20 marzo 2007

La Hora


Llegamos al punto donde cayó el avión al mediodía. El aroma de la carne chamuscada nos había conducido al lugar preciso, como le ocurre a los carroñeros con algún cadáver disponible. En las cercanías, un individuo pálido y de expresión demacrada, enfundado en un abrigo negro, apuntaba algo en una libreta o hacía bosquejos de la escena, no nos quedó claro al principio.

Martín Gutiérrez era el primero en la fila de la expedición de rescate, la selva es tan impredecible que es necesario que alguien tome el liderazgo y abra camino entre las plantas y árboles de la verde espesura. Él, como todos, tenía la certeza de que nadie se encontraría vivo, nadie, a excepción de este hombre.

Los paramédicos comenzaron a buscar algún sobreviviente entre los escombros. Gutiérrez, en cambio, se sentó al lado del joven pálido, sacó su cantimplora y bebió las últimas gotas de agua, con su brazo izquierdo se limpió el sudor de la frente. Luego, se preocupó que nadie lo mirara y chupó la transpiración hasta que su brazo volviera a quedar seco.

- Veo que tienes calor – Habló el chico de negro.

- Sí y mucha sed también- Respondió con toda tranquilidad Gutiérrez – Y tú, ¿qué haces aquí?- Agregó.

-Yo, bueno, tomo notas. En realidad saco cuentas, pero los números no me cuadran – Respondió el pálido joven.

-¿Cómo es eso?

-Sí, números, acá todos son números. En el avión deberían haber sesenta y cinco muertos, pero yo sólo marco sesenta y cuatro. Hay uno que no cuadra, probablemente no subió nunca al avión.

Gutiérrez se puso pálido, comenzó a temblar.

- ¡Acá no queda nadie jefe! – Gritaron en conjunto los paramédicos.

Gutiérrez sólo atinó a levantar la mano señalando que había entendido el mensaje. Aquel día, muy temprano, él debería haber abordado ese avión, rumbo a Manaos, una ciudad en medio de la selva amazónica del Brasil. No alcanzó a subir, pero sí su maleta y eso era lo que lo tenía ahí, en medio de la nada.

11 marzo 2007

Renacer


De pronto paf!, todo explotó en un segundo y no hubo ningún previo aviso. Un corto circuito, no fue externo, todo se sentía adentro, se desvanecía, se alejaba y reventaba en partes.
Corazón acelerado, realmente desagradable, todo terminaba, un asco. Las manos temblaban y transpiraba helado.
No hubo una luz al final del túnel, pero sí una mano que me tomó antes de caer. Me agarró fuerte y no me soltó hasta al final, todavía lo hace y lo sigue haciendo como la primera vez.

Me sentí perdido, calles que no conocía pero que había recorrido un millón de veces. Era como aquel niño que se pierde en la playa en época estival. Muchas caras, todos desafiantes. Estaba frágil, todo me era agresivo, las cosas se me hacían violentas y yo débil, indefenso.

Volví a la normalidad, resucité, nací de nuevo en dos días. En partes, pero al fin y al cabo retornaba, y a ser el mismo.

Comprendí que todo podía acabar en un segundo, y todo podía volver a la normalidad. Aquel todo se me hizo nada de pronto, se derritió como un hielo al sol, y se volvió a endurecer, pero esta vez para no desaparecer más. El todo se me hizo de pronto subjetivo, todo se hizo volátil, pasajero, efímero. Me vacié y me volví a llenar.

Simplemente gracias, por estar ahí, en el momento preciso, gracias por estar siempre, por sonreír y preocuparte, por darme esa alegría, esa inspiración que me hace escribir, pensar, soñar. La magia está en creer ciegamente en el otro, en creer en todo, en lo posible y lo imposible, en lo cercano y lo lejano. Creer en nosotros y ayudarnos, porque solos nunca estamos, 3 días en aprender, 5 horas para asimilarlo, un segundo para volver, un latido para aterrizar y no dejarme vencer…

23 febrero 2007

Radar
Estaba perdido, corría por los pasillos desesperado, gritaba angustiado “mamá, mamá”. Sus chalitas sonaban rápidas y de pasos cortos. Él sólo veía piernas, no tenía la altura suficiente para asomarse entre las cabezas de la gente, desaparecía entre las grandes planchas de madera y los fierros y las cosas de la ferretería. Sólo se escuchaba su delgada voz diciendo “mamá, mamá”.

No había respuesta.

La música ambiente no paraba de sonar, no se bajaba en ningún minuto para que alguna madre exasperada llamara a su hijo por el alto parlante. Todo seguía como si nada.

Ahora el llamado se transformaba en llanto, el lugar se le hizo un mundo desconocido, alienado. Decidió no moverse más y que sus gritos fueran escuchados por alguien.

No había respuesta.

Los vendedores no atinaron a nada, la gente con sus hijos chicos tampoco, nadie se puso en la situación de él. Las madres tomaban de las manos a sus niños, él sólo lloraba.

Se acurrucó entre unas alfombras, sollozando, mirando sus pequeños pies sucios. Se dio cuenta que estaba solo, que su mamá no llegaría, tenía ganas de abrazarla, pero se tenía que conformar con abrazar sus piernas. A ratos volvía a gritar “mamá, mamá. Cada vez su voz era más débil, se esfumaba con la música y los ruidos de las personas.

Se levantó de su lugar y, como las alfombras estaban en altura, eran muchas, pudo ver sobre las cabezas de la gente. Gritó otra vez “mamá, mamá”.

Un guardia de seguridad lo vio, lo tomó de la mano y lo llevó a informaciones. La mujer que atendía le preguntó su nombre, el dijo Damián. Le preguntó el nombre de su mamá, el contestó que se llamaba Mamá.

La música se apagó y llamaron por alto parlante a su mamá por el nombre del hijo.

No había respuesta.

Llegaron carabineros y el niño seguía solo. Yo terminaba de pagar en la caja unas cortinas y el seguía mirando a todos como extraños. Una señora le regaló un helado, el lo aceptó, pero no lo lengüeteaba, se derretía entre sus dedos, el agua le manchaba la polera y sus pies.

Nadie lo miró, llegaba más y más gente del personal del lugar que le hacía preguntas, él volvía a llorar.

Era tarde, estaban cerrando el Homecenter y ninguna madre se había devuelto a buscarlo en las cosas perdidas, nadie sintió su ausencia. Los gritos fueron en vano, nunca hubieron respuestas, solo estaba perdido.

07 febrero 2007

Tercera y media parte



-El carné cabritos, aquí no pasan pendejos. Habló el Gorila.



-Calmao flaco, si no somos cabros chicos. Respondió el Negro, buscando en su billetera la tarjetita que lo dejaría pasar. –Puta no la encuentro- Agregó.



-Cagaron los huevones, así no pasan.



-¿Y sí te muestro el pase de la Universidad? Respondió el Negro.



-No, carnet o nada.



-¿Y si te muestro este otro? Le dijo el Flaco, golpeándole el hombro en señal de broma.

Luego, pescó su carné y se lo refregó en la cara, el guardia se molestó bastante, frunció aun más el seño y lo empujó.



-Ya pendejos, se la buscaron.



El gorila tomó la mano del Flaco y le hizo una llave que lo dejó todo doblado en el piso.

Gritaba como desesperado.



-¡Suéltame conchetumadre! ¡Ayudame po Negro culiao! Gritaba.



El Negro se le tiró encima y le pegó pleno combo en la nariz. El guardia ni se inmutó, con la otra mano le pegó un codazo en el estomago. El Negro quedó sin respiración en el piso.



Poco a poco la gente se iba reuniendo alrededor para presenciar como la mole vencía a mis dos amigos. Yo me largué a correr, a veces pienso que soy bien maricón para estas situaciones, mientras corría se me vino a la mente lo que pensé en el mirador “El marqués de Santiago”. Respiré profundo y corrí devuelta. Tenía que salvar a mis amigos.



Mientras iba corriendo, por esas casualidades de la vida, encontré un fierro botado en un paradero de micro, lo tomé y partí a la entrada del Andrógenos. Por cada paso que daba me sentía más héroe, como si esta noche estuviera destinado a salvar el mundo. Las pisadas eran seguras, aunque me tambaleaba un poco por las piscolas de la botella. En mi mente sonaba una canción casi como de película. Era Queen. Flash - Ah - Saviour of the universe / Flash - Ah - He'll save ev'ry one of us.



Mi cuerpo se sentía con súper poderes, como si el fierro que tenía en mi mano era el martillo de Thor o la espada Escalibur. Mientras me acercaba, podía ver como mis amigos resistían los golpes y como ellos lanzaban unos pocos al aire. Quería matar al físico culturista.



Me hice paso entre la gente. El guardia no se percató de mi presencia, estaba arrodillado pegándoles.

-Oye gorila culiao! Le grité.



Miró hacía arriba y le di un fierrazo en plena mandíbula, el golpe se sintió por toda Plaza Italia. La gente que estaba alrededor abrieron los ojos y lo único que dijeron a coro fue: Uuuh. El tipo cayó al suelo, de su boca salía sangre con unas pepitas blancas. Seguramente le quebré unos cuantos dientes.



