Con sus pequeñas luces, que daban la impresión de ser luciérnagas que se movían de un lado a otro y luego se perdían entre los edificios.
Sacó de su bolsillo una cajetilla de cigarrillos, algo arrugada y gastada, como si llevaran ahí, en el bolsillo de su camisa, mucho tiempo. Eran Derby corriente, sopló por uno de los orificios y está se infló, sacó dos cigarros algo quebrados. Me ofreció uno, luego lo prendió y asimismo lo hizo con el mío.

Le pegué una fuerte calada, como si fuera la última vez que fumaría. Cerré los ojos y traté de olvidar todos estos días pasados. El humo cada vez que lo botaba, me daba la sensación como si estuviera echando toda la mierda que tengo adentro, como si me purificara el alma.

-Ya cabrito, aquí me gusta venir. Antes cuando era joven, así como tú. Traía a las minas para acá, me las culeaba como Dios manda y después nos íbamos a comer un completo donde el Tío Lucho por Vicuña Mackena.

-Ya veo, ¿y siempre fue taxista? Onda, ¿se traía para acá a sus clientas?

-Estás huevon pendejo, tú crees que toda mi vida viví en esta mierda. No, antes fui conocido, tuve una señora e hijos que me respetaban. Tenía una buena situación económica. Era ejecutivo de una agencia de publicidad.

-¿Y qué pasó Don Carlos?

-Puta, la vida es maraca y uno es débil pendejo. Le hacía al juego y al copete. Lo perdí todo apostando en el casino de Viña. Todo huevon, hasta la casa y con las huevás de adentro. Luego mi señora me dejó por un colega y de mis hijos lo último que supe es que estaban estudiando en la Universidad. Seguramente ya ni se acuerdan de mí. La vida es maricona Simón, tení que saber hacerla. No sé de qué chuchas estabas arrancando, pero no andas con buena cara. Seguramente hiciste algo malo. Hazme caso, pórtate bien, porque uno nunca sabe lo que te puede ocurrir.

Del taxi, sonaba una radio que decía códigos a cada rato, de pronto es escuchó una voz clara: Carlos Santibáñez, responda a central.

-Parece que es para mí. Mira cuanto tení, te llevo para donde queraí. Esto déjalo como cuenta de la casa. Espero que te sirva para el futuro.

-¿O sea no me va a cobrar? Respondí.

-No po huevon. Parece que vo erí medio hueoncito.

-Déjeme aquí no más.

-Cómo aquí, estás enfermo. Respondió asombrado.

-Sí, aquí. Prefiero caminar.

22 junio 2006

Una opinion para un trabajo de Nietzche, la historia es verdad...se viene Simon pronto
Religión, ¿Salvación o Esclavitud?

Son cerca de las nueve y media de la mañana y aún no tomo desayuno. Estoy en sexto básico y, ni modo que tomaré desayuno de todas maneras. Estamos todos iguales, los más grandes a escondidas sacan un pan con queso y se los reparten entre los compañeros. En cambio, nosotros los miramos extrañados, no se puede recibir el cuerpo de Cristo con el estomago lleno. Hay que estar puro y así será. Así fue, por lo menos, como el Hermano -así le decimos a los profesores, que en verdad son sacerdotes- nos enseñó.

Así son todos los Lunes en la misa general, el resto de la semana tenemos que rezar un ave Maria antes de empezar cada clase. Y todas las mañanas, ir a una pequeña misa que se realizaba en la casa de los curas. Algunas veces, había que aprenderse algunas cosas en latín, como persignarse o el padre nuestro. En otras ocasiones, aprenderse algún capitulo de la Biblia o la vida de algún santo. No niego que aprendí mucho de religión. Pero ¿de qué me sirvió?

Obviamente, había que hacer todas estas cosas para encontrar una especie de salvación. Los curas inculcaban miedo – de eso estoy seguro- cuando me sacaba una mala nota, decía un garabato o me paraba sin explicación alguna de mi asiento, tenían ese poder para hacerte sentir mal, para manipularte con lo que no conoces y no se le puede dar explicación, con Dios. De esta forma, ellos nos podían mantener completamente disciplinados, como soldados obedientes que van a una guerra sin rumbo, con tantas preguntas existenciales que carecíamos de una conciencia de la vida. En este colegio casi no se hablaba de sexualidad, menos de ateismo o algunas otras religiones. Olvídense de hablar de Demian de Hermann Hesse, ese era un libro vetado en las listas de útiles escolares.