El Negro y el Flaco se pararon y me miraron con una sonrisa, su cara parecía un puré de tomate, estaban rojos e hinchados. La gente de apoco se dispersaba y los más jóvenes aplaudían nuestra proeza. En el alboroto el guardia se paró.



-Cagaste mierda. Dijo.



Me pegó un combo en toda la cara. Sangré de nariz. Caí al suelo. El fierro voló por los aires. En el momento que se iba a abalanzar a darme con todo el arsenal de fuerza que tenía en su cuerpo. El Negro con el Flaco habían armado su propio ejército juvenil. Seis tipos lo agarraron por los brazos, mientras el Negro le pegaban combos en el estomago. Me trataba de parar del suelo, los golpes me habían dejado más mareado. Se me fueron todos los aires de grandeza, con un solo golpe, me asusté un poco.



El gorila sacó toda la fuerza de su cuerpo, parecía Hulk. Los seis tipos que estaban afirmándolo, volaron por los aires como piezas de palitroque. Iba nuevamente a mí. La sangre de mi nariz ahora chorreaba por mi boca, estaba caliente y tenía gusto a fierro.



Cuando iba a recibir el segundo combo, el Flaco le pegó con un bate de béisbol que le había pasado un punky que estaba por ahí. Gorila a piso, el bate se quebró y la madera estaba toda astillada. Del suelo no se paró más.



- ¡Para que aprendas que con nosotros no se mete nadie! Le gritó el Flaco. Acto seguido, le tiró un escupo lleno de sangre.



-Sí gorila de mierda, somos invencibles. El trío maravilla. Agregó el Negro. Luego, le pegó un par de patadas



– Y no hubiésemos podido hacerlo sin ustedes. A ustedes juventud, llenas de energía y fuerza. ¡El futuro de Chile está en las calles, carreteando y pasándola bien y no dejaremos que nadie nos impida cumplir nuestros objetivos! Agregó en un seudo discurso político.



Los jóvenes sonreían y algunos se decían al oído “pobre curao, quedó hecho mierda”, otros se pusieron a aplaudir y a chiflar. Éramos los protagonistas de esta noche, digno para ser contado a nuestros nietos. Este hecho tenía que quedar escrito en la historia de la Plaza Italia, en el Andrógenos.

30 enero 2007

Tercera Parte



Sin darnos cuenta habíamos llegado a la discotheque donde pinchaba discos Simón. Estábamos afuera de la Andrógenos, no era top pero tenía su estilo particular. Las luces de neón le daban todo el toque necesario para parecer un antro de mala muerte.


El dueño, Lucas Milosevich, era un exiliado de la antigua Yugoslavia, la de Tito. Llegó a Chile a fines de los setentas y se instaló en plena Plaza Italia, donde por aquel entonces se movía de todo a oscuras. Trajo consigo a un par de niñas rusas que servían de prostitutas en el local, servían comida de día y su cuerpo se regalaba por unas piscolas de noche.

Los personajes más distinguidos del mundo político iban al lugar, ahí se les atendía bien y todo quedaba en secreto, tenía dos entradas con estacionamientos. Varias veces fue allanado, pero las influencias corrían por ese entonces, los brazos derechos del dictador funcionaban a la perfección. Eso sí, las salvadas de pellejo a Milosevich le costaban caro, la coca corría por cuenta de la casa.


Todo se acabó cuando llegó la rumana, según el dueño, que es amigo íntimo de Simón, le había contado que era preciosa, su figura era digna para una miss mundo, sus ojos verdes agua dejaban a todos los clientes vueltos locos. Hacía un par de topless los días jueves y el local se llenaba, era un éxito total esta mujer.


Un día, cuando le tocaba atender al público, le ofrecieron un trago. Ella como de costumbre aceptó, era la norma implantada en el local “Siempre una buena atención”. Se sentó junto al tipo y conversaron una media hora, la piscola de la rumana se la había tomado completa, pero no sabía que iba a ser la última.

Luego pasaron al privado y ahí jalaron un poco de coca. Luego se envolvieron en el sexo, después ella quiso cobrarle el servicio, pero el optó por dejarse caer a golpes. Le tiró acido en la cara y le hizo puré el estomago a puñetazos. Cuando agonizaba la violó, esta vez fue distinta a la primera, la amarró y le metió una botella de cerveza por la vagina. Cuando ya no daba más, la ahorcó con el cinturón. Fue tanta la rabia que tenía este hombre por la droga que se durmió al lado de ella.


Al día siguiente fueron encontrados dos cuerpos en una cama con las sabanas cubiertas en sangre. Él murió por sobredosis, ella por un macabro homicidio. El incidente pasó a mayores, la prensa sensacionalista llenó las portadas de los diarios. El tipo que había muerto era el dueño de las empresas Fürteck, una de las más importantes en la venta de insumos eléctricos. Fue uno de los tantos que ayudó al gobierno a sacarlos de la crisis que estaba sobrellevando el país.


Lucas tuvo que cerrar, estuvo en la cárcel un par de años y luego abrió a principios de los noventa. Su error fue ponerle el mismo nombre al local. El Andrógenos tenía su historia, las generaciones pasadas sabían lo que había ocurrido en el lugar, la sangre todavía se palpaba en las paredes. Los que llenaban ahora el lugar eran solo adolescentes que no tenían ni la más mínima idea de lo que era la muerte, a ellos no les importaba nada, con suerte sabían quien era el presidente. Eran adictos al televisor y al computador. Eran vagos en una red de información.


-¿Andas con los free pass que te pasó el Simón? Preguntó el Flaco mientras cerraba el auto.


- Eso da lo mismo, es cosa de decir que lo conocemos y listo. Respondí.


Cruzamos la calle y llegamos a la entrada.

Un gorila de dos metros que hacía de guardia custodiaba la puerta. Usaba una polera apretada y sus músculos parecían estar inflados con helio. De su oreja colgaba unos audífonos por los que recibía órdenes en código. Si tuviese que pelear con alguien, definitivamente no sería con él, parece sacado de la lucha libre, al puro estilo todo vale.

23 enero 2007

Segunda parte







Sábado por la noche, las luces iluminan Santiago. Desde acá arriba todo se ve tan pequeño, puros puntitos de distintos colores, los autos se pasean de un lado a otro y se pierden por las calles más pequeñas. Parecen venas por donde circula sangre, nosotros tan solo somos simples microbios de esta ciudad. Las máquinas de metal, las micros, gritan, rugen y aceleran el paso. Santiago pareciera que tuviera vida propia, que respirara.


En este mirador todo se ve tan indefenso, tan frágil. Es rico estar acá arriba, es como sentirse dueño del mundo. Soy el marqués de Santiago, es mi territorio, soy invencible.


A mis espaldas estaba el Flaco Quezada junto con el Negro Arregui. Escuchaban música del auto y se tomaban unas piscolas mezcladas en una botella de Coca – Cola. Sonaba un blues de Jimmy Hendrix. Cantaba con su voz particular, definitivamente era mejor para la guitarra. Well, she's walking through the cloud, with a circus mind that's running wild. Se podía sentir a través de los parlantes de la radio.



- Este loco la lleva. Comentó el Negro Arregui.



- La llevaba huevón, está bien muerto, como casi todas las estrellas de los años sesenta y setenta. Respondí.



-Me quedo con la Janis Joplin, cantaba como negra, se empelotaba y además tocó en el Woodstock. Volada como nadie, parecía estupida como se movía, pero lo hacía bien. Agregó el Flaco Quezada.



- También está muerta, como lo está Kurt Cobain, John Bonham, John Lennon, Jim Morrison y puedo seguir hasta que me aburra. Respondí.



-Cuál es tu manía por arreglar todo, si sabemos que está muerta y todos ellos también. Además Cobain es Grunge y es de los noventas, nada que ver con la conversación. Respondió el Flaco.



El Flaco es de esos tipos que están todo el día tocando guitarra, pasa sacando canciones antiguas y todavía no consigue una banda para poder tocarlas. Sus viejos siempre le prestan el auto y como nos conocemos desde niños - de cuando íbamos al colegio, igual que con el Negro – nos tienen confianza, por eso siempre lo dejan salir con nosotros. Tiene la espalda llena de tatuajes y su mamá no sabe que los tiene. Hace un par de meses atrás se hizo un Bob el constructor en la pantorrilla, ese monito que sale en la televisión. Estaba curado y le pidió a un amigo que se lo hiciera. A veces, cuando anda con shorts, se puede ver a Bob moviendo la pala de arriba para abajo, cada vez que el Flaco aprieta el músculo cuando pisa.



Pololea hace como tres años con la misma mina, según él fue amor a primera vista. No creo que eso exista. No puedes conocer el amor si no has visto realmente como es la persona por dentro, esa frase es un cliché antiguo, típico de enamorados.



… It's alright, she says it's alright,take anything you want from me, anything. Fly on little wing.



La canción de Hendrix terminaba y eso era señal de que debíamos partir. El Flaco prendió los motores y echó el auto a andar. Nos subimos todos adentro y volví a mezclar el pisco con la Coca – Cola en la botella. Me sirvo un par de tragos. Este me quedó cabezón.



Íbamos cuesta abajo y por detrás nos pasó un Peugeot 306 azul marino. Adentro de él habían cuatro minas estupendas, todas vestidas de la misma manera, escuchando a Shakira a todo volumen. El Flaco aceleró y quedaron los dos autos a la par, el Negro les tiraba besos y ellas respondían con sonrisas. Semáforo. Rojo.



- ¡Somos las reinas de la noche! Gritaban.



- ¡Son unas maracas! Respondió el Negro muerto de la risa.



- ¡Y tú lo tení chico! Respondieron en conjunto las mujeres.



Risas en general.

El Negro se puso morado de la vergüenza.



El Negro nunca ha tenido polola, puras amigas con ventaja. Dice que se ha acostado con más mujeres que Hugh Hefner. La verdad es que nadie le cree, el negro no salva a nadie conquistando al sexo opuesto. Llega a las fiestas y lo único que habla es del fútbol, de la liga que juega los viernes en la noche después de las clases en la Universidad, del Heavy Metal y su fanatismo por Ozzy Osborne, de la uñeta que le regaló Zack Wilde, el guitarrista de Ozzy y nada más. Siempre anda con una mochila en la que guarda cds pirateados de sus grupos, por lo general nadie conoce lo que escucha y se cree la raja por andar vestido de negro cuando hacen treinta grados de calor en el verano. Pasa metido en las tocatas de metal y siempre llega con un moretón nuevo que se gana en los slam que se arman cerca del escenario. Es conocido en el circuito de las bandas underground y siempre tiene algo que hacer en algún bar de Santiago Centro, lo han echado tres veces de la Batuta en Ñuñoa por agarrarse con los guardias. Su vida gira en torno a la música.



Luz verde. El Flaco pone el pie en el acelerador a fondo, las mujeres del Peugeot se quedan atrás. Vamos a cien kilómetros por hora, ciento veinte, ciento treinta, el auto empieza a temblar, el manubrio tirita.



-¿Han pensado alguna vez en el destino? Pregunta el Flaco.



-No me lo he preguntado nunca, ¿pero a que viene el tema? Respondí.



- ¿Estaremos destinados a morir hoy, esta noche? Respondió con las manos al volante, mirando fijamente al horizonte. Las luces a los costados eran como luciérnagas que pasaban rápido, como una foto con las luces todas corridas.



El negro ahora tomaba de la botella y prendía un cigarro. De su mochila sacó un casette y de la radio comenzó a sonar Steel Dragon, una banda ficticia que sonaba en una película del año 2000, Rockstar. Por ese entonces todos soñábamos con tener una banda y esta película hablaba de eso, de la vida desenfrenada de los músicos y como cumplían sus sueños. Tenían todo, mujeres, drogas y lo mejor, Rock. Después de esa película, formamos una banda que duró todo el tiempo que estudiamos en la media del colegio. Nos graduamos y nos cortamos el pelo, dejamos las guitarras y las baquetas por los libros. El sueño de ser una estrella de rock lo cambiamos por ser profesionales y por ganar plata haciendo otra cosa.



Los riffs de las guitarras quebraban el silencio de la noche, la música adentro del auto estaba por hacer explotar los vidrios.



A runaway was found today/ Dyin' in the alley /He didn't have a name, a number or a home /They found him cold as ice /He was feelin' no pain.

La voz de Jeffry Scott Soto, el vocalista de la banda, era única, sus gritos altos y su voz áspera, como si hubiese estado fumado desde los trece años eran imparables.



-¡We are more wasted generation! Gritábamos dentro del auto.



El Negro estaba callado, dándole grandes caladas al cigarrillo, sólo se dedicaba a tener la cabeza fuera del auto, sintiendo como el viento le golpeaba fuerte en la cara.



-¿Y si está escrito que hoy tenemos que morir? Seguía el Flaco.



-Eso no lo puedes saber. Respondí.



-¿A no?



Aceleró aún más. Pasamos un semáforo en rojo, luego otro. Después se detuvo en el próximo, los pitazos de los autos se podían sentir a lo lejos.



-Parece que esta no es la noche en que el destino nos jugará una mala pasada. Habló el Negro casi transpirando de los nervios.



- Díganme Eliseo, Eliseo Salazar. Sonreía el Flaco por su proeza.



-Buena po Elifeo. Respondí en tono de burla.



Después de eso, se ganó una golpiza de parte del negro, estaba casi llorando por el susto que había pasado. Yo no sentía nada, estaba ido, me sentía aún más el dueño del mundo. Desafiamos al destino y le habíamos ganado.

17 enero 2007

Primera Parte

"Si estoy demasiado asustado para usar mis poderes,
entonces no me los merezco" ~ Hiro Nakamura


Domingo por la mañana y el sol me llega en plena cara, olvidé cerrar las cortinas la noche anterior. Me queman los ojos, me arden. El olor en mi pieza es putrefacto, olor a encierro y a licor fermentado. Tengo la boca seca y áspera, la sed me va a obligar a levantarme al baño.

Me siento en la cama y un indio me clava un hacha en plena cabeza. La siento partida por la mitad, como las sandias en el verano, en las ferias, con toda su pulpa roja al sol, calentándose, llena de avispas y moscas.
Lo mío es lo mismo, pero la pulpa de mi cerebro va a salir en cualquier momento por las cuencas de mis ojos. Está todo que explota por acá adentro.

Camino al baño y la casa está en completo silencio, mis padres y mis hermanos debieron haber salido a comprar algo para el almuerzo. Me tambaleo un poco, aún estoy mareado y el alcohol no se diluye en la sangre por completo. Abro la puerta del baño y ahí está fresquito, es increíble como las cerámicas conservan el frío. Hoy por lo visto el espejo no será mi amigo, no me reconozco, siento toda la mandíbula dormida, sonrío y me pego cachetadas. No siento nada. Me pego un combo y ese lo siento, no estoy tan mal después de todo. Echo a correr la llave del lavamanos y pongo mi cabeza al lado del chorro de agua, me relaja. Tomo agua, litros y litros y siento como va corriendo por mi pecho hasta caer como una bomba por mi estomago vacío. No se me quita el dolor de cabeza.

Simón una vez me dijo que la solución para la resaca era tomarse una chela por la mañana y santo remedio, sigues como si no hubiese pasado nada todo el día. Simón es de esas personas que saben de lo que hablan, es Dj de una de las Discotheque más top de Santiago. Está todo el día con unos audífonos pegados a las orejas, son gigantes, parecen dos entre paréntesis en cada lado. Usa poleras y camisas apretadas, medias transparentes y no suelta el agua mineral.

Se la pasa todo el día escuchando Techno, House y Acid músic, las dos últimas no sé que mierda son, pero dice que en Europa es lo que está pegando. Simón se fue a España el año pasado y llegó con toda la onda electrónica, se cree la raja porque estuvo allá. Yo pienso que es un imbécil. España está llena de chilenos y esos aires intelectuales con los que llegó me apestan, no por irse a la madre patria va a ser más inteligente, la única diferencia es que habla con zetas y escucha música como enfermo.

Me dijo que el carrete allá no se compara con el de acá, en Ibiza que es una ciudad muy cool de España, está llena de turistas de todo el mundo y que la mayoría se mueren por conocer latinos y que hay un montón de lugares donde tocan la música que él pone en los carretes. Según él, se hizo amigo de un ingles que era uno de los más famosos Djs de allá y lo dejo pinchar discos en el último día de su estadía en España. También dijo que se había pescado a muchas extranjeras por su acento y su pinta latina. Según yo, estuvo sentado todos los días de las fiestas, fumándose un pito. Eso sí, es enfermo de marihuanero, no sé como mierda pudo pasar tanta droga por la aduana, trajo una cuestión que se llama Skank - directa de Holanda- me dijo cuando la prendía, la probé y quedé como tonto, me había subido a un carrusel dentro de mi cabeza, me dio todo vueltas, pero eran vueltas ricas, como si estuviera subiendo al cielo. A las horas uno vuelve a la normalidad y da mucha hambre, ese es el problema, después no se quita con nada, el hambre no se quita nunca.

No le creo eso de haberse pescado a las minas, es rubio y de ojos azules, más blanco que una pantruca, no tiene por ningún lado el latino.

Simón es un chanta, además ahora le dio con ponerse piercing y hacerse expansiones, dice que es lo más top acá en Chile. Creo que es una tontera, todo el mundo anda con esos aros. Ahora todo es igual, desde la manera de vestirse hasta la música que se escucha, la gran masa juvenil es una mezcla de tres estilos y se mezclan, están los que escuchan reggaeton, que se visten casi igual que los hip-hoperos y los hardcores que se visten casi igual que los otros dos, pero con pinches y zapatillas de skates, se mezclan porque escuchan lo mismo de un grupo y otro. Un bodrio.