Cuando salí del colegio, me di cuenta que había sido realmente un esclavo de la religión católica, todo lo que encontraba explicación con Dios y los santos, lentamente se fueron cambiando por el pragmatismo de la vida, por libros que hablaban de cosas exactas y que lentamente iban respondiendo a mis preguntas existenciales. Encontré que la mejor manera de responder a mis interrogantes era leyendo y formándome una opinión propia y no la de alguien que estudió bajo ciertos márgenes y enseña la vida como si la verdad fuera solamente Dios.
Finalmente, logré plantearme que no necesito de personas que me puedan decir que es bueno o malo, lo correcto o lo incorrecto.

La iglesia siempre ha trastocado los valores de la sociedad, en la edad media, por ejemplo. Cuando uno escribía con la izquierda era acusado de herejía, puesto que para ellos la diestra era la correcta y la zurda, era la siniestra y así se traspasó esta definición a los partidos políticos.

Lo que no podemos explicar, generalmente – y puede parecer cómodo también- se lo relegamos a la religión, esta se encarga, como institución, de darnos los conocimientos básicos para que nosotros -cuando niños y muchas veces ya adultos- no nos atormentemos tratando de explicar los razones de la vida y lo que acontece después de esta.

Nietzsche, también alude el tema de la mediocridad con la religión. Plantaba que como la religión era de “esclavos”, estos soñaban con un mundo ideal, uno que podía encontrarse después de la muerte, siempre y cuando cumplieran sus votos y si estos eran realmente satisfactorios, se podía llegar a ese mundo onírico el cual todos anhelaban. A diferencia del león, los hombres libres, que no basaban sus explicaciones en las deidades, tenían cierta capacidad para cambiar su mundo, el que todos viven y no quedarse estancados con el pensamiento de que lo que vendrá después será mejor, sino que el cambio se hace aquí y cuanto antes.

Es igual a lo que explica Nietzsche con los sentimientos de culpa. Son esas cosas que los religiosos acostumbran a alimentar en sus creyentes. Como lo que me pasaba a mi, con ese miedo que entraba por mi cuerpo, me hacía transpirar en las noches pensando “No hice la tarea, mañana me sacaré un rojo y seguramente el Hermano se va a enojar y me ira mal todo el año” Asimismo, como cuando uno estaba en misa, tenía miedo a quedarse dormido o a comer algo, puesto que la culpa era más grande el sentir que alguien superior me estaba mirando, sentir como sudan mis manos con el pan en el envoltorio sin abrirse, pensando en que me podría hasta echar del colegio por comer en la ceremonia. Es una sensación que no se la doy a nadie, una esclavitud mental y un tipo de educación casi prusiana que me obligaba a seguir esas estrictas reglas. Y esta era una tradición, un circulo vicioso que se iba pasando de promoción en promoción, un miedo a descubrir la vida tal como es, un miedo que se iba transplantando en todos los cursos, por más de cien años, la historia de este colegio.

04 junio 2006

Para ustedes Jóvenes del Futuro

Hoy pensé que no llegaríamos tan lejos. Mañana se publican 1000 ejemplares del pingüino informa, es una cifra bastante considerable siendo que el primer día-llevamos tres- partimos con 250 copias.
Esto realmente ha sido un éxito, el feedback de los alumnos es considerable y su capacidad para mantenerse al pie del cañón también. Los nazis, el hambre y el frío, no son problemas para ellos. Jamás pensé tampoco que llegarían tan lejos.

Sentimientos encontrados, tal vez sí. Salí el año pasado y jamás me sentí parte de lo que realmente hacía falta en la educación. Fui uno más de los explotados por esta educación que reprime y margina.
Ahora cada vez que termino de escribir un artículo, me siento un poco más tranquilo y feliz. Siento que estoy contribuyendo a que los secundarios tomen conciencia de lo que jamás hice.

Claramente, estos jóvenes ahora se han transformado en actores primarios, han despertado las ansias de expresarse libremente, de organizarse siendo que son muchísimos y aún así han sabido escuchar a quien sabe más. Dentro de su igualdad, comprendieron que existen jerarquías y que así funcionan mejor.

La Michelle definitivamente está lavando la LOCE. El problema de su mensaje “populista” es que tiene medidas parche y no las que los alumnos realmente necesitan. Una verdadera reforma de la educación.

Ojala que las generaciones o promociones que vengan, tengan conciencia del pasado. Que sepan que en 1985 los jóvenes que no estaban “Ni Ahí” realmente estaban moviendo sus hilos para cambiar la historia, la dictadura. Espero que los próximos sepan que este movimiento actual tuvo tanta convocatoria, que pudieron mover hasta países extranjeros- como Argentina y en parte Venezuela- y están logrando cambiar la historia, no solo de su país. Sino de toda Latinoamérica. Fuerza muchachos, que pronto las cosas se aclararan.