Me volví a mirar al espejo y tenía la cara deslavada, me la mojé un poco y nada, seguía con el mismo rostro de encañado. Las tripas me sonaban pidiéndome algo para comer.

Bajé a la cocina y abrí el refrigerador, estaba lleno de cosas para preparar, una mierda, si lo que quiero es comer altiro, puras cosas inservibles en estos momentos. Al fondo veo un pollo de la cena de anoche, lo saco y me lo como con las manos, adiós tenedores y cuchillos. Abro el friser y hay una cerveza helada, la lata de Heinekken me está esperando. Me acordé de las palabras de Simón y me la tomaré al seco.
Se me está revolviendo el estomago. Corro al baño. Vomito.
Vuelvo a la cocina y me preparo un café. Al seco de nuevo. Vomito otra vez.

-Maldita noche, juro que nunca más, nunca más. Pensé.

11 enero 2007

un cuento para los chicos que dieron la PSU el año pasado. Hay harta realidad, espero que se identifiquen.



Domingo:

No se por qué pero este día tiene la característica de ser triste, como un primero de Enero en donde todo el mundo se abraza a las 12:00 y juegan a destruir sus vidas para empezar un año “renovado”.
Hoy no es primero de enero, pero es domingo y eso es suficiente para que toda la nostalgia se acapare y me haga sentir mal.

He tratado todo el día de no pensar mucho y ahora, a las 10 de la noche, vuelvo a la rutina en la casa de un desconocido, amigo de un ex compañero. Veo caras conocidas y comprendo que hemos madurado un poco. La prueba que dimos hace cuatro días atrás pareciera habernos hecho madurar.
El tema aquí es bastante recurrente y poco original: “¿como te fue? O ¿Qué querí estudiar?”. Supongo que no quiero pensar mucho en eso, tampoco imaginarme de lo que será mi futuro, por ahora no.

Ya es bastante tarde y nos terminaron echando a todos de la casa donde estábamos por bulliciosos. Al lado mío está Patricio, un buen amigo que siempre está con su silencio apoyándome, creo que esa es su mejor arma.
Camino un poco más y me dan unas inmensas ganas de ir al baño y como en la calle no hay baños públicos, terminé meando en la fachada de una casa. Estaba bastante mareado como para pensar en esconderme detrás de un arbolito y hacer ahí todas mis necesidades. La casa era bonita, igual a la mía, idéntica a todas las casas de este barrio. Tenía todas sus luces apagadas y me hacia suponer que no había nadie. Patricio estaba un poco más lejos haciéndome señas que yo no entendía y tampoco le daba mucha importancia.
Para mi sorpresa llega el dueño de la casa, imponente sobre su auto, iluminándome la espalda y parte de mi cara.

-Que te pasa huevon, que te vení a mear en mi casa. Me dice sobre su auto, que ahora me había dado cuenta que era un yaris gris del año.

-Puta disculpa, pero no me di cuenta. Respondí

Trato de buscar a Patricio para que me ayude a salir de aquí, pero él ya estaba corriendo hace rato calle abajo. Sabía que estábamos en problemas y el Pato no me quiso ayudar, con su silenciosa presencia.

-Señor, sabe, me tengo que ir. Le digo en el tono mas infantil posible, hasta mi me parece algo absurdo.

-Tú pendejo no te vas para ningún lado, voy a llamar a los pacos.

Escuche la palabra pacos y tan solo atiné a correr. Supongo que di un poco de respeto, porque el caballero del auto ni se bajó para perseguirme. Corrí calle abajo y quizás un poco más, corrí como nunca antes lo había hecho, con miedo y rabia, rabia por encontrarme siempre solo cuando necesito a alguien. Alguien me grita entre unas ramas y la oscuridad de los árboles. Era Patricio.

-Oye maricon, porque no me avisaste.
- Puta huevon y que querías que hiciera, ¿que te gritara acaso?

-Mínimo po pelota, ahora seguramente el viejo llamó a los pacos y me tienen que andar buscando.

-Relájate, si no es para tanto.

Patricio siempre me pide que me relaje, Será porque nunca se mete en problemas y tampoco ayuda mucho cuando yo los tengo. Ahora me cuestiono si realmente vale la pena tener a alguien así como amigo, bueno lo conozco desde que entré al colegio y mi mamá lo odia, porque lo encuentra muy vago. Yo también tengo algo de vago en este momento, no sé como me habrá ido en la maldita prueba y tampoco quiero pensar en lo que venga después. No soy ni estudiante ni nada. Ahora me siento como una carga para el país y para esta sociedad.
El Pato no se preocupa nunca de nada, me ha dicho que quiere vivir con sus padres hasta los 35 y yo lo encuentro de lo más poco normal. Tampoco sabe que quiere estudiar, así que no sé que hará este otro año, supongo que seguir fumando marihuana con el bong que compramos en la gira a brasil o pasarse toda una semana en mi casa, sin impórtale que yo este. El siempre es el remplazo cuando yo no estoy, aunque mi mamá lo odie, le tiene cierto cariño. Total igual es mi amigo.

-Mira ahí va el auto del viejo. Me dice apuntando el yaris gris.

-Ya, mejor ándate a tú casa. Porque hoy no pienso prestarte mi cama para que duermas, llevas un mes aquí.

-Será po. Y se fue corriendo, como lo hace él. Todo deforme.

No me había dado cuenta, pero seguramente por instinto, había llegado a mi casa. Así que entre los más callado posible para no despertar a nadie.
Entro a mi pieza y veo un bolso sobre mi cama que me recuerda que mañana me voy a la playa con mis ex compañeros.
Abro los cajones y no hay ropa, tenía que plancharla. Veo la cómoda y me doy cuenta que tampoco tenía plata. Así que voy a tener que levantarme temprano para recordarle a mi mamá que mañana me voy.
Son las 4 de la madrugada, el tiempo pasa rápido cuando uno anda haciendo estupideces, y saco la plancha, la enchufo y me quemo la mano con la lata que deja la ropa estirada.
Las cosas no me pueden seguir saliendo mal, ha sido el peor domingo de todos.

Escrito el domingo 23 de diciembre del 2005

09 enero 2007

Llegué. La playa no fue igual que antes, nunca es igual. Pero esta vez fue todo distinto. Muchos juegos, pocas conversaciones, faltó hablar. Me vine, no quería pasar otra noche jugando cacho o tomando. Quería hablar, no se pudo. Fue distinto.

Pero a pesar de cruzar pocas palabras con mis amigos, los últimos cinco días que estuve lo pasé muy bien, converse como nunca antes lo había hecho, me reí, fui feliz.

Me luxé la nariz, tengo que verme un doctor, estoy preocupado, no pude arreglármela más y tú tampoco pudiste hacerlo y si hubieses podido, me daba miedo.

Te fuiste y quedé incompleto, me quedé callado, no había con quien hablar, te extrañaba.

No aguanté y me vine a Santiago, mi casa estaba vacía, me sentí solo, seguía sin hablar, extrañando. Contigo las cosas son distintas, de otro color.
Te echo de menos.

17 diciembre 2006

Charquicán 2.0
Cuándo será el día en que puedas olvidar, borrar el rastro hacía atrás. Dejar de lado las personas, las caras y las situaciones y empezar todo de nuevo. Se puede, supongo, siento que en gran parte lo he hecho.

Se acerca otra Navidad y año nuevo. Todo el mundo se pone feliz en estas fechas, a mi me pasa el efecto contrario. Me amargo, me silencio, me dan ganas de entrar a la pieza –cualquiera que sea, la de la casa de turno – y llevarme las manos a la cara y ponerme a llorar. Pero me aguanto, eso es bueno. Sonrío, pero la verdad es que no tengo ningunas ganas de hacerlo. Cuando niño me preguntaban, ¿qué te pasa? Con caras de weones todos, como pensando “puta el pendejo mal agradecido, le dan regalos y no se pone feliz”.
Me carga que me pregunten weas a las que ni siquiera encuentran respuestas.

He tenido sueños desagradables. Hace tiempo se repiten y la situación es la misma.

No estoy en Santiago, es en una parcela. Estoy con mi familia y entran dos tipos extraños, uno saca fotos, el otro discute. Gritos, me abalanzo al que tiene la cámara, se la rompo y comenzamos a pelear. Lo golpeo, tomo su cabeza y la azoto al suelo. De pronto se siente que algo cruje, el maicillo blanco se tiñe de un color rojo. El tipo no reacciona.

Al otro lado, con un palo golpean a un familiar, cae a piso inconciente. El extraño arranca, lo esperan afuera en un auto. Miro a mi pariente, hiervo en sangre, la tristeza me desespera. Tomo un auto –no sé manejar – y voy a buscar al tipo a una población, está llena de conventillos y lugares desagradables. Pobreza, hacinamiento, como los angostos pasillos de San Diego, los que más de una vez tuve que entrar para buscar a alguien.

Hablo con una mujer, tiene la cabeza tapada con un pañuelo, lava ropa en agua sucia. No me bajo del auto, me mira y apunta una ventana de un segundo piso. Alguien me acompaña, va de copiloto, es mujer. Me bajo y abro la puerta de la casa, reviso mi bolsillo y hay un revolver. Lo miro y cuento las balas, tengo miedo, mucho miedo….

Después despierto con angustia y no puedo dormir. Tengo que ir a esa parcela, algo me está llamando desde el inconciente.

El pasado me persigue de cierta manera, pero me arranco fácil, no lo dejo entrar.

De lo que escribo, ¿Qué es ficción o realidad? ¿Me lo habrán contado o lo inventé?
Tengan la seguridad que hay de las dos, se mezclan y me meto adentro de lo que invento, a veces escribo algo y luego pasa. No igual, pero se vuelve realidad. En un par de ocasiones me he dado cuenta de que sucedió algo similar.
A veces escribo algo y me meto adentro, evoco tristeza, alegría, amor, según sea la situación. A veces escribo algo y me meto adentro, después no puedo salir.

¿Qué diferencia hay entre la ficción y la realidad? ¿MI ficción y mi realidad?, tú ficción y tu realidad.

La ficción se acepta tal cual es, si escribo un libro sobre detectives, no se pondrá en duda que mi personaje, un joven estudiante de colegio, tome el revolver de su padre y vaya y mate al hombre que planea una conspiración al país. El lector no piensa que es fantástico, sino que acepta esa realidad.

Ahora, la realidad se pone en duda. Si yo le cuento a alguien que mi mejor amigo mató al tipo que planeaba una conspiración al país. Nadie me va a creer, de hecho terminaría como un chanta.

¿Qué es realidad, qué es ficción? Donde está el límite en creer. ¿Y si todos podemos volar y nadie lo ha descubierto?

¿Qué hay de ficción en nuestras vidas?, ¿cuánto es realidad?
¿Dónde está el límite entre lo cuerdo y lo lunatico? ¿Y si confundo las cosas, la realidad y la ficción? ¿Me estaré volviendo loco?
¿Qué es realidad y que es ficción cuando escribo?

13 diciembre 2006

Recuerdo


El pisco con la coca-cola estaba calentándose sobre el televisor y yo estaba acostado en mi cama desestresándome del año universitario. Cambiaba el televisor con la punta del dedo gordo del pie. El control se había roto en uno de las innumerables caídas que sufría cuando alguien se acostaba y el colchón hacía de resorte. De la cama al suelo y ¡Paf! Todo en trocitos, no fue muy estruendoso el golpe, pero lamentablemente desde ese día, perdía toda la comodidad de no moverme cuando tenga que cambiar de canal.

Había pensado en escribirle una poesía al pobre control, realmente me había acostumbrado y enamorado al confort de no hacer nada cuando me acostaba en mi cama. Donde el único movimiento necesario era el dedo índice para cambiar los canales y el brazo izquierdo para tomarme alguna cerveza o comida prefabricadas que están siempre en el congelador.

En el invierno es terrible, cuando hace mucho frío da una lata atroz tener que levantarme a mover las perillas de mi viejo televisor. Un Technics del 76 que lo había comprado mi abuelo para una navidad y que luego se lo había regalado a mi padre cuando cumplió la mayoría de edad. El problema era que esos televisores estaban muy pasados de moda para los años 80, pero mi padre no se podía deshacer del único regalo que le había hecho su padre. Un vieja caja era lo que unía la relación de padre e hijo. Nunca se hablaron más de lo estrictamente necesario. Cuando más chico le preguntaba por mi abuelo, sus facciones ni se inmutaban en los recuerdos, era siempre el mismo. Más tarde comprendería que aquellas cicatrices que llevaba en la espalda, no eran por los juegos de niño. Sino por las correas de un adulto. Mi abuelo le arrebató la infancia de un sólo golpe y su tristeza se embozaba en su dureza al tratarme.

El agredido después se transformó en agresor, pero no de golpes sino que con su estricta manera de tratarme, con su crianza prusiana y su constante manía por corregirme todo. No lo culpo, por lo menos tenía a mi madre con la cual podía arrebujarme a su alrededor, esconderme entre sus brazos.
Después conocí el amor y el romance hacía que cayera en un hipnotismo letal. A veces sentía que de tanto entregar me iba a quedar vacío. Terminé quedando vacío y me desecharon, como quien bota un papel a la basura.

Tampoco la culpo a ella, fue culpa mía, mis inseguridades, mi idea de que todo es efímero, de que todo dura un día y luego se acaba. Esas ganas de sentirme muerto a la mitad de la noche, hicieron que todo acabara con ella. Asimismo quedaba hecho un alma en pena, sin nada. Pero eso que dicen que uno se recupera, es cierto, al final todo se olvida y se borra y vuelve a crecer. Como cuando cortan trigo en el campo, al termino del verano va a volver a crecer y nadie le importa mucho que no lo haga, al final siempre sale.

Ahora la pantalla del televisor tira esos puntitos blancos con negros, como hormiguitas dentro de aquella caja. He pensado varias veces en botarlo, pero aquel Technics del 76 tiene más historias que cualquier telenovela que haya proyectado, historias reales, sin actores, con sangre y llantos de verdad.

04 diciembre 2006

Rico el País

No me gusta hablar de política, tampoco de religión, eso no significa que tenga opinión al respecto. Simplemente lo evito, a veces porque lo encuentro una discusión absurda, circular. Hoy estuve en la Democracia Cristiana, también en la municipalidad de Santiago. No sé si dentro de los partidos harán cursos para hablar bien, pero todos lo hacen, algunos más que otros evidentemente, pero todos saben como atraer gente.

Los hechos recientes no me dejan al margen. Creo que ninguna persona puede quedar exenta de lo que está ocurriendo en el país. La delincuencia, la corrupción, los problemas diplomáticos, son cosas que pasan todos los días en el país, cosas que se acrecientan y que los medios lo dejan fuera de la agenda periodística. Esto tampoco es una critica a los medios, pero si bien es cierto manipulan un poco lo que la gente piensa.
Hay cosas que están pasando y no las publican, hay cosas de las cuales nunca tienen cobertura, en cambio hacen a la gente pensar otras tonteras. Mientras los diarios y la prensa en general están cubriendo lo que le ocurre a Pinochet en el Hospital Militar, un país entero está siendo asaltado.

¿Sabían que ahora surgió un nuevo plan anti delincuencia? ¿y toda la parafernalia de Lagos con el tema de comunas seguras se fue a la mierda?

Hay logros evidentemente, pero también hay fracasos, se perdieron más de 10 mil millones de pesos en 4 mil proyectos dedicados a las 70 comunas de la Región Metropolitana. Cuatro mil millones se perdieron en distintas regiones conflictivas como Valparaíso y Rancagua.

Se perdió plata de los chilenos, en cosas que jamás se vieron. Por ejemplo, Puente Alto tiene un carabinero por dos mil personas. Y eso que estamos hablando de la comuna más poblada de Santiago que además es un punto conflictivo a nivel delictual.

En vez de gastar tanto dinero en cambiar las comunas y poner más carabineros, deberían hacer más escuelas, mejorar la educación, dar más posibilidades de trabajo, subir los sueldos, dejar la discriminación a un lado. El problema no es de la gente, es del estado quien esteriotipa al delincuente, ¿por qué un criminal tiene que ser moreno, usar los pantalones abajo y hablar mal? ¿Y si a esa persona no se le dio la educación en los colegio públicos o no le enseñaron a hablar bien?

La solución evidentemente está en la juventud, los niños tienen que ser rescatados de esos lugares de condiciones precarias, darles oportunidades, facilidades para ser personas de bien. Se esteriotipan poblaciones enteras por su marginalidad pero estoy seguro que hay mucha gente que trabaja más de doce horas para llegar con pan a la caza y poder ver a sus hijos durmiendo, por que el tiempo ni siquiera les alcanza para hablar con ellos. Ahí está el problema, son esos niños que pasan solos, ven en las calles como se drogan, como consiguen armas y son llevados lentamente a la delincuencia. El futuro está en los niños Presidenta Bachelet, tal como dijo Benedetti, “Abrid más escuelas y se cerraran cárceles”. Démosles oportunidades, a ellos, a lo jóvenes cesantes que no pueden encontrar trabajo por su inexperiencia laboral. La mayoría de los cesantes son jóvenes sin trabajo, recién salidos de la Universidad. No les cortemos las alas antes de tiempo, dejémosles hacer cosas nuevas, cambiemos el país, reconciliémonos.

Por estos días el país pudo ver como la gente salía a apoyar al ex general Augusto Pinochet. Algunos los valoro como alcalde Labbe, el diputado Moreira y a la Patty Maldonado. Son personas consecuentes con su pensamiento, han seguido con el hasta en las últimas. Pero y todas las otras personas que estaban ahí, supongo que la mayoría apareció para darle fuerzas, esas personas que estaban escondidas y de un día para otro aparecieron fervorosamente apoyando a “Su general”. No deseo su muerte, algunos dicen que esto es otro tongo más del ex presidente. Hoy, lunes 4 de diciembre, se iba a decretar la sentencia de si salía libre o seguía recluso. A mi parecer, es otra jugarreta política, una más de las que está acostumbrado a hacer.

Otro punto que quería destacar es acerca de Ivan Moreria, diputado UDI, no es rabia lo que tengo, sí quizás sí. No puedo creer que quieras hacer una estatua de “tu general”. Hombre, sellemos las heridas del pasado, lo único que hace tú política es separar la brecha, abrir más la grieta, gente como tu no debería estar en partidos políticos.

Ya, que pasaría si el gobierno te hace feliz y te manda a hacer una estatua que, espero pagues tú junto con todos tus fanáticos ultra derecha de Pinochet. ¿Has pensado que no duraría nada en la calle?, que la gente la destruiría en cualquier marcha o protesta. Ahora, dijiste hace un tiempo atrás que los delincuentes votaron por Ricardo Lagos. Por favor, dos dedos de frente antes de decir eso. ¿Tanto te duele la democracia?

Estoy en un país democrático, donde las cosas se están haciendo mal hace rato, no me gusta hablar de política, menos en este medio, pero quería hacer sentir mi descontento con los dos bandos correspondientes. Sí se notó cargado para un lado, disculpen, pero son las cosas que están ahí, en la palestra y no se pueden pasar en alto.



30 noviembre 2006

Simon


Simon ha cambiado, hace tiempo que no escribía algo de él - Ahora tampoco lo haré -. Pero a los que les gustaban sus historias, este chico ha encontrado un lugar. Será la segunda parte de una novela corta que pienso escribir, tal vez sea más corta de lo que pretendo. Pero ya descubrí la tecnica de la constancia para poder escribir harto. No llevo más de 2o paginas a computador, pero espero llegar a las 100 para quedarme tranquilo.

La primera parte de la novelita, la estoy aún haciendo, pocos la han leido y algunos la han encontrado interesante. Más que grandes pensamientos, espero que sea entretenida. Que fome leer un libro aburrido.
Cuando la termine, aunque esté sin editar, al que quiera se la mando. Espero tenerla lista a fines de Enero.

Ojala no haya sonado sobervia esta wea, pero quería contar e, por qué no subo ninguna mierda al blog.

15 noviembre 2006

Leame en Paniko. Esta actualizacion quedó pero de pelos. Si usted creía que sólo Warhol hacía popart pues se equivocó, esta revista electronica va a la vanguardia.
El negocio de las armerías:

Falta de legislación en la venta de armas blancas

Para comprar un cuchillo o una espada samurai, solamente hay que tener el dinero necesario para adquirirlo. En la actualidad, no existe ningún mecanismo que regule la venta a menores de edad y al público en general. Siendo que el porcentaje de asaltos es de un 58% con armas blancas, sobre un 24% de las de fuego.

Por Sebastián Fuentes.


La música sonaba fuerte la noche del 8 de septiembre de 2004. Ignacio Carrasco, celebraba su cumpleaños numero dieciséis en su casa ubicada en el paradero 18 de Av. La Florida. Se encontraban todos sus amigos y familiares cercanos, era un asado con los “precisos”, como suele decir.

De pronto, el timbre sonó, y Nacho -como le dicen sus amigos-, salió a ver quien era. Un grupo de siete personas quería entrar a la fiesta, Carrasco conocía a unos pocos, los había visto en una botillería cercana a su casa, pero sólo de vista, nada más.

Les dijo que no se podía, que era algo para gente conocida y cerró el portón. En el momento en que se iba devolviendo, una bolsa con orina cayó sobre el cobertizo. El líquido se escurría lentamente y los que estaban dentro de la fiesta se percataron de lo ocurrido. Salieron todos en masa, comenzaron a pedirles al grupo que se fueran. No habían respuestas.

Un puñetazo se escapó entre el forcejeo, y eso gatillo a que la pelea comenzara.

Entre tanto bullicio apareció el papá de Nacho, Ignacio Carrasco, de 45 años. Un empresario del rubro automotriz que padece de problemas al corazón, una serie de pre-infartos lo tenían por aquellos días de cuidado. El hombre, se metió en la pelea para separar a su hijo y a sus amigos del conflicto.

Un botellazo le llegó en la espalda y del suelo recogió un fierro con el que golpeó al agresor. Se alejaron un poco y en fracción de segundos, el chico con el que se estaba enfrentando, sacó de su chaqueta un cuchillo con el que hirió a Carrasco en el brazo. Este último, cayó al suelo en un mar de sangre, las pastillas que tomaba para el corazón impedían que la herida coagulara.

El grupo de jóvenes había arrancado. El padre de Ignacio, se vendaba la herida para irse a la clínica. Todos estaban mal, para Nacho, que a su padre lo hubiesen acuchillado en el día de su cumpleaños, era el peor regalo, uno que todavía recuerda.




Las leyes

El mismo año, un mes después, el 5 de octubre. Fue publicada la ley Nº 19.975, que introduce reformas al código penal, detallando delitos y agravantes. Específicamente, trata el tema del uso y porte de armas blancas: cuchillos, navajas y similares.

En la actualidad, el porte de este tipo de armas es considerado un agravante en la perpetración de delitos. Y se puede sancionar con un presidio menor en grado mínimo (541 días) o multas de 1 a 4 UTM a quien tan sólo porte armas cortantes en espacios públicos, como bares, restaurantes, establecimientos educacionales o espectáculos.

Pero los jóvenes y asaltantes, ¿de donde sacan estas armas?

El paseo Bulnes y la Calle San Diego en Santiago, son verdaderos shoppings de las armas blancas. Se pueden encontrar, desde cortaplumas hasta sables o espadas samuráis y los precios pueden variar entre mil a doscientos mil pesos.

Existe una gran cantidad de tiendas, principalmente, dedicadas a la pesca y a deportes que requieren armas de fuego o corto punzantes.

Dentro de la variedad de locales, está CTL Active en paseo Bulnes 277, esta empresa familiar lleva diez años en el comercio de armas. Javier Urcelay, su dueño, cuenta que para vender armas blancas en su tienda, los clientes deben ser mayores de 18 años “No es que esté escrito en la ley, pero para mi es conveniente vendérselas a mayores de edad, puesto que me ha pasado que después de venderle un cuchillo a un joven, llegan los padres pidiendo que les devuelva la plata porque les han pillado las armas en sus casas. Al final paso un mal rato yo, por eso adquirí esta política en el local” señala Urcelay.

No muy lejos, en la tienda Armarquet, ubicada en Bulnes 119. Su dueño, Oscar Gatica, tiene otra mentalidad, no hace diferencia en venderle a un joven y a un adulto “En la ley no está estipulado a quien puedo vender y a quien no. Si trabajara vendiendo autos y un joven menor de edad me quiere comprar dos al contado, obviamente no le voy a pedir el carnet. Aquí es lo mismo, muchos jóvenes vienen y compran varios cuchillos porque me dicen que son de colección, no les puedo negar la venta o los estaría discriminando”

Tanto Urcelay como Gatica, señalan que la ley es débil en ese sentido. Si tuvieran que ponerles numero de serie a las armas blancas como en el caso de las de fuego, ellos lo harían sin ningún problema. No niegan que con la nueva ley, la venta de todo tipo de armamento bajó significativamente y venderle un cuchillo a un menor de edad o a una persona que tiene mal aspecto, queda a criterio del vendedor.

Es preocupante también, que no exista un control efectivo con la venta de armas blancas puesto que cualquier persona las puede adquirir, pero son sancionados el porte de ellas en la vía pública.

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en conjunto con carabineros y los hospitales públicos, elaboraron un porcentaje de los delitos cometidos – que terminaron en muerte- en el año 2003. De la encuesta, salió que el 58% de los homicidios cometidos fueron con armas corto punzantes, en cambio un 24% fueron con armas de fuego.

El sargento de carabineros, José Mora, explica que el porte de armas blancas es ambiguo en la legislación, “un joven de arquitectura que sea registrado por las policías y porte un cuchillo cartonero, va a depender del contexto y la situación de su detención. Por ejemplo, si está en una protesta y anda con ese cuchillo, seguramente carabineros se lo llevará por porte de armas, es distinto si lo registran y explica que va a clases”

Carabineros ha decomisado un gran número de armas blancas. El año 2004, cuando surgió la ley fue un nivel bajo, un 8 % de armas blancas fueron requisadas, éstas eran importadas, lo quiere decir que fueron compradas en armerías. La cifra se eleva aún más cuando se trata de armas “hechizas”, que fue de un 15,6% del total de armas estipuladas en el país.

Hoy en día, Carabineros trabaja en conjunto con otras unidades de seguridad ciudadanas de Santiago, para impedir que el número de armas circulen libremente. En cuanto a las leyes, no se ha hecho nada para cambiar la confusa legislación. “El problema radica en que no se pueden controlar los cuchillos que se hacen en las casas y que caen constantemente en las manos de narcotraficantes o delincuentes. Esto es un comercio que de a poco se ha ido desmantelando, pero que surge nuevamente como la maleza” señala Mora.

02 noviembre 2006

Mira las Flores


El agua del río chocaba con las piedras, sonaba. El viento en la cara y un atardecer perdiéndose entre las nubes, entre los grandes álamos que estaban en dirección a la costa. Todo era color salmón, quizás un poco más claro, morados y celeste, naranjos y amarillos pasteles, los colores eran como en las pinturas, cuando pintan cielos en los cuadros.

Las casas eran de adobe, otras eran más modernas, de madera, y algunas prefabricadas. Estaban construidas de tal manera que se pudieran dejar los caballos en la entrada, eran rectangulares y antiguas, muy antiguas.

El cable no llegaba y menos el Internet. Los huasos ahí sí existían, se levantaban a las seis de la mañana y se acostaban a las diez de la noche, cuando terminaban las noticias en los canales nacionales.

Gente de esfuerzo, de la tierra y sus productos. Dependiendo del sudor y la sangre de sus cuerpos para llevar todos los días algo para comer. No era pobreza, sino que puro esfuerzo, algo que se traspasaba de generación en generación, de tiempos inmemorables, desde que el pueblo aún no existía.

Aún atardecía y nosotros comíamos maravilla a orillas de un canal. Los tenues rayos del sol golpeaban nuestras caras. Su rostro brillaba dorado, sus ojos se iluminaban, como si el sol estuviese ahí dentro. Los perros ladraban a lo lejos y las gallinas estaban ordenando sus pollitos para irse al gallinero. Era el momento en que todos empiezan a guardar sus cosas para irse a sus casas, las palas, el chuzo, el arado. El momento de ducharse y comerse una cazuela bien calentita para el frío y el hambre. Luego de eso, a dormir.

De los techos de las casas salía el humo de las chimeneas, el olor a humedad, a pasto y tierra mojada, a las frutas y verduras en las cosechas. Todo se impregnaba en el aire, se adhería bien a la ropa, como un perfume, pero que dejaba un rico gusto en el paladar.

Ella le sacaba la cáscara a las semillas de maravilla, yo me las comía. A ella no le importaba, no se demoraba nada pelándolas y le gustaba que yo se las sacara.

-En esta parte del canal yo me sentaba y escuchaba música, me gustaba estar aquí.

-Es bonito, pero hay otra música, la del ambiente. La verdad, es que estoy muy relajado. Respondí.

-Que bueno, hacía falta esto, irse por un tiempo de la agitación de Santiago. Me encanta estar acá ¿A ti no? Señalaba ella, completamente concentrada en sacarle las cascaritas a la maravilla.

El sol ya se estaba escondiendo casi en su totalidad y la sombra llegaba a nuestros puestos. Los pantalones los tenía húmedos por la tierra mojada, pero no me importaba. Lo interesante era estar allí, en ese lugar idílico y anacrónico.

-Sí, la verdad es que necesitaba esto, ya no me dan ganas de tirarme al metro. Me faltaban un par de días en la nada. Respondí.

-Pero estás conmigo, no soy nada.

-Sí y eso es lo mejor de todo, el estar contigo. Agregué.

El agua del canal ya no era tan cristalina, la oscuridad la volvía paulatinamente oscura. Los queltehues gritaban sus cantos de irse a casa, el viento helado acompañaban las mismas ganas de las aves. Me sentía tan pequeño, tan sencillo frente a todo esto que no tenía muchas intensiones de volver a la capital. Aquí todo era tranquilidad y esa paz llegaba a mí como un relajante muscular.

- ¿Vamos a la casa? Preguntó ella.

-Vamos. Respondí asintiendo con la cabeza.

De pronto pasamos por un jardín con muchas rosas, eran todas grandes y llenas de pétalos. Dignas de ser admiradas por cualquier transeúnte.

-Mira las flores, son bellas, como todas las cosas de acá.

- Acá las flores son siempre hermosas, debe ser por el agua o el clima. Respondió contenta y preocupada de que no me diera frío – Miraflores – Agregó.

-¿Cómo? Pregunté.

-Miraflores. Sí, así se llama el pueblo.

Luego, tomó mi mano y me llevó por la carretera, hacía la nada, a recorrer la única calle principal, la escuela, la posta, los almacenes. Las flores, la tranquilidad, la sencillez, el viento con su olor rico, el río, su gente, sus cazuelas y pantrucas, las gallinas, los caballos, los colores pasteles del ambiente. Todo esto, en un lugar llamado Miraflores, junto a la muchacha que irradiaba el sol con sus ojos.

29 octubre 2006

Un día de estos voy a saltar a la línea del metro. Es cosa de atreverse, no escuchar la música incidental que ponen y aunque mucha gente no sabe, tiene mensajes subliminales “no te tires, no te tires”. Supongo que debe decir.
Es cosa de seguir las voces de mi cabeza y hacerlo, no pensar mucho dicen algunos, pero no puedo. Al principio era una vocecilla que me hablaba constantemente, la mía. Ahora no es una, sino que son miles. Me dicen que haga cosas, tonteras “toca guitarra, hace esto, estudia, ven a verme, mal amigo, podrías ser así o asá”. La verdad es que a ratos puedo reconocer algunas voces, después son tantas que se vuelven difusas. Porfavor que se callen ¡que se callen! A ratos quiero desenchufarme, dejar de hacer mí día a día una monotonía, yo creo que por eso decidí estudiar periodismo, para no sentarme en un escritorio y ver como pasan los días y me voy poniendo gordo y que el pelo se me fuera cayendo cada vez más. Ahora me gusta, pero porque se puede escribir, no por la calle. Maldito asalto, fucking asalto.

Es cosa de atreverse, me compraré un revolver y mataré a cualquier flayte que pille en la calle, sin discriminar.

Quiero dormir pero no puedo, se me dio vuelta el horario, una amiga dice que es stress, pero no creo que tenga eso. ¿Existirá?

Es cosa de atreverse, de hacer las cosas, pero no hay voluntad, no hay mucha voluntad.
Tengo que dejar de leer, dejar de escribir, dejar de pensar un rato, no quiero subirme a la máquina completamente, no quiero. A veces leo cosas que no debería, que me deprimen.

No quiero ser nadie, me frustraría no cumplir mis sueños y no ser nadie.

Ahí vienen de nuevo, las voces. Creerán que estoy loco, quizás sí, tal vez no. Hace tiempo que no escribía en mí, en Sebastián. Estoy pensando poco en mi y más en el resto, debo pescarme de ves en cuando, pero pasan tantas cosas que es imposible…

No quiero post que digan que te pasa o que se preocupen. Se me va a pasar, y si no, quiero unas vacaciones en tiempo completo. Me faltó el año sabático y el preu después del colegio, me faltó cruzar la frontera y perderme en Argentina y seguir subiendo por los países. Me falta ver y conocer. Quiero dejar de escribir ficción por más realidad. Quiero escribir una huevá decente, algo que me lean muchas personas. Muchísimas. Me falta un tema, algo que me haga hacerlo, me falta la voluntad, atreverme…

27 octubre 2006

Mi alma ardía tanto como lo podía hacer el sol con la tierra. Era un infierno, sí, un infierno de esos que te hacen transpirar hasta los ojos. Me ardían. Calor sofocante. Costaba respirar, tanto como mirar, me ardía todo. Sentía que me quemaba, era el sol, estoy seguro.

Saltamos la pandereta, no sabía qué casas eran, pero estaban nuevas. Recién entregadas, dispuestas a que pequeñas familias burguesas las anidaran. ¡Era perfecto! Un par de movimientos, un salto y otro y listo.

Martín fue primero. Él siempre llevaba la batuta en todo, no sé por qué, pero siempre lo hacía. Mandaba a todos, como si se creyera el dueño de la pandilla.

Rompimos el vidrio, no había nadie, pero estaba toda la casa amoblada. “El televisor primero y los equipos caros” comentó el Rana. Yo tomé un compact disc del comedor. “No seai huevón culiao, esas huevás no sirven” gritó el Corneta.

Corneta era amigo del Rana, se conocieron en la población cuando eran chicos. Jugaban a la pelota juntos, ahí se hicieron amigos inseparables. Amigos desde carretes hasta atracos en pequeños locales. El Rana y el Corneta eran inseparables.

“Conchetumadre, los pacos…Corran los huevones” Gritó uno de los del grupo.

Balazos.

El Rana con el Corneta sacaron los revólveres y el resto con puras hechizas.

Balacera en mala.

Pesqué un bolso y salí corriendo “que se maten los culiaos” pensé. Dentro llevaba unos pendrives, el notebook y un par de relojes y chuchearías.

Salgo por el patio, el Corneta corre detrás de mí. ¡Paf! Balazo. Corneta cae y lo miro, sangraba como condenado “Ayúdame conchetumadre” sollozaba. “Ahora sí que quedaste corneta feo culiao” respondí.

Tomé su revolver y salte la pandereta. Combo en pleno hocico. Los pacos. Conchetumadre, cagué. Mala onda…

23 octubre 2006

Patiperros





Ella bailaba. Él en las alturas disfrutaba del espectáculo. Ella lo miraba de reojo, él sabía que ella lo hacía, pero poco le importaba. Él no quería estar ahí, no disfrutaba de nada. Estaba cansado, se estaba encontrando, mientras más lejos de casa se hallaba, más feliz se sentía, se perdía y no echaba tanto de menos lo que el resto añoraba, la comodidad. Pensó quedarse ahí, cruzar la frontera, seguir viajando, llegar a Argentina y buscar una manera de irse moviendo con poca plata, pero sin mirar atrás, siempre avanzando y una que otra postal en el camino para sus padres. Nadie lo entendía, se sentía solo en sus sueños. Tan solo miraba.

El folklore seguía y la niña que lo miraba sonreía. No se conocían y él no pretendía intentar hacerlo en un principio. Abajo salía olor a mariscos. Se acordó que no había desayunado y que lo último que había comido decentemente había sido una sopa para uno la noche anterior. Sin embargo, se había devorado un completo y tomado una cerveza con su mejor amigo cuando llegaron a Ancud por la mañana, mientras esperaban a los tres compañeros que faltaban. Eso no lo podía saber el resto, pero poco importaba, aún no llegaban.

De pronto algo cambió el esquema, alboroto, guitarras sonando, gritos y chuchás a medio mundo. Se dio vuelta y uno de ellos lo abrazó fuerte, como si no se hubiesen visto hace mucho tiempo. En realidad, se habían separado temprano por la mañana y después de eso, el rato que pasaban en grupo o en parejas haciendo dedo, era un condensado de aventuras para la hora de almuerzo, o la once, o la ocasión que fuera. Era lo único que los hacía diferentes en el día. El rato que hacían dedo era el momento para pensar, para encontrarse, para conversar con la gente que pasaba, con los chóferes que te llevaban, o saber un poco más de tu amigo, que a esas alturas ya se hacían hermanos.

Comenzaron las peleas. Unos querían quedarse un día, otros querían seguir. Él ya se había desconcentrado, ya no la miraba a ella. Quedarse o seguir, le daba igual. Decidieron recorrer el mercado, si había algo interesante, se quedaban un rato más, si no valía la pena, se iban el mismo día.

Él se dio un par de vueltas por la feria artesanal del segundo piso, miraba a los pobres scouts como gastaban su plata en tonteras. Detestaba a los scouts, sentía que hacía lo mismo que ellos, pero con más libertades. Se miró al espejo en uno de los stands, tocó su pelo y pensó que podría aguantar sin bañarse un par de días más. Tomó el olor de sus ropas y estaban pasadas a humo por la fogata del día anterior, a sudor y a mar. Se sentía un poco mendigo. La música sonaba nuevamente, se escuchaba algo más movido, fue a mirar.

Uno de los amigos le comentó que una de esas niñas que bailaba era compañera suya en el colegio. Él veía puras viejas y una que otra mujer un poco más joven, aparte de esa chica que lo miraba sin parar, que por cierto, ya encontraba linda y sentía que irradiaba luz, que se iluminaba en lo que hacía. Aunque a veces sentía que la sonrisa que proyectaba al público era un poco cínica. Él sin duda alguna, no esperaba que fuera ella, nunca le funcionaban las cosas a la primera, nunca nada le resultaba como lo pensaba. Pero no, su amigo la apuntó a ella, él se había equivocado, no le resultó como lo había pensado, pero esta vez era a su favor.

El baile terminaba y las niñas se disponían a partir. El amigo con el resto de la pandilla fueron a saludar. Pero él pensaba y velaba por el interés de todos, la locomoción y una noche gratis para los cinco, les venía de perillas en la fomedad de Chiloé. Se acercó, Marcela dijo, Sebastián respondió. Estaba ella pasada a laca y la cara llena de pintura, pero se veía bien. Sin mucho que decir, tiró toda la parrilla encima, fue directo. Nos puede llevar, fue la pregunta. El ándate a la mierda disimulado fue la respuesta, o sea, un no rotundo.
Después se alejó, andaba apurada. Luego la llamaron y él le dijo que era bonita. Los amigos lo molestaron, él estaba siendo sincero.
Marcela estuvo dándole vueltas un par de horas en la cabeza a Sebastián. A ratos se le olvidaba, pero los amigos al molestarlo, volvía la figura de ella bailando y sonriendo.

Él jamás pensó que la volvería a encontrar en Santiago, jamás pensó que volvería a amar, que perdería los miedos y se lanzaría al vacío nuevamente, como un salto en benji, lo único que tienes seguro es…nada. Un error puede costarte la vida, pero el no sabía que se lanzaría de nuevo. Las cosas aún no se conjugaban, el todavía no se encontraba y de ella…bueno, de ella él no sabía más que su nombre. Marcela.

19 octubre 2006

Todos Juntos

Subir al escenario es como hacer el amor. Al principio, estás lleno de adrenalina, hace algunas cosas de memoria y otras las improvisas – la mayoría se improvisan –. Haces lo que te corresponde, te ríes y lo pasas bien. Pero cuando terminas, quedas con gusto a poco, quieres volver a subirte y darlo todo de nuevo, como en un ring.

Si quiere ver a este humilde servidor, que le escribe líneas para entretenerlo, tocando con su banda de colegio – de cuando estaba ahí – llamada Kgliostro, pinche aquí.

Los que no me conocen, soy el chascon de la batería.

Kgliostro se componía de muchas personas, no quiero dejar a nadie afuera porque hubo mucha rotacion de musicos. en fin Aqui van los nombres

Guitarras: Máximo Quezada.
Nicolas Saez
Bajo: Pablo Lemus
Batería: Sebastián "Trooper" Fuentes.
Voces: Catalina Valenzuela
Eduardo Madrid

12 octubre 2006

Mira niñita
Sacamos la bolsa de mate del morral. Miramos el cielo como si hubiese sido la primera vez. El vaho de nuestra respiración se mezclaba con la brisa húmeda del mar, la tetera avisaba que el agua hervía. Nos confundíamos un poco con la noche, simples siluetas en la inmensidad del rededor.

-Hay veces que las cosas simples parecen tan asombrosas.

- Hay veces que las cosas simples enredan un poco. Respondí

-¿Cómo es eso?

- Claro, la gente se complica dándole explicaciones a lo simple y se deprime. Yo me deprimo, por eso prefiero sólo mirar y no hablar mucho.

-Ya, está listo. Pásame tu taza.

De la casa había sacado el poncho viejo de mi papá. Estaba en el entretecho y ahora me picaba todo el cuerpo, seguramente estaba lleno de pulgas. Le saqué la pipa y el tabaco tostado del velador. Me costaba prenderlo, corría un viento tibio de verano, me gustaba estar ahí, en silencio.

- ¿Por qué te mueves tanto?

- Porque me pica el poncho, debe tener pulgas.

- Sácatelo entonces.

- Si me lo saco me da frío.

- Pero ya no te va a picar más. Respondió.

-Viste que las cosas simples se complican tratando de darles soluciones. Mejor me lo dejo así y no me da frío y no me resfrío.

-Yo creo que el complicado eres tú, perfectamente te puedes acercar más al fuego y se te pasa todo. Así de sencillo, sin tanto atado.

-Mejor escuchemos el silencio y disfruta la noche, no te des tantas vueltas en algo sin sentido. Respondí.

A lo lejos se escuchaban otras voces, cantaban algo de Sui Generis. La mayoría de las personas creen que estar en la playa es como ser hippie. Yo creo que eso tiene más que un par de canciones y un vino entremedio de las fogatas, hay que tener actitud. Conozco poca gente que ya de adultos siguen con el mismo estilo de vida. En isla Negra, mucha gente decidió seguir así, siguiendo otro estilo de vida, ajenos al tiempo, como que siguen un ritmo propio. La luz del día les indica que hacer. Trabajan de lo que sus manos hacen y prefieren estar lejos de la modernidad, odian Santiago, tanto como lo odio yo en estos momentos.

-¿Por qué no vamos con esas personas que están cantando?

- Porque me da lata, ¿no puedes disfrutar el momento? Respondí.

-Pero es que no me hablas. Además, tú mate se está enfriando.

- Pero aprovecha de pensar todas las cosas simples y dales una explicación, después me cuentas como te fue.

-Es que no quiero pensar, después me deprimo.

- A veces no te entiendo.

-A ratos yo tampoco. Respondió.

-Mejor cierra los ojos y escucha el viento, el silencio y tu respiración. Únete con la tierra, disfruta de la soledad de la noche.

Cerramos los ojos, luego todo se cayó. Las voces de los cantantes se dejaron de escuchar, el mate se enfrió y la tierra comenzó a tocar su música, fue tan agradable que nos dejamos llevar y de a poco, la inmensidad nos tragó